Nazaret, junto a su pareja y sus dos hijas, han ocupado un piso que el Obispado de Córdoba tenía cerrado
"Nazaret y Cristian son dos nombres propios ligados a la
religión católica. Y como si de una premonición se tratara, esta joven
pareja cordobesa ha dado con su vida en la "casa de Dios". Con dos hijas
de 5 y 8 años y los dos en paro, se vieron sin ingresos y tuvieron que
abandonar el piso de alquiler en el que vivían.
Sin un techo y en pleno
invierno, decidieron meterse en una vivienda vacía, vivienda que
pertenece al Obispado de Córdoba y estaba cerrada.
Desde que abandonaron su piso y después de pasar algunas noches
“durmiendo en un sofá” en casa de unos familiares, la pareja estaba
“desesperada” por su situación y no veían el modo de encontrar un lugar
adecuado para vivir con sus hijas.
Pero a finales de noviembre pasado,
un ‘ángel de la guarda’ les comunicó la existencia del piso que el
Obispado tenía sin ocupar, fueron a verlo, “nos lo encontramos con la
puerta abierta y entramos”, asegura Nazaret.
Esta vivienda había sido gestionada por el anterior
párroco del barrio que ejercía en la iglesia de la Virgen de Linares en
el barrio de la Fuensanta y que la dejaba a personas necesitadas que no
tuvieran un techo pero, a su muerte, las llaves pasaron al Obispado de
Córdoba que mantenía el piso cerrado.
“A mí un cura
no me va a dejar en la calle”, dice que pensó Nazaret cuando tomaron la
decisión de entrar en el piso, aunque su marido no estaba del todo
seguro: “Él pensaba que era menos seguro meterse en un piso del obispo
que en uno de un banco”, cuenta.
Y a los pocos días
de entrar, “el 4 de diciembre –recuerda Nazaret con precisión- vino un
señor que no se identificó. Me dijo que si yo sabía que este piso era
del obispo, me pidió el DNI y me dijo que yo había roto la cerradura
para entrar”. Ahí, Nazaret encontró apoyo de una vecina que –cuenta que
en ese momento- certificó que ella no había roto cerradura alguna y que
la puerta estaba abierta cuando ella llegó al piso.
De aquel señor nunca más supo pero, a los pocos días, la
visita llegó de parte de Cáritas. Una asistenta se interesó por el caso
de esta familia: “Yo no vengo a echarte, vengo a ayudarte”, relata
Nazaret que le dijo para abrirle una ficha de atención pero, también, le
explicó que “iba a comunicar mi situación al Obispado”.
Y su situación, ahora, pasa por quedarse en esa vivienda. “Queremos
quedarnos aquí”, señala sobre el barrio en el que sus hijas van al
colegio y donde viven también familiares de la pareja. “No tenemos
problemas con los vecinos, al revés”, explica sobre la ayuda que le han
prestado y el entorno en el que esta familia se ha integrado.
Ahora, su situación económica ha mejorado algo. Cristian trabaja unas
horas al día en una empresa de limpieza por la que cobra 420 euros al
mes y Nazaret ha conseguido una ayuda de 201 euros.
Con esos ingresos
para toda la familia han querido demostrar su buena fe y se han puesto
al corriente de pago del recibo de la comunidad de vecinos, además de
abonar el recibo de la luz que cada mes llega al piso. “Hasta hemos
pagado uno que se debía con retraso y que correspondía a antes de
venirnos aquí a vivir”, argumenta.
“Hemos tenido que llegar a esto y yo lo volvería a hacer. Lo hago por
mis hijas”, dice Nazaret sobre su situación mientras las niñas juegan en
su habitación. “Yo sólo pido ayuda, no me niego a pagar un alquiler en
base a lo poco que ingresamos”, cuenta mientras explica que ahora ella
se hace cargo de ayudar a su abuela ya mayor, que sus padres pasan
también por apuros económicos con un negocio embargado y que su suegra
sólo tiene una pensión mínima. (...)" (Carmen Reina
, eldiario.es, 11/03/2015)

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