"J.D. Vance, Epstein, la CIA y el Mossad.
Está causando un gran revuelo la entrevista concedida por el
vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, al podcast de Joe Rogan, en
la que lanzó una serie de duras acusaciones contra Israel. No hay nada
nuevo en lo que ha dicho, pero la novedad radica más bien en el hecho de
que sea él quien diga estas cosas.
Afirmó que Epstein estaba en contacto con los altos mandos de la CIA y
del Mossad, que Israel ha orquestado una campaña para sabotear las
negociaciones entre EEUU e Irán, y precisó que «algunos miembros» del
Gobierno israelí actúan en ese sentido, porque su objetivo es continuar
la campaña militar (…) no con un objetivo específico, sino simplemente
de forma indefinida».
Son cosas que se llevan diciendo desde hace tiempo en Estados Unidos,
por ejemplo por parte de Tucker Carlson, pero que, al salir de la boca
del número dos de la Casa Blanca, cobran un peso muy diferente. Por el
momento, no hay comentarios, ni por parte de Israel ni de la propia Casa
Blanca. Y será interesante ver si deciden decir algo, cuándo y qué.
Pero, ¿cómo se puede interpretar esta singular declaración de Vance?
En los últimos días, se había conocido la noticia de
que la delegación negociadora iraní había hecho llegar precisamente a
Vance, a través de un intermediario, un mensaje en el que se denunciaban
los numerosos sabotajes llevados a cabo por el dúo Witkoff-Kushner,
hombres de confianza de Trump, acusados de ser mentirosos, incompetentes
y aprovechados. Ambos son sionistas, y el yerno del presidente —Jared
Kushner— está muy vinculado a Netanyahu.
El hecho de que los negociadores iraníes hayan considerado oportuno
enviar este mensaje y hayan identificado a Vance como el destinatario
adecuado merece, a su vez, una reflexión.
Durante las negociaciones en Pakistán, de hecho, el vicepresidente se
mostró totalmente incapaz de gestionar la situación y sometido a un
estricto control precisamente por parte de los dos enviados de Trump.
Araghchi y Qalibaf, evidentemente, debieron de percibir cierto malestar
en Vance y consideraron oportuno aprovecharlo, subrayando —y
documentando— el papel nefasto de ambos.
Además, sabemos que Vance siempre se ha mostrado, como mínimo, escéptico
respecto a la agresión contra Irán, aunque luego se viera obligado a
alinearse con las posiciones oficiales.
Todo ello podría llevar a pensar que, al final, ha encontrado el valor
para salir a la luz, para desahogarse y, sobre todo, para distanciarse
del trumpismo, quizá con vistas a la carrera por la sucesión. Pero,
francamente, esta hipótesis no resulta muy convincente.
En primer lugar, este hombre no destaca precisamente por su valentía ni
por su espíritu de iniciativa. Y su principal patrocinador —Peter Thiel,
de Palantir— no está precisamente interesado en ponerse en contra del
Gobierno de Estados Unidos.
Por lo tanto, si descartamos la hipótesis de una iniciativa personal,
que lo expondría a la hostilidad de los lobbies sionistas
estadounidenses, debemos concluir que está actuando por encargo. ¿Y de
quién, si no es del presidente?
Trump se encuentra entre la espada y la pared, tanto por sus históricos y
estrechos vínculos con Netanyahu como por su dependencia del apoyo de
los citados lobbies (la super sionista Miriam Adelson se encuentra entre
sus principales donantes).
Se ve, por tanto, atado a este bloque de poder interno-externo,
independientemente de si puede ser chantajeado o no por sus conexiones
con Epstein.
Pero, al mismo tiempo, es consciente de que, en esta fase, los intereses
estratégicos estadounidenses y los israelíes coinciden muy poco, y
probablemente también de que lo están manipulando —algo que, a una
persona egocéntrica y narcisista, desde luego no le hace ninguna
gracia—.
Por lo tanto, es posible que la salida de Vance sirva para poner en
aprietos al bloque sionista, con el fin de que la Casa Blanca pueda
recuperar una mayor libertad de acción.
Al fin y al cabo, Trump —que tiene olfato para estas cosas— sabe bien
que la popularidad de Israel en EEUU está por los suelos y que, por lo
tanto, un ataque frontal de este tipo, aunque sea llevado a cabo con
guantes de terciopelo, obligará a Netanyahu y a sus grupos de presión a
ponerse a la defensiva.
Para salir de la trampa de Ormuz, debe escapar de las garras de Israel."
(Enrico Tomaselli, Jaque al neoliberalismo, 21/07/26, fuente Arianna Editrice )
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