17.4.20

Lo que estamos viviendo nos pone ante la paradoja entre valor y precio. Los 'héroes' que hoy salvan el país pagarán mañana los platos rotos de la crisis... cuando las escalas más bajas, algunas de las cuales apenas alcanzan el salario mínimo y en condiciones de precariedad máxima, son las que mantienen con pulso a la sociedad y permiten a las escalas intermedias y altas resistir el confinamiento en sus casas... los empleos productivos son valorados y aplaudidos por la sociedad... no durará mucho

"El estado de alarma está poniendo nuestra estructura laboral frente al espejo: las escalas más bajas, algunas de las cuales apenas alcanzan el salario mínimo interprofesional (SMI) en condiciones de precariedad máxima, son las que mantienen con pulso a la sociedad y permiten a las escalas intermedias y altas resistir el confinamiento en sus casas. 

Los primeros, ya sean cajeros, transportistas, mensajeros o temporeros agrícolas, se exponen diariamente al contagio del Covid-19 porque no tienen posibilidad de teletrabajar. Los segundos, desde personal de oficina a altos ejecutivos, se quedan en casa porque pueden teletrabajar, reducir horario y, en el peor de los casos, acogerse a un ERTE. Ha tenido que llegar una pandemia para poner del revés la economía. La buena noticia es que por primera vez en décadas los empleos productivos son valorados y aplaudidos por la sociedad. La mala es que no durará mucho.

 “La coyuntura es perfecta para que estos empleos productivos, que son esenciales en un momento de crisis, puedan ser puestos en valor con una mejor retribución. Sin embargo, es difícil que esto se plasme en una mejor regulación laboral”, considera Raúl Ramos, doctor en Economía y profesor de la Universidad de Barcelona.

 “Quizá sí mejore el prestigio social de algunos empleos: por ejemplo, el personal de limpieza, tan importante en los hospitales estas semanas, o por supuesto el de cajera de supermercado. En una cadena de valor, todos los engranajes son relevantes, y habrá que estar pendientes de que las diferencias salariales no sean excesivas. Pero no es un debate nuevo: es justo el centro de la discusión sobre las condiciones laborales de plataformas como Glovo o Deliveroo”. (...)

“Tras la última crisis, todo eran palabras altisonantes: refundar el capitalismo, atajar la precariedad, reducir la desigualdad. Usamos otra vez las mismas expresiones, pero soy escéptico sobre la voluntad del país en avanzar en esa línea”, afirma el economista holandés Marcel Jansen, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. “Es cierto que se ha reaccionado de forma mucho más rápida y ambiciosa en comparación a 2008, pero cuando has permitido que una cuarta parte de tus trabajadores tenga contratos temporales, no hay política que evite la destrucción masiva de empleo. Los distintos gobiernos se han resistido a tratar seriamente el problema de la dualidad [empleo indefinido frente a temporal], por eso ahora sobran todos estos lamentos sobre los problemas que se avecinan”.

Mientras aplaudimos al personal sanitario cada tarde desde la ventana, las enfermeras encadenan hasta 361 contratos anuales. Hemos convertido el contrato fijo en un supermercado en una suerte de nueva clase media y ahora estamos en camino de normalizar la entrega a domicilio para Amazon y Glovo, que anteayer nos parecían el colmo de la precariedad y el abuso laboral.

“El diseño institucional de España ofrece mucha protección a personas que realmente no la necesitan tanto porque tienen alta empleabilidad y son capaces de generar por sí mismas estabilidad. La protección a personas con contrato indefinido y antigüedad sigue siendo muy buena. En cambio, los contratos temporales y los indefinidos recientes, que son la mayoría tras la destrucción de la anterior crisis, están muy expuestos”, advierte Jansen. “Y esto volverá a pasar ahora: los contratos con antigüedad seguirán muy protegidos, pero la gran mayoría de contratos nuevos será carne de despido. Será fácil pagarles entre 20 y 33 días de indemnización por esos pocos años”.

