21.8.26

Otra caída en picado de la economía... la de los 'mileis' finlandeses: de abroncar al sur de Europa a tener más paro que España y casi más deuda que Portugal... La economía de Finlandia fue durante muchos años ese alumno aventajado al que toda Europa envidiaba y quería parecerse. Un fuerte crecimiento económico, empresas altamente competitivas, un mercado laboral que gozaba de pleno empleo, cuentas públicas equilibradas y una deuda muy baja en términos de PIB. Su posición de privilegio le permitió abroncar a los países del sur de Europa durante la crisis de deuda soberana del euro (2011-2013) exigiéndoles un mayor esfuerzo fiscal, más recortes y austeridad para equilibrar sus cuentas. Unos 15 años después, alguno de esos países del sur podría hoy dar lecciones o abroncar a la propia Finlandia... el 25% de los finlandeses de entre 15 y 24 años que actualmente están desempleados... La cadena de tiendas de descuento Puuilo recibió 21.000 candidaturas para apenas 400 puestos, incluidas solicitudes de personas con doctorados... Suecia también presenta algunos problemas que se le parecen y que están generando un intenso debate en el país... para reducir la deuda nacional, las autoridades han recortado las prestaciones sociales, pero estas medidas podrían enfriar todavía más la economía... A comienzos de este año, Finlandia quedó sometida al procedimiento de déficit excesivo de la Unión Europea y ahora necesita reducir sus niveles de deuda antes de 2028 o se arriesga a recibir multas, sufrir la suspensión de fondos europeos y afrontar exigencias de Bruselas para aplicar una política fiscal todavía más restrictiva. La deuda pública de Finlandia roza ya el 90% del PIB, rozando los niveles de Portugal (El Economista)

"La economía de Finlandia fue durante muchos años ese alumno aventajado al que toda Europa envidiaba y quería parecerse. Un fuerte crecimiento económico, empresas altamente competitivas, un mercado laboral que gozaba de pleno empleo, cuentas públicas equilibradas y una deuda muy baja en términos de PIB. Su posición de privilegio le permitió abroncar a los países del sur de Europa durante la crisis de deuda soberana del euro (2011-2013) exigiéndoles un mayor esfuerzo fiscal, más recortes y austeridad para equilibrar sus cuentas. Unos 15 años después, alguno de esos países del sur podría hoy dar lecciones o abroncar a la propia Finlandia.

Algunos dirán que la venganza se sirve en plato frío y esto es lo que podría hacer hoy el sur de Europa. Durante la crisis de deuda soberana de la eurozona de 2012, Finlandia, liderada por la ministra de Finanzas Jutta Urpilainen y el primer ministro Jyrki Katainen, mostraron una postura un tanto intransigente demandando a los países del sur una estricta disciplina fiscal, oponiéndose a los rescates incondicionales y obligando a las naciones deudoras del sur de Europa, como Grecia y España, a proporcionar garantías sólidas (como activos estatales o avales) a cambio de fondos de rescate. Además, Finlandia quiso impedir que el Banco Central Europeo comprase deuda de estos países.

Más paro que España

Hoy, Finlandia tiene más paro que España y va en camino de superar los niveles de deuda pública. Si la comparación se hace con Portugal los datos aún son más 'espectaculares'. La tasa de paro de Portugal está por debajo del 6%, mientras que en Finlandia supera el 10%. Por el lado de la deuda pública, Portugal y Finlandia ya presentan ratios parejos del 89% sobre el PIB. España, con un 100% de deuda sobre PIB sigue presentando un ratio peor, pero poco, los malos datos de Finlandia están acercando al país nórdico a España términos de deuda sobre PIB.

Pero más allá de los fríos datos y de la narrativa cuantitativa merece la pena analizar algunas historias que pueden resultar familiares para los ciudadanos y trabajadores del sur de Europa. Tal y como narra la agencia financiera Bloomberg, hace cuatro años, los profesores de Venla Malinen aseguraron a esta estudiante que había tomado la decisión correcta al estudiar Arquitectura de la Construcción en la ciudad finlandesa de Kuopio. Cuando se incorporara al mercado laboral, le dijeron, habría más oportunidades de las que ella y sus compañeros podrían abarcar. Pero ahora que ya tiene el título, esta joven de 24 años pasa los días actualizando su currículum, haciendo crucigramas y limpiando.

