"España, o la Teoría Monetaria Moderna, o el caos. (...)
Con la pandemia de la Covid-19 todavía fuera de control, el mejor
resultado económico que alguien puede esperar es una recesión más
profunda que la que siguió a la crisis financiera de 2008. Pero dada la débil respuesta política y económica de occidente,
hasta la fecha, las posibilidades de un resultado mucho peor aumentan
día a día. Hoy más que nunca es necesario aplicar la Teoría monetaria
Moderna, o, alternativamente, dentro de la arquitectura del euro, a la
cual pertenecemos, aquella opción que más se le aproxime.
Reconozco que debe ser muy duro para los economistas ortodoxos,
social-liberales, ordoliberales, o anarcoliberales a ultranza, que han
estado atizando desde sus columnas de opinión contra la TMM, entender,
tarde o temprano lo harán, que no hay alternativa. Read my lips, o TMM o el caos, “There is no Alternative”. Nouriel Roubini lo dejó claro en su último blog “A Greater Depression”.
En uno de los párrafos aseveraba, “Pero estas intervenciones financiadas por el déficit deben ser totalmente monetizadas.
Si se financian mediante la deuda pública estándar, los tipos de
interés aumentarían considerablemente y la recuperación se asfixiaría en
su cuna. Dadas las circunstancias, las intervenciones propuestas
durante mucho tiempo por los izquierdistas de la escuela de la Teoría
Monetaria Moderna, se han convertido en la corriente principal”.
La recesión y/o depresión derivada del coronavirus junto a la aversión
al riesgo de los mercados financiaros ha activado la última de las
burbujas: la deuda privada corporativa. El eslabón más débil son las empresas no financieras de medio mundo que se adentraron en un lodazal de deudas
de su propia creación.
Estuvieron impulsando los precios de sus
acciones con adquisiciones empresariales y/o recompras sin fin de sus
propias acciones, ambas financiadas con préstamos con tipos de interés bajos
y emisiones de bonos basura. Junto a bancos zombis, ahora tendremos
además corporaciones zombis. Les recomiendo el último blog de Carmen
Reinhart, “This Time is Truly Different”
Frente a la que se avecina, es necesario implementar, por lo tanto,
nuevas medidas de política económica alternativas a la ortodoxia
dominante. No se puede volver a repetir los errores cometidos durante la Gran Recesión.
Para no repetir errores asociados a la
incompetencia intelectual y/o intereses de clase, deben quedar claros
ciertos conceptos. Desde un principio había una solución óptima para
todos. La hipótesis era muy sencilla, dos meses de confinamiento total,
pero soportando con dinero público las rentas de los trabajadores y los
costes fijos de las empresas.
Lo del confinamiento total con permisos retribuidos
recuperables es una broma, es no entender que van a caer miles de
empresas porque la demanda no se desplaza a placer automáticamente. Una
alternativa, el modelo danés, salvar las Pymes a toda costa.
Se trata de una ayuda directa a las empresas, que serán las que
recibirán la compensación y pagarán las nóminas, hasta un tope, sin
ninguna rebaja en el sueldo.
Pero topamos con nuestro primer ministro
holandés, reencarnado en nuestra ministra de Economía, Calviño.
Esto no va de coronabonos,
no tiene nada que ver ganarse la confianza de los mercados mutualizando
la deuda. El Banco Central Europeo puede hacer lo que quiera con los
tipos de interés y con las curvas de deuda. Acuérdense de ciertas
evidencias que van contra el consenso de los economistas.
El dinero es endógeno
y los tipos de interés cuasi-exógenos. Pero esto tampoco va de acudir
al Mecanismo de Estabilidad Europea. No podemos permitirnos el lujo de
que nos den migajas a cambio de condiciones draconianas en términos de
salarios y gasto público, que nos empobrezca como sociedad. No se puede repetir lo de Grecia. ¡Qué les den!
Solo hay una alternativa. El entorno actual es TMM. Tras la ruptura de Bretton Woods
en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas
mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo
de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender
una paridad fija.
Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden
concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para
mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias
monedas tienen un tipo de cambio flotante y solo emiten deuda en moneda
local, ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero.
Pero
hete aquí que nos topamos con la arquitectura del Euro, distópica desde
sus orígenes. No tenemos soberanía monetaria y no disponemos de un
banco central porque renunciamos a él cuando entramos en el euro. Las
normas de los tratados europeos prohíben que el Tesoro abra descubiertos
en su cuenta del banco central. Por ese motivo el Tesoro está obligado a
emitir deuda pública por importe aproximadamente equivalente al déficit
público.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Hace 2 semanas, el Banco Central
Europeo nos dio una salida, anunció un Programa de Compras para la Emergencia de la Pandemia
por importe de 750.000 millones de euros. Pero esta vez no exigirá
condiciones a los estados miembros que acudan a él. Úsenlo ministras María Jesús Montero y Nadia Calviño, y tengan preparado ¡ya! un New Deal para después,
porque si no el destrozo social, económico y moral de nuestro país será
insoportable, y nuestras previsiones, de una contracción del 8% en
2020, se quedarán cortas." (Juan Laborda, Vox Populi, 02/04/20)
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