7.2.17

¿Qué está pasando ahora en Podemos?

"(...) ¿Qué está pasando ahora en Podemos?

Era también predecible que una vez terminada la fase electoral, Podemos debería organizarse para convertirse en un movimiento político-social a favor del cambio profundo que España necesita, frente a un bloque de gobierno (PP y PSOE, con la ayuda de Ciudadanos) cuyos aparatos dirigentes intentan destruir a Podemos y mantener las coordenadas de poder establecidas en el periodo post-transicional, manteniendo para ello las políticas públicas (políticas neoliberales y socioliberales) que se han ido implementando durante los años de la Gran Recesión.

Es lógico y necesario, por lo tanto, que, como consecuencia de su clara vocación transformadora y de la enorme oposición y resistencia que tales nuevas fuerzas políticas están encontrando, exista un gran debate entre los herederos del 15-M y que en Podemos aparezcan al menos dos visiones distintas de cómo configurar esta nueva fuerza política, dos visiones distintas que, por cierto, no son nuevas, pues se han dado en otros momentos y en otros países en situaciones semejantes a las que España vive hoy.(...)

De estas dos visiones hay una que prioriza la lucha dentro del Estado a fin de conseguir la capacidad de gobernar el país, dando gran hincapié a los cambios en los aparatos del Estado. Esta estrategia es lógica, razonable y necesaria, y requiere lo que se ha llamado la transversalidad, es decir, la expansión del apoyo electoral a otros sectores de la población que procedan de otras sensibilidades políticas o de la abstención. 

Dudo que pueda haber personas en Podemos o en cualquier fuerza política con vocación transformadora que puedan estar en desacuerdo con la necesidad de convencer a aquellos que no están convencidos de la necesidad de proyectos transformadores, adaptando su programa para conseguir tal adhesión y expansión de su apoyo electoral.

Ni que decir tiene que esta transversalidad puede requerir un cambio en la estrategia política y electoral, cambio que abarca desde los términos del discurso político hasta cambiar sus prioridades con el fin de intentar ser lo máximo de inclusive. Hay que darse cuenta de que conseguir un cambio de las dimensiones que el país requiere no puede hacerse desde la oposición o con un gobierno minoritario.(...)

Habiendo dicho todo lo anterior, siento la necesidad de indicar que creo conocer bien a la mayoría de dirigentes de las mayores opciones progresistas dentro y fuera de Podemos, y no conozco a nadie de ellos que esté en desacuerdo con la importancia de participar activamente en la estrategia parlamentaria para promover sus objetivos. ¿Por qué aparecen, pues, tensiones sobredimensionadas por los mayores medios de información y desinformación?

Los límites de la vía parlamentaria

Y la respuesta creo que se basa en que puede que no haya suficiente consciencia por parte de las voces que apoyan la estrategia de la vía parlamentaria de los límites de esta vía, pues esta tiene también problemas, como también se ha visto en otros países y en otras situaciones. 

Estos problemas son, en parte, resultado de los problemas de centrarse única y exclusivamente en la vía parlamentaria, problemas que mi amigo Ralph Miliband señaló con gran detalle y elocuencia en su libro Parliamentary Socialism. 

Existe, en este sentido, el peligro de la adaptación de las fuerzas comprometidas con el cambio al sistema político que se desea cambiar. El ejemplo más claro de ello ha ocurrido con la socialdemocracia en Europa. Hoy la mayoría de los partidos socialdemócratas, integrados claramente en las coordenadas de poder, han perdido su vocación transformadora, convirtiéndose en parte del problema en lugar de parte de la solución. (...)

Pero la parte más débil del sistema parlamentario es su limitada representatividad, que en España alcanza dimensiones muy elevadas. El sistema electoral español favorece sistemáticamente a unos grupos y clases sociales a costa de otros. 

El caso más escandaloso fue la escasa presencia parlamentaria del Partido Comunista y más tarde de IU, la fuerza política que tenía mayor compromiso con un cambio profundo de la sociedad y que estuvo siempre muy sub-representada en el Parlamento, al revés de lo que ocurrió con el Partido Conservador, que fue el mayor beneficiario de la sesgada Ley Electoral. 

Pero además de esta escasa representatividad, consecuencia de la limitada proporcionalidad del sistema electoral, nos encontramos con unas leyes parlamentarias que permiten mayorías absolutas con bajos porcentajes electorales. 

Todas las políticas de austeridad se han ido aplicando por parte de partidos gobernantes que nunca alcanzaron más de una minoría de la población que votó, minoría que era incluso menor si se consideraba como denominador del porcentaje toda la población que estaba en condiciones de votar (es decir, votantes y no votantes). El sistema parlamentario español es de muy baja calidad y permite a fuerzas políticas con apoyo minoritario conseguir ampliar mayorías en el sistema representativo. (...)