"Lo más difícil es la incertidumbre", explica Malinen, que terminó sus estudios en mayo y pasó directamente al desempleo. "No sabes cuándo terminará esto ni qué se supone que debes hacer después". Con la economía y las finanzas públicas de este país nórdico en una situación muy delicada, sus perspectivas no son precisamente buenas. Aunque esta esta una historia y una situación particular de Finlandia, Suecia también presenta algunos problemas que se le parecen y que están generando un intenso debate en el país.

En los últimos años, los elevados tipos de interés y la debilidad de la confianza de los consumidores han paralizado el mercado inmobiliario finlandés, lo que a su vez ha frenado la construcción y las contrataciones en estudios de arquitectura, consultoras de ingeniería y empresas constructoras. Arquitectos experimentados y recién graduados compiten ahora por los mismos puestos de trabajo. Cuando Malinen recibe alguna respuesta de posibles empleadores, todos le transmiten el mismo mensaje, es decir, que no hay trabajo disponible, ni siquiera en la región de Helsinki, donde vive actualmente.

Y la competencia no se limita a los empleos para titulados universitarios. La cadena de comida rápida Hesburger recibió casi 27.000 solicitudes para cubrir 1.200 puestos de temporada, prácticamente el doble que un año antes. La cadena de tiendas de descuento Puuilo recibió 21.000 candidaturas para apenas 400 puestos, incluidas solicitudes de personas con doctorados, aseguran desde Bloomberg.

El paro juvenil en Finlandia

Malinen forma parte del 25% de los finlandeses de entre 15 y 24 años que actualmente están desempleados, según Eurostat. Para este grupo, el paro no solo es frecuente, sino que además resulta cada vez más duradero: el número de menores de 25 años que llevan más de un año sin trabajar se ha más que duplicado entre 2008 y finales del año pasado. Si se tienen en cuenta todas las edades, Finlandia presenta la tasa de desempleo más elevada de la Unión Europea, superior al 10%.

La economía finlandesa, que apenas ha crecido desde la crisis financiera, se encuentra en una posición que desde Bloomberg tildan de "precaria". Mientras la deuda pública ha aumentado de forma constante desde 2009 (destinándose en gran medida a pensiones, sanidad, educación y prestaciones sociales), el sector privado ha tenido dificultades, lo que se ha traducido en un empleo débil y una baja recaudación fiscal. Esto ha atrapado al Gobierno en una especie de espiral o bucle casi infinito en el que se busca reducir la deuda recortando gasto, pero los pagos por desempleo y otras ayudas sociales no paran de crecer ante el constante deterioro de la economía. Aun así, para reducir la deuda nacional, las autoridades han recortado las prestaciones sociales, pero los economistas consultados por Bloomberg advierten de que estas medidas podrían enfriar todavía más la economía.

El problema no es nuevo, pero el tiempo para solucionarlo se está agotando. A comienzos de este año, Finlandia quedó sometida al procedimiento de déficit excesivo de la Unión Europea y ahora necesita reducir sus niveles de deuda antes de 2028 o se arriesga a recibir multas, sufrir la suspensión de fondos europeos y afrontar exigencias de Bruselas para aplicar una política fiscal todavía más restrictiva. La deuda pública de Finlandia roza ya el 90% del PIB, rozando los niveles de Portugal.

La presión política también está aumentando. Aunque los finlandeses apoyan en términos generales los esfuerzos para sanear las finanzas públicas, las encuestas muestran un creciente descontento con la forma en que se han aplicado los recortes. Según un sondeo de abril encargado por el Finnish Business and Policy Forum, el 52% de los encuestados considera que las personas dependientes de prestaciones sociales se han visto afectadas de manera desproporcionada. A medida que la red de protección social pierde fortaleza, aumenta la preocupación por que el país se divida cada vez más entre quienes tienen recursos y quienes carecen de ellos.

