8.8.26

Los sucesos acaecidos en Ceuta han sido un arma utilizada contra España por distintas potencias internacionales... Se giraron facturas desde distintos lugares, pero no todo puede explicarse desde esa perspectiva... la Casa Blanca, ha obligado a la UE a tomar nuevos rumbos. De momento, la tendencia más frecuente ha sido que cada Estado haya mirado por sí mismo. Los pilares comunes se debilitan y los proyectos en términos nacionales se multiplican. Friedrich Merz sugirió a Donald Trump que hiciese de Alemania "su socio principal" en Europa, ya que no encontraba la afinidad suficiente en el conjunto de Europa. Las medidas tomadas por Merz van en una dirección que se integra en la visión del actual Gobierno estadounidense en lo que se refiere a inversión en defensa, posición frente a la inmigración, conexión energética y vinculación financiera... Francia ve con enorme preocupación la deriva germana, y buena parte de las posibilidades electorales de Le Pen pasan por reunir el malestar de su población contra una Europa dirigida por Alemania... en Italia, los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni, tiene temas muy relevantes la posibilidad abierta de sumarse a la fabricación de armamento... Queda España. Sánchez aboga por una mayor integración europea, se ha mostrado reacio a gastar el 5% en defensa, se ha posicionado a favor de Palestina, rechaza la austeridad como programa de futuro, es proinmigración, tiene buenas relaciones con China y rechaza la visión trumpista. Nada de este programa encaja con los propósitos germanos... así, el programa de Merz es mucho más fácil de conseguir de la mano de las derechas que con ejecutivos socialistas... y la nueva entente alemana prefiere a Marruecos como socio (Esteban Hernández)

 "Más allá de los hechos en sí, del papel de Marruecos en la instigación o en la falta de control de las masas que se dirigieron a la ciudad española, de si los servicios de seguridad españoles estaban o no alertados, de hasta qué punto el Gobierno confió ciegamente en que Marruecos detendría la invasión, de los menores que aún quedan en la ciudad o de si se deben reforzar y cómo los controles de frontera, lo cierto es que los sucesos acaecidos en Ceuta han sido un arma utilizada contra España por distintas potencias internacionales.

Meloni, y después casi toda Europa, culpó al Gobierno español de diseñar políticas que generaban efecto llamada: había que cerrar el espacio Schengen y hacer cortafuegos respecto de los problemas que causaban las medidas torpes e ideológicas de Pedro Sánchez (una medida de control fronterizo a la que ayer mismo respondió el Gobierno español imponiendo restricciones similares a los vuelos y rutas marítimas procedentes de Italia). EEUU no se limitó solo a eso, sino que insistió en que las políticas coloniales de España debían terminar. Israel y el Mossad promovieron una acción de inteligencia destinada a desestabilizar a España, asegura El Mundo, citando fuentes chinas. Por si fuera poco, la relación entre España y Argelia está de fondo.

No solo fue el sector MAGA; también Manfred Weber, el presidente del PPE, participó de las recriminaciones a España

Buena parte de estas tensiones han sido interpretadas desde posiciones ideológicas: las políticas españolas sobre inmigración, la OTAN o Gaza generaron mucha animadversión entre las derechas globales, y la invasión de Ceuta fue el momento adecuado para cobrar las deudas pendientes. No solo fue el sector MAGA; también Manfred Weber, el presidente del PPE, participó de las recriminaciones a España. Se giraron facturas desde distintos lugares, pero no todo puede explicarse desde esa perspectiva.

Berlín y la UE

El aspecto más llamativo es la soledad de Pedro Sánchez frente a la mayoría de las capitales europeas, y lo es porque revela los movimientos tectónicos que están teniendo lugar en la UE. La ruptura de las bases de la alianza con EEUU, que tomó cuerpo definitivo con el segundo mandato de Trump, aunque llevaba tiempo tambaleándose, también con Biden en la Casa Blanca, ha obligado a la UE a tomar nuevos rumbos. De momento, la tendencia más frecuente ha sido que cada Estado haya mirado por sí mismo. Los pilares comunes se debilitan y los proyectos en términos nacionales se multiplican.

Europa tenía dos opciones. Situada como está en la esfera estadounidense, no podía desafiar directamente a EEUU, ni siquiera bajo las condiciones de presión de Trump, pero sí buscar un margen mayor de acción que el que Washington pretendía. Se llamó autonomía estratégica. Hubo un instante en que la expresión se hizo popular, solo para ir decayendo conforme avanzaban los meses. La otra opción era ceder a la agenda de EEUU e ir incorporando poco a poco sus diferentes demandas.

En Washington, Friedrich Merz sugirió a Donald Trump que hiciese de Alemania "su socio principal" en Europa

El momento presente, con la fragmentación y las tensiones entre distintos países, ofrece una imagen nítida de la situación europea. El punto de partida fue la reacción alemana. El Gobierno germano decidió invertir grandes cantidades de capital para mejorar su competitividad y sus infraestructuras y para crear un ejército poderoso, al mismo tiempo que promovía políticas de ajuste presupuestario. Abogó por firmar acuerdos de libre comercio, como Mercosur, a pesar de las resistencias francesas, y cedió ante las exigencias arancelarias estadounidenses.