Así, los ‘héroes’ de hoy, los que salen cada día a la calle o a la carretera a sostener el país sin la protección adecuada contra la enfermedad, volverán a ser los que paguen mañana los platos rotos de la crisis. El desempleo masivo, que el FMI ubica en tasas del 20%, hará que haya mucha más gente dispuesta a trabajar en estos empleos productivos esenciales pero básicos, provocando más inseguridad laboral y peores suelos debido al aumento de candidatos.

Como señala José Carlos Díez, profesor de la Universidad de Alcalá, “las personas que hoy trabajan en un cine o en un teatro y que cobran en el entorno de 1.300 o 1.400 euros pueden perder el trabajo y verse obligadas a bajar un peldaño como reponedor en un supermercado o repartidor de paquetería. Y eso generará presión hacia abajo. Los salarios se estancarán o caerán todavía más”.  (...)

Valor versus precio

“Lo que estamos viviendo nos pone ante la paradoja entre valor y precio. Un trabajo esencial puede tener un alto valor a un precio muy bajo, y al contrario. Un ejecutivo cobra un salario muy alto porque se adjudican los sueldos entre ellos en los consejos de dirección. Pero si quitaras un ejecutivo y pusieras un ‘bot’, en algunos casos ni se notaría”, explica Díez. “La sociedad sí valora estos empleos importantes pero mal remunerados. El mercado, por desgracia, no. El primer paso para proteger estos sectores es frenar la destrucción de empleo cuanto antes, y una vez conseguido eso, hay que buscar una mejor regulación del mercado laboral”.

 Los expertos coinciden en que el primer paracaídas que hay que desplegar es el de la renta mínima garantizada. “Si no se introduce una renta básica, miles de personas quedarán al margen de la recuperación: por ejemplo, las limpiadoras del hogar, que tras la subida del SMI han empeorado su acceso a la Seguridad Social", apunta Jansen. "Luego están los miles de trabajadores temporales que han tenido la mala suerte de no trabajar cuando se declaró el estado de alarma.

 Ahora hay un 25-26% de empleo temporal frente al 33% anterior a la crisis de 2008. Son menos puestos, pero son ocupados por muchas más personas que van rotando en contratos troceados. Si los que justo ahora no tenían contrato no reciben una renta mínima, corren el riesgo de caer. Son personas muy vulnerables. La gran dualidad de España hace que el impacto de la crisis pos Covid-19 sea mucho mayor aquí que en los países del entorno. Son los mismos problemas de 2008-2009, pero con efecto mucho más rápido”.  (...)

Díez, por su parte, abre una puerta a la implantación de perfiles tecnológicos en nuestro país. “Tenemos una oportunidad para atraer el talento de los nómadas digitales, un perfil que explotará por la disminución de los viajes y la obligación del teletrabajo. Podemos atraerlos a España con incentivos, que se instalen, por ejemplo, en las islas o en el litoral mediterráneo, que son lugares muy atractivos y donde más van a sufrir la crisis. Pero, para eso, se requiere diseñar estrategias”.

 Pero ante la probable inacción política para solucionar los problemas de fondo, la pelota estará en el tejado del ciudadano. Así lo ve Ramos: “Esta crisis sanitaria va a tener un coste muy alto, y es justo que se reparta el precio entre trabajadores, empresas y Estado. En este contexto, aquellas empresas que a pesar de la caída en su facturación mantienen los empleos y hasta pagan primas, como es el caso de algunos supermercados, pueden gozar del favor del consumidor.

 Y al contrario. Los consumidores pueden ejercer su poder individual. Más allá de eso, la perspectiva de una regulación es complicada, más cuando en estos momentos todos los esfuerzos del Gobierno están en el tema sanitario”. (...)"                      (David brunat, El Confidencial, 16/04/20)

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