La caída de Nokia

Para Roope Uusitalo, profesor de Economía de la Universidad de Helsinki y expresidente del Consejo de Política Económica de Finlandia, las raíces de los problemas del país se remontan aproximadamente a 2010. Fue entonces cuando dos de los grandes motores de crecimiento de Finlandia comenzaron a derrumbarse prácticamente al mismo tiempo. Nokia, que alrededor del cambio de milenio representaba aproximadamente el 4% del PIB finlandés y casi una cuarta parte de la recaudación del impuesto de sociedades, perdió su posición dominante después de que Apple revolucionara el mercado de los teléfonos inteligentes. Al mismo tiempo, la industria papelera finlandesa, durante décadas uno de los pilares de la economía exportadora del país, entró en un prolongado declive a medida que la digitalización reducía drásticamente la demanda de papel de periódico.

Mientras tanto, la población en edad de trabajar comenzó a reducirse a medida que la generación de la posguerra se jubilaba. El país no ha conseguido atraer suficientes inmigrantes para compensar esas pérdidas. "Cuando el PIB lo producen los trabajadores, tener menos trabajadores es un problema importante", afirma Uusitalo.

Finlandia se encontró de repente recaudando menos impuestos al tiempo que aumentaba su gasto en pensiones y sanidad, cuyos costes crecen año tras año. Las finanzas públicas entraron así en números rojos, situación en la que han permanecido durante 17 años consecutivos. La productividad, que durante los años dorados de Nokia llegó a crecer a ritmos de dos dígitos, se estancó durante más de una década.

La pandemia no hizo más que agravar estos problemas. Finlandia se endeudó fuertemente para proteger a empresas y puestos de trabajo y continuó haciéndolo incluso después de que hubiera pasado la peor fase de la crisis sanitaria. Posteriormente, la invasión rusa de Ucrania acabó con buena parte del comercio y el turismo con la vecina Rusia y obligó a incrementar drásticamente el gasto en defensa. El coste anual de pagar los intereses de la deuda pública superó los 3.000 millones de euros. Y Finlandia nunca consiguió sustituir las industrias que había perdido.

En 2023, el Gobierno de coalición del primer ministro Petteri Orpo respondió con uno de los mayores paquetes de recortes del Estado del bienestar y reformas del mercado laboral de las últimas décadas. El Ejecutivo argumentó que Finlandia necesitaba reforzar los incentivos para trabajar y generar ahorros permanentes que frenaran el crecimiento de la deuda. También redujo el impuesto sobre la renta para estimular la economía.

Los resultados inmediatos quedaron por debajo de los objetivos. A finales del año pasado, el ahorro acumulado de los hogares finlandeses superaba los 115.000 millones de euros, un máximo histórico, señal de que los ciudadanos seguían siendo reacios a gastar. Desde entonces, el desempleo ha aumentado ligeramente.

Para Uusitalo, no fue ninguna sorpresa. "Las expectativas de una mayor austeridad incrementan la incertidumbre", explica sobre la relación entre los recortes del gasto y las contrataciones. "Los hogares se vuelven más prudentes, el consumo se debilita y las empresas se enfrentan a una menor demanda".

El gasto público tendrá que reducirse tarde o temprano, sostiene, pero dado que este ajuste puede generar efectos contraproducentes, existe un límite a la eficacia que puede alcanzar el endurecimiento fiscal. "No hay una solución fácil", sentencia. En la iglesia de Hakunila, situada en un suburbio multicultural al este de Helsinki, las diáconas Liisa Juusela y Heli Leskinen organizan semanalmente un encuentro para personas mayores y otros residentes en riesgo de aislamiento social.

Más de uno de cada diez habitantes del barrio recibe la prestación social de último recurso de Finlandia, que proporciona a los adultos que viven solos 578 euros mensuales para gastos no relacionados con la vivienda, según datos a los que ha tenido acceso la agencia Bloomberg. Cuando ese dinero se acaba o aparece una factura inesperada, las personas recurren a la iglesia y a organizaciones benéficas para solicitar ayudas económicas de emergencia, vales para alimentos y asistencia práctica.

