“Me gustaría tener una casa grande y que mi familia no tuviera que
pedir comida ni ropa”, dice Encarni, de 12 años recién cumplidos, a IPS
en la pequeña vivienda que comparte con cinco familiares en un barrio
precario de la sureña ciudad española de Málaga.
De ojos marrones y frente grande, cabello castaño y liso a la altura
de los hombros, Encarni es uno de los rostros de la pobreza infantil en
España donde la tasa ha crecido un 28,5 por ciento desde 2008, según un informe que elFondo para la Infancia de las Naciones Unidas (Unicef) difundió el martes 28. (...)
Casi todos los días a media tarde Encarni acompaña a su madre y a su tía a buscar alimentos a Er Banco Güeno,
un comedor social autogestionado por los vecinos del barrio de La
Palma-Palmilla, que ocupa desde hace dos años el local de una antigua
sede bancaria y brinda las tres comidas a personas necesitadas.
“Trabajé en la construcción hasta el comienzo de la crisis en 2008
cuando me despidieron”, cuenta a IPS el padrastro de la niña, Antonio
Delgado, quien desde entonces no ha vuelto a encontrar empleo y ha hecho
de todo “desde recoger chatarra a vender en mercadillos”.
De rostro enjuto y dentadura maltrecha, Antonio hace pequeños
arreglos que apenas le reportan unos euros diarios, valiéndose de una
máquina soldadora y otra para inflar ruedas, apostadas en el pasillo de
la casa, un piso al que se accede desde la calle y en cuya entrada
cuelgan varias jaulas con pájaros.
Encarni detalla que su madre, Inmaculada Rodríguez, laboró durante un
par de meses cuidando una persona mayor, pero la despidieron. (...)
“Me gusta mucho ir al colegio. Sobre todo hacer gimnasia”, cuenta la
niña con su voz dulce, aunque le entristece sentirse a veces apartada
por sus compañeros, porque “vieron cómo entraba en el comedor social a
pedir comida”. “Pero yo no les hago caso”, agrega con una media sonrisa.
Hace unos días su tía y sus tres primos se trasladaron a otra
vivienda cercana, pero hasta entonces en la casa de Encarni convivían 11
personas, según enumeran cuando comparten su realidad cotidiana con
IPS.
Ella dormía en la cama de arriba de una litera con su prima
Estefanía, un año mayor que ella, y en la de abajo su tía Ana María y su
hijo Juan José, de nueve años. Al lado, en una cuna pasaba las noches
su otro primo, Ismael, de dos años y medio.
La madre de Encarni, su padrastro y otros cuatro familiares se
repartían el resto de las estancias de la casa que cuenta solo con un
baño pequeño al que se llega sorteando un tendedero, donde la ropa
recién lavada se seca al aire de un ventilador cerca de la cocina.
Estefanía e Ismael sufren de epilepsia, cuenta su madre, Ana María,
que está desempleada y muestra a IPS la caja donde guarda varios
medicamentos que deben tomar a diario.
“¿Tu casa es grande?, pregunta Encarni a IPS, mientras acaricia el
lomo de su perro, un cariñoso cachorro de pelo negro al que llaman
Gordo. Y después interroga: “¿de dónde sacan el dinero los ricos?”. (...)
Encarni quiere ser jueza cuando sea mayor, pero por ahora se
conformaría con poder “vestir bien” y poder ir a comprar más al
supermercado.
“Todo lo que está aquí nos lo dieron porque mis padres no tienen
suficiente dinero”, explica señalando la ropa doblada en estantes, los
paquetes de arroz y lentejas en una repisa alta de la habitación y hasta
la mochila que le regaló una vecina para el colegio, donde almuerza
diariamente gratis por la falta de renta familiar.
A Encarni le gusta jugar a saltar el elástico, la comba, balancearse
en los columpios que hay cerca de su casa y que su padrastro le lleve en
la bicicleta.
También comer dulces, cantar y bailar junto a su prima Estefanía, que
este verano disfrutó por primera vez de un baño en el mar pese a vivir a
escasos kilómetros de la playa. “El agua sabía a sal”, rememora la niña
para IPS. (...)
El nuevo estudio de Unicef alerta de que 2,6 millones de niños han
caído en la pobreza a causa de la crisis económica en los países más
prósperos, por lo que el número total de niños pobres en el Norte
industrial se eleva ya a 76,5 millones.
Con el cabello suelto recién peinado, sentada en una cama cerca de
una ventana, mientras la televisión escupe noticias sobre los últimos
escándalos de corrupción en este país, Encarni abraza a su pequeño primo
Ismael, que aprieta un trozo de pan en su mano, y espera que caiga la
noche." (Inés Benítez, Attac Madrid, 12/11/2014)
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