"Inevitablemente habrá muchas especulaciones sobre la breve visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú debido al secretismo que la rodea, y las noticias de los medios de comunicación deben ajustarse a las narrativas bélicas. Se nos dice que se trató de una visita rutinaria y que no hubo nada fuera de lo común, aunque, en realidad, fue la primera visita de un director de la CIA desde noviembre de 2021. Dado el deterioro de la situación entre la OTAN y Rusia, podemos extraer algunas conclusiones sobre el probable propósito de la visita.
Es probable que la visita tuviera como objetivo transmitir un mensaje y una amenaza a Moscú, a medida que crece la desesperación en Washington. La OTAN y Rusia se encuentran ahora en el período más peligroso de toda su historia de conflictos. La CIA se ha encargado de la guerra por poder en Ucrania contra Rusia desde el golpe de Estado de 2014, y cabe esperar escaladas masivas a medida que todo se desmorona.
La guerra por poder en Ucrania se está desmoronando
El ejército ucraniano está agotado y se está desmoronando en todos los frentes; la economía se está desintegrando debido al bloqueo naval y a la destrucción de infraestructuras críticas; crece la agitación social a causa del agresivo «reclutamiento» de soldados de servicio obligatorio y de los problemas económicos; la crisis política podría derrocar al Gobierno; la OTAN se está quedando sin fondos ni armas para mantener la guerra por poder; y está creciendo en toda Europa una oposición política que no puede ser reprimida para siempre.
Estados Unidos se encuentra empantanado en Irán y se enfrenta a una crisis económica, mientras que Rusia está prestando apoyo a Irán y se ha convertido en el principal socio de China para establecer una arquitectura económica internacional alternativa. Las guerras de EE. UU. contra Rusia e Irán, así como la guerra económica contra China, tenían por objeto eliminar o hacer retroceder a los principales adversarios del continente euroasiático para restablecer la primacía global de EE. UU. En cambio, estas guerras han intensificado el giro hacia un orden mundial multipolar, ya que EE. UU. se enfrenta a la derrota en todos los frentes y se ha agotado militar y económicamente, mientras que la estabilidad del sistema político estadounidense va de mal en peor. Estados Unidos ha unido a sus principales adversarios euroasiáticos en lo que solo puede describirse como la peor pesadilla de Kissinger, y el Occidente político se está fragmentando debido a la sobreexpansión imperial y a la ausencia de un modelo económico poshegemónico.
Trump sigue insistiendo en que Estados Unidos ha derrotado a Irán y que el estrecho de Ormuz está abierto y bajo control estadounidense, mientras que la OTAN sigue insistiendo en que «Ucrania está ganando». A medida que la guerra por poder de la OTAN en Ucrania comience a tambalearse, es probable que la OTAN intensifique sus acciones, como demuestran las imprudentes medidas del Reino Unido. Rusia, por su parte, probablemente intensificará su acción contra Ucrania con el objetivo de asestar un golpe decisivo y adoptará una postura más dura con la OTAN para restablecer su capacidad de disuasión, ya que la OTAN traspasó hace tiempo los límites entre la guerra por poder y la guerra directa. Disuadir a la OTAN no implica una invasión, pero imponer un coste en forma de operaciones encubiertas o incluso ataques directos son opciones para hacer respetar las líneas rojas de Rusia. Aunque, por el momento, la prioridad es poner fin a la guerra por poderes sin una escalada innecesaria con la OTAN.
¿Reactivar la diplomacia?
Entonces, ¿qué hacía Ratcliffe en Moscú? ¿Cómo pueden los EE. UU. utilizar la diplomacia para mejorar su situación? Parece muy improbable que la OTAN esté dispuesta a renunciar a su gran ejército ucraniano por poder al aceptar cualquier acuerdo de paz que restablezca la neutralidad de Ucrania y resuelva la disputa territorial. Al igual que en la guerra con Irán, las iniciativas diplomáticas tienen por objeto garantizar una pausa para reorganizarse y configurar el campo de batalla de forma más favorable.
La campaña de más de 40 días llevada a cabo por Ucrania y la OTAN para atacar infraestructuras civiles en el interior de Rusia no doblegó a este país, sino que, por el contrario, resultó un gran fracaso. Es probable que Ratcliffe deseara poner fin al bloqueo naval mediante el restablecimiento de las condiciones del acuerdo sobre el grano, un alto el fuego que protegiera las infraestructuras energéticas y el cese de la ofensiva contra las ciudades de Sloviansk, Kramatorsk y Zaporizhia. Probablemente también exista preocupación en Washington por la posibilidad de que Rusia se esté preparando para abrir otro frente más en la región de Chernígov. Dichas iniciativas, al igual que el alto el fuego incondicional propuesto por la UE, tienen como objetivo prolongar la guerra en lugar de ponerle fin.
Por lo tanto, también parece muy improbable que Rusia haga concesiones, ya que no puede hacer concesiones significativas. Si se tratara de una guerra por la expansión territorial, la escalada y la presión de la OTAN podrían haber provocado algunas concesiones por parte de Rusia. Sin embargo, la incómoda verdad que el establishment político y mediático de la OTAN se niega a aceptar es que Rusia considera la incursión de la OTAN en Ucrania como una amenaza existencial. Que la OTAN esté o no de acuerdo con esta valoración es totalmente irrelevante, ya que Rusia actuará según su convicción. Esto sugiere que Rusia tiene muy poco margen para concesiones.
El conflicto podría haberse resuelto en cualquier momento desde 2014 poniendo fin a la expansión de la OTAN y restableciendo la neutralidad de Ucrania. A falta de un acuerdo político que garantice este objetivo, Rusia despojará a Ucrania del territorio de gran valor que puede utilizarse como primera línea de la OTAN frente a Rusia, y el resto de Ucrania quedará reducido a un Estado residual sin litoral y disfuncional. Esta solución supondrá un futuro tremendamente difícil para Ucrania y décadas de inestabilidad tanto para la OTAN como para Rusia; sin embargo, desde la perspectiva de Moscú, es la única vía posible, ya que la OTAN no dejará de expandirse ni de restablecer la neutralidad de Ucrania.
El optimista que hay en mí quisiera pensar que la visita de Ratcliffe tenía por objeto reforzar los canales diplomáticos y la coordinación para capear el periodo extremadamente peligroso al que nos dirigimos. Sin embargo, parece más probable que la diplomacia siga adoptando la forma de más ultimátums y amenazas con la esperanza de salvar la situación. Como era de esperar, esto no será bien recibido en Moscú, donde la ira está llegando al límite."
(Glenn Diesen, blog , 28/08/26, traducción Salvador L. Arnal)
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