Algunos de los beneficiarios son pensionistas con dificultades para pagar facturas hospitalarias. Otros son adultos desempleados, familias trabajadoras endeudadas o estudiantes que intentan desenvolverse dentro del sistema de bienestar social. Algunos hogares intentan sobrevivir con poco más de 200 euros mensuales para alimentación y gastos cotidianos.

"Nadie decide que quiere vivir de las prestaciones sociales o convertirse en un pensionista con bajos ingresos", afirma Juusela. "La gente acaba en esas situaciones por una enfermedad, una discapacidad, una ruptura familiar o simplemente porque la vida da un giro inesperado".

Los recortes de las ayudas a la vivienda durante los dos últimos años también han dificultado que muchas personas puedan pagar el alquiler. Se trata de un cambio radical para un país al que, hace menos de dos décadas, se atribuía haber prácticamente erradicado el sinhogarismo de larga duración. Partiendo de la idea de que disponer de un hogar estable resulta fundamental para solucionar otros problemas, Finlandia simplemente proporcionaba viviendas de alquiler propias a las personas sin hogar, sin exigirles ninguna contraprestación. En los 15 años posteriores a la implantación del programa, la tasa de sinhogarismo se redujo aproximadamente a la mitad.

Pero esa cifra comenzó a aumentar de nuevo en 2025, después de los recortes de las ayudas a la vivienda. El número de personas sin hogar se disparó casi un tercio respecto al año anterior, mientras que el número de personas que solicitaron ayuda a las iglesias aumentó un 40%, según la principal organización religiosa del país, la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia. El número de personas cuyos pagos de deuda están siendo ejecutados por el Estado también superó por primera vez las 600.000 el año pasado.

Finlandia todavía tiene trabajo por delante para cumplir el objetivo de déficit de la UE antes de finales de 2028, y se prevé que su deuda continúe aumentando hasta acercarse al 100% del PIB en 2030. Sin embargo, el año pasado prácticamente todos los partidos parlamentarios respaldaron un "freno a la deuda", que obligará a los futuros gobiernos a limitar el gasto público independientemente de quién esté en el poder.

"Es la primera vez que existe un amplio consenso político sobre que la trayectoria de la deuda finlandesa no puede continuar indefinidamente", sostiene Uusitalo. La iniciativa ha sido bien recibida por el Banco de Finlandia, las agencias internacionales de calificación crediticia y los inversores.

A corto plazo, la ministra de Finanzas, Riikka Purra, asegura que su partido, socio minoritario de la coalición, quiere reducir el déficit continuando con los recortes del gasto público. Dada la magnitud de la deuda del país, sostiene que prácticamente ningún ámbito puede quedar excluido. Purra se opone a elevar los impuestos sobre el trabajo o las empresas, argumentando que los niveles impositivos ya son elevados.

Recortar de donde no se puede

Purra sostiene que al Gobierno apenas le quedan alternativas. "Es difícil recortar las prestaciones de las personas con rentas altas porque no las reciben", afirma en una entrevista. Después de años de débil crecimiento, también comienzan a aparecer tímidas señales de estabilización en la economía finlandesa. Los datos revisados mostraron que el PIB creció un 0,8% en 2025, mientras que el banco central del país espera que la recuperación continúe con un crecimiento del 0,7% este año, respaldado por unas exportaciones y una inversión más fuertes y por una recuperación gradual del consumo. Los hogares también comienzan a mostrarse más optimistas: la confianza de los consumidores subió en junio hasta su nivel más elevado en más de cuatro años.

Sin embargo, el cambio de tendencia avanza lentamente y los finlandeses siguen siendo profundamente pesimistas sobre la trayectoria general del país. Casi siete de cada diez creen que Finlandia avanza en la dirección equivocada, según la encuesta del Finnish Business and Policy Forum, mientras que el 64% considera que la consolidación fiscal debe continuar durante la actual legislatura. El descontento es especialmente intenso respecto al desempleo, y la mayoría de los encuestados considera que los dirigentes políticos no están haciendo lo suficiente para crear puestos de trabajo."

(El Economista, 17/08/26) 

No hay comentarios: