"Es sorprendente y preocupante ver el grado de desconocimiento e
ignorancia que el establishment político-mediático de EEUU tiene sobre
lo que ocurre en su propio país.
Era muy fácil ver el nivel de rechazo,
enfado y frustración que la clase trabajadora estadounidense ha ido
acumulando durante estos últimos años, causado por el descenso tan
marcado de su nivel de vida como consecuencia del enorme deterioro del
mercado de trabajo estadounidense, resultado de la aplicación de las
políticas neoliberales llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos
federales, fueran éstos republicanos (Bush padre y Bush hijo) o
demócratas (Clinton, y ahora Obama). (...)
Uno de los elementos que han
influenciado más a la clase trabajadora en EEUU ha sido el
desplazamiento de grandes empresas estadounidenses a países donde los
salarios son mucho más bajos que en EEUU y donde la protección social es
muy limitada o inexistente.
Diariamente, empresas industriales se
desplazan a México y a otros países de América Latina, así como a países
asiáticos, destruyendo empleos en EEUU bien remunerados y estables,
arruinando con ello regiones enteras del país.
No sorprende, pues, el
enorme enfado de las clases populares hacia el Estado federal y hacia el
bipartidismo que lo sostiene, pues ambos partidos -el republicano y el
demócrata (financiados por lo que en EEUU se conoce como “corporate
class”, la clase corporativa, formada por, ni más ni menos, que los
propietarios y gestores de las mayores empresas financieras e
industriales del país, el IBEX-35 de EEUU)-, han facilitado, mediante
exenciones fiscales, entre otras medidas, la exportación de tales
industrias.
Era de prever, como algunos hicimos, que
Trump (que hizo de su rechazo al establishment político-mediático del
país y su antagonismo al gobierno federal, tanto a su rama ejecutiva
como a la legislativa, el eje de su campaña electoral) ganaría las
primarias del Partido Republicano, lo cual ha sido un shock inesperado a
la estructura de poder económico y político del país, incluyendo el
establishment del Partido Republicano.
La base electoral de Trump ha
sido precisamente la clase trabajadora de raza blanca (cuya esperanza de
vida, por cierto, ha disminuido, consecuencia de la enorme crisis que
está viviendo), que se ha movilizado en niveles no vistos desde la Gran
Depresión.
La masiva victoria de Trump en las primarias del Estado de
Indiana (uno de los Estados más industriales del país, que ha sufrido
una desindustrialización muy masiva) ha sido el último ejemplo de tal
movilización obrera en apoyo de Trump. (durante los días de la campaña
de tal Estado, la compañía Carrier anunció su traslado a México).
El
mensaje de Trump consistió en atacar a los gobiernos de los países donde
se desplazaban tales compañías, acusándoles de robar puestos de trabajo
a EEUU, y culpando también al Estado federal por su complicidad en el
robo. (...)
Frente a Trump, la candidata que se
perfila ganadora de las primarias del Partido Demócrata, la Sra. Hillary
Clinton, es muy vulnerable, pues siendo la primera dama durante la
Administración de su esposo, el Presidente Clinton dio enormes
facilidades a las compañías que se desplazaron al extranjero, y más
tarde como senadora, apoyó tratados de libre comercio que facilitaron
tal movilidad de empresas.
De ahí que aparezca casi como prototipo del
establishment político-mediático rechazado por la clase trabajadora. La
estrategia seguida por la candidata Clinton y por el aparato del Partido
Demócrata es movilizar a los votantes afroamericanos y latinos y a las
mujeres, intentando, por una parte, movilizar a estos grupos en contra
de Trump, algo fácil de lograr habiendo visto la hostilidad de Trump
hacia tales grupos étnicos y de género.
Pero, por otra parte, la Sra.
Clinton intenta también enfatizar los programas antidiscriminatorios
encaminados a facilitar la integración de las minorías y de las mujeres
en las estructuras de poder de EEUU. Es interesante notar que este
mensaje es exitoso primordialmente en aquellas partes del país, como en
el sur, donde la discriminación es particularmente acentuada.
Tal
mensaje es también más exitoso entre las personas de mayor edad en
aquella zona que en el resto del país. De ahí que las mayores
asociaciones aliadas a la candidata Clinton sean las asociaciones
antidiscriminatorias de los negros, latinos y mujeres, lideradas por
personas de clase media alta pertenecientes a estos grupos, asociaciones
que están integradas dentro del aparato del Partido Demócrata, que
masivamente apoyan a la Sra. Clinton.
Ahora bien, tales mensajes tienen
menos capacidad de movilización entre las personas más jóvenes y entre
la clase trabajadora, que por lo general, han apoyado al candidato
alternativo demócrata, el senador Bernie Sanders, que no habla tanto de
la integración en el sistema sino del cambio de tal sistema. Entre las
personas menores de 45 años, este último candidato es el que consigue
más apoyo.
La Sra. Clinton puede perder las elecciones
Frente a la alternativa Trump-Clinton,
Trump podría ganar. En realidad, la última encuesta de la compañía de
encuestas Rasmussen muestra que entre las personas que probablemente
votarían, Trump ganaría (41% versus 39%) a Hillary Clinton. Y ahí está
el drama del Partido Demócrata, al cual le está entrando auténtico
pánico. (...)
La única alternativa para el Partido Demócrata sería el candidato
Sanders. Todas las encuestas muestran que Sanders ganaría a Trump por
amplios márgenes. El aparato del Partido Demócrata, sin embargo, está en
contra del candidato Sanders, que se ha presentado a las primarias del
partido sin ser miembro del mismo.(...)
Bernie Sanders ha sido siempre coherente con sus posturas en defensa de
la clase trabajadora. Es también el único candidato que habla
explícitamente de la clase trabajadora y ha reivindicado siempre sus
intereses. Se opone ahora, como siempre lo hizo, a los tratados de libre
comercio, que interpreta correctamente como tratados sesgados a favor
del mundo empresarial a costa del mundo del trabajo.
Sus propuestas para
dificultar el movimiento de industrias fuera de EEUU incluyen revertir
las ventajas fiscales provistas por el gobierno federal a las que dejan
el país. Y un dato muy importante en su propuesta es que el Estado
Federal no contratará a ninguna empresa (sea del tipo que sea) a no ser
que esta pague buenos salarios y se comprometa a no irse del país.
También exige a todas las empresas estadounidenses ubicadas en otros
países el cese de las ventajas fiscales, además de reclamar que paguen
impuestos como si estuvieran en EEUU, desincentivando su salida del
país.
El hecho de que Sanders continúe ganando a Trump en la mayoría de
encuestas está debilitando a su vez a la Sra. Clinton, a la cual se la
ve como el prototipo del establishment. Hoy es difícil prever qué
ocurrirá en aquel país."
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 17 de mayo de 2016, en www.vnavarro.org, 17/05/16)
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