Mérito aparte en este listado de deficiencias es el casi absoluto control de los medios de información, con escasísima pluralidad, siendo las voces críticas sistemáticamente excluidas o marginadas. Son estas limitaciones las que generaron estrategias alternativas como la resistencial.

La llamada estrategia resistencial

Esta estrategia es la que siguieron en su mayoría los partidos comunistas, que una vez abandonada la estrategia insurreccional en los países capitalistas desarrollados (donde la conquista del Palacio de Invierno no se veía posible), se transformaron en instrumentos políticos de defensa de la clase trabajadora, ejerciendo una considerable influencia entre los sindicatos y los movimientos sociales. Su estrategia parlamentaria con vocación de oposición iba acompañada de una agitación social, origen precisamente de su fuerza. 

No hay que olvidar que sus grandes logros, como el haber forzado el fin de la dictadura en España, fueron el resultado de tal agitación. Hay que recordar siempre que Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle.

 Ahora bien, el error del Partido Comunista fue que desde el principio de la Transición el PC dio prioridad casi exclusiva a la vía parlamentaria, a costa de la agitacional, transformándose en una fuerza instalada en las instituciones democráticas, convirtiéndose así en la izquierda del PSOE, siguiendo un discurso y narrativa casi revolucionarios que contrastaban con su práctica dentro de las instituciones representativas. (...)

El reto que hoy tienen las izquierdas a lo largo del territorio español, y muy en particular la alianza de Unidos Podemos y sus aliados, es establecer un bloque alternativo al PP, PSOE y C’s, que incluya no solo distintas sensibilidades e incluso partidos (sin excluir grandes sectores de las bases del PSOE o un PSOE reformado, lo cual no parece probable en la situación actual), sino también movimientos sociales (que vayan de movimientos vecinales a movimientos sindicales), combinando la vía parlamentaria con la vía agitacional, combinando las luchas y movilizaciones (sin estar instrumentalizadas por los partidos políticos) en la sociedad civil con las que llevan a cabo tales partidos en las instituciones del Estado.

 Ello implica una combinación de la vía parlamentaria con la vía agitacional, pues el peligro que debe evitarse es lo que le pasó al PCI cuando se transformó en el Partido Democrático de la Izquierda, que en su transversalidad perdió el apoyo de su base electoral. Este partido fue mucho menor e incidió con mucho menor impacto en la sociedad italiana del que tuvo el PCI de antaño. 

Este es el gran peligro de la transversalidad, que tiene que hacerse, pero tiene riesgos, pues nunca debería perderse el apoyo esencial de las clases populares. Expandirse no quiere decir sustituirse. En realidad, el PCI mostró que un partido grande y fuerte, con gran capacidad de movilización, puede influenciar notablemente al Estado, incluso en la oposición. Gran parte de la legislación social italiana fue en respuesta a la presión del PCI. (...)

¿Qué tipo de partido se necesita?

Ni que decir tiene que un movimiento político-social como estoy proponiendo se debe caracterizar por su diversidad. Pero diversidad dentro de un programa común y con un sentido de compromiso de cambio que requiere también una gran capacidad de sacrificio, generosidad, y también de solidaridad y fraternidad.

 La hostilidad que esta fuerza encontrará será siempre enorme (como ya estamos viendo). En contra de lo que parece estar extendido entre algunos intelectuales y académicos (que tienen la tendencia de bendecir o maldecir desde la distancia a partidos o dirigentes políticos que están sujetos a una brutal hostilidad), aplaudo la militancia (y aliento a mis estudiantes a que militen en partidos y organizaciones), comprometiéndose con otros que piensen igual, no solo para analizar, sino también para cambiar la realidad que los rodea. (...)

Y aquí permítaseme una observación personal. Hay que desarrollar culturas de fraternidad entre militantes de opciones políticas distintas. 

Ya hace años, a petición de los partidos de izquierdas y de los sindicatos en Catalunya, fundé y establecí (junto con otros compañeros y compañeras) la Universidad Progresista de Verano de Catalunya (UPEC por sus siglas en catalán), donde las distintas fuerzas políticas se reunían y discutían, con fines comunes, contribuyendo a crear una cultura de izquierdas. Se necesitan miles y miles de estas instituciones. 

Hay que erradicar el sectarismo en las izquierdas, la peor patología que han tenido siempre las izquierdas en este país (resultado, en parte, del hecho generalizado de confundir la política con la religión).  (...)

Hoy los ataques al bienestar de la población continúan. Y hay que dar voz al gran movimiento de protesta y rechazo. Y esto es lo que los herederos del 15-M tienen que continuar haciendo, participando activamente tanto en las instituciones representativas como en el resto de la sociedad, defendiendo siempre los intereses de las clases populares, que son la mayoría de la población de los distintos pueblos y naciones de España."  
           
 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 31 de enero de 2017, en www.vnavarro.org, 31/01/17)