Fueron políticas nacionales que no se quedaron en Alemania, sino que trataron de ampliarse al conjunto de países que componen la UE. Excepto en un punto, la inversión. Berlín se ha negado repetidamente a ampliar sus políticas fiscales al conjunto de la Unión. Alemania tenía recursos, ya que sus superávits comerciales recurrentes le han permitido un endeudamiento bajo, con lo que posee margen de maniobra del que intenta sacar partido, pero únicamente en provecho propio. Las iniciativas para dar pasos adelante hacia una Unión Europea más firme han decaído y los programas de las capitales toman mayor peso.

En ese escenario, la decisión alemana la subrayó Merz en una visita a Washington en diciembre pasado, donde le sugirió a Trump, ya que no encontraba la afinidad suficiente en el conjunto de Europa, que hiciese de Alemania "su socio principal". Las medidas tomadas por Merz van en una dirección que se integra en la visión del actual Gobierno estadounidense en lo que se refiere a inversión en defensa, posición frente a la inmigración, conexión energética y vinculación financiera.

Las tres piezas

Hay quienes insisten en que la brecha norte-sur define Europa, del mismo modo que la definió durante la crisis de los años 2010, en la era de los PIGS. Ahora vuelven a recurrir a la geografía y a los intereses diferentes a los que obliga. Hay mucha verdad en ello, pero no es toda la historia. Una vez que decayó la voluntad de salir de este mal momento unidos, la hoja de ruta pasa por las alianzas entre distintos países de la Unión para propósitos concretos. Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia se unen a Alemania para promover la austeridad presupuestaria; Polonia, Finlandia, Suecia y Dinamarca, además de los países bálticos, se alían con Alemania para promover la inversión en defensa. Berlín intenta cumplir su programa aunando fuerzas diversas.

Con Italia, la alianza se ha hecho más sólida a partir de los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni

En ese marco de alianzas quedan tres piezas importantes por encajar, los tres países más relevantes de la UE en población y recursos, exceptuando Alemania: Francia, Italia y España. Los galos ven con enorme preocupación la deriva germana, y buena parte de las posibilidades electorales de Le Pen pasan por reunir el malestar de su población contra una Europa dirigida por Alemania. Francia desconfía enormemente del papel principal que Berlín quiere atribuirse en defensa, ya que supone una pérdida de poder significativa para los franceses, y tampoco se siente cómoda con los tratados de libre comercio.

Con Italia, la alianza se ha hecho más sólida a partir de los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni, con temas muy relevantes para los transalpinos, como la competitividad de su industria y la posibilidad abierta de sumarse a la fabricación de armamento. También hay muchos puntos en común en el programa para poner freno a la inmigración. Ambos países se sitúan firmemente en la órbita atlántica.

Hay partidos europeos que estarían de acuerdo con el programa de Sánchez, pero no son muchos y no están en el poder

Queda España. Sánchez aboga por una mayor integración europea, se ha mostrado reacio a gastar el 5% en defensa, se ha posicionado a favor de Palestina, rechaza la austeridad como programa de futuro, es proinmigración, tiene buenas relaciones con China y rechaza la visión trumpista. Nada de este programa encaja con los propósitos germanos. Meloni fue la primera que se lanzó contra Sánchez. Hay partidos europeos que estarían de acuerdo con este programa, pero no son muchos y no están en el poder. La soledad de Sánchez es grande en nuestro continente.

Ceuta y el "Orbán rojo"

Lo ocurrido en Ceuta debe afrontarse teniendo en cuenta varios planos. El primero de ellos, el pragmático, es el referido a la forma en que España debe actuar con Marruecos, la necesidad o no de reforzar los controles fronterizos, el destino de los jóvenes inmigrantes y demás asuntos que deben afrontarse. El segundo plano es el ideológico, ya que la soledad de Sánchez en la UE proviene de una intención expresa de que Europa tome nuevos rumbos. Lo avisaba el diputado danés del PPE que llamó a Sánchez el "Orbán rojo": los populares europeos deberían entenderse con partidos como AfD. El programa de Merz es mucho más fácil de conseguir de la mano de esas derechas que con ejecutivos socialistas. Incluso el mismo Merz es cuestionado, y existen rumores cada vez más vivos sobre su pronta salida del Gobierno. Esa situación abriría una brecha en los conservadores alemanes por la que podría penetrar la alianza con la AfD.

El tercer plano es el de los intereses. Más allá del actual Gobierno español, el instante geopolítico dicta que cada país está intentando reforzar sus capacidades y su influencia, en general a costa del resto. La nueva entente prefiere a Marruecos como socio. Tiene Tánger Med, ha firmado acuerdos que le dan acceso a la Unión Europea, posee fosfatos, sus amistades son poderosas y sus costas dan al Estrecho de Gibraltar. Pero, para que este último punto tenga peso, necesita Ceuta. Las presiones están sobre la mesa."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 08/08/26) 

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