5.10.26

En el capitalismo financiero el capital se invirtió en fondos que prometían rentabilidades elevadas sin necesidad de fabricar nada. En lugar de construir y producir, el capital prefirió buscar la rentabilidad sin la molestia de lo físico... una de sus variadas formas era comprar viviendas para revenderlas o para alquilarlas... no tenía que solicitar permisos, ni contratar obreros, ni preocuparse por los materiales... operan con instrumentos no tolerados en la economía productiva. Uno de ellos es no pagar impuestos. AQR Capital Management combina diversas inversiones y cuya esencia es aprovechar pérdidas en algunas de ellas para aplazar indefinidamente la tributación de las ganancias.... disponen de mecanismos que permiten ampliar el capital mediante ingeniería financiera, por lo que fabricar cosas o construir algo se sitúa en situación de inferioridad. Ese giro no solo provoca que se construya menos vivienda, sino que también eleva los precios al apostar por la conversión de los pisos en activos... el desplazamiento del capital hacia lo financiero está en el centro de cambios perjudiciales para países como España: es una de las principales causas de la desaparición de la industria, de que las pequeñas y medianas empresas no encuentren capital (salvo a precios desorbitados), de que los salarios hayan empequeñecido, y de que la innovación ocurra siempre en otros lugares... la explicación de por qué no se construye está en la decisión del capital español, que ha optado por lo etéreo en lugar de por lo físico. La industria se ha convertido en un sinónimo de rentabilidad menor. Si se quiere revertir el proceso, es preciso dirigir la inversión hacia la vida real, y eso pasa por medidas estatales y europeas que hagan las cosas más difíciles y menos rentables al capital dedicado a los juegos contables y a la extracción de rentas y mucho más fácil al que produce efectos y beneficios sobre la vida cotidiana... Es un asunto importante, y la movilización de capital se ha convertido en un asunto de primera magnitud en Europa. Reducir el asunto a un enfrentamiento entre inquilinos y pequeños propietarios, sin tocar la estructura, puede ser conveniente para finalidades electorales, pero irrelevante en el fondo (Esteban Hernández)

"La falta de vivienda tiene causas de lo más dispares. La escasez de suelo disponible para construir, el incremento de los costes, la falta de mano de obra y tantas otras cosas, como las regulaciones excesivas o la lentitud de la burocracia. Dado que existe una oferta pobre, una de las soluciones más aplaudidas es la de impulsar la construcción privada: si tanta demanda hay, debería ser rentable, porque mucha gente estaría dispuesta a comprar; otros insisten en que sería lógico que los poderes públicos se implicaran y activasen la protección oficial. Sin embargo, nada de eso está ocurriendo: las instituciones no se deciden y los inversores no apuestan por la construcción.

Hay quienes propugnan que, para evitar esta brecha entre oferta y demanda, se clarifiquen las condiciones del mercado, de modo que construir resulte mucho más sencillo. La tesis preferida de los expertos del 'establishment' pasa por eliminar trabas, reducir burocracia, suprimir requisitos y agilizar trámites. Hay especialistas que insisten en las ciudades densificadas, y otros que fijan el camino de salida en la construcción de viviendas destinadas al alquiler social para evitar que se conviertan en un bien para la especulación.

Sin embargo, todas estas soluciones pasan por alto uno de los principales problemas económicos de nuestras sociedades: la manera en que se asigna el capital. A pesar de la gran cantidad de inconvenientes que está generando, en lo social y en las capacidades estratégicas de los Estados europeos, es una cuestión que permanece en un segundo plano

De lo físico a lo etéreo

Europa fue el epicentro, junto con EEUU, del capitalismo industrial. Fue la época de gran crecimiento continental, de la implantación del Estado del bienestar, de los equilibrios sociales y de los consensos políticos. En España ese desarrollo fue más breve y más limitado en sus efectos: éramos un país periférico en Europa y con un régimen político alejado de los estándares que los europeos exigían. En cualquier caso, el mecanismo sistémico era el mismo: se reunía capital, se fabricaban productos, se vendían y se obtenía más capital.

Era mejor invertir capital que se convirtiera en más capital sin necesidad de atravesar la molestia de construir

Ese sistema fue sustituido, con el paso del tiempo, por el capitalismo financiero, que buscó acortar los pasos: era mejor que el dinero se convirtiera directamente en dinero sin necesidad de atravesar los pasos intermedios. El capital se invirtió en fondos que prometían rentabilidades elevadas sin necesidad de fabricar nada. La globalización favoreció esa deriva. El mercado hacía su magia de muchas maneras; una de sus variadas formas era comprar viviendas para revenderlas o para alquilarlas.

El cambio del capitalismo industrial al financiero llegó un poco más tarde a España, como casi todo. Entre las formas que adoptó estuvo la expansión del ladrillo. La industria se fue, llegó el auge de las acciones de las compañías cotizadas y, más tarde, las inversiones apalancadas en la construcción. En 2006 se empezaron a edificar 760.000 viviendas; era la época del 'boom', cuando el crédito fluía fácil. En 2007 se iniciaron 617.000. Para 2009, solo fueron 159.000. El mínimo se alcanzó en 2013, con apenas 35.000 viviendas iniciadas.

La mayor parte de las promociones edificadas están destinadas a las rentas altas y a los compradores extranjeros

El ladrillo residencial ya no era negocio, al menos el de nueva construcción. Pero dado que las acciones y los bonos tampoco parecían un buen destino del ahorro, porque a veces el mercado hacía su magia y la inversión se desvanecía en el aire, la vivienda apareció como activo refugio: fondos y particulares con capital aprovecharon las oportunidades que trajo la crisis. Se podía comprar barato.

Pero eso no significó que se construyera más. La vivienda como bien y la vivienda como activo van por caminos diferenciados. Se sigue construyendo, pero a un ritmo muy moderado para la demanda existente. La mayor parte de las promociones edificadas están destinadas a las rentas altas y a los compradores extranjeros. Ha existido mucha rehabilitación de fincas en lugares céntricos para convertirlas en pisos con precios elevados.

La inversión correcta

La cuestión de la asignación de capital es esencial en una época rentista. En lugar de construir y producir, el capital prefirió buscar la rentabilidad sin la molestia de lo físico: no tenía que solicitar permisos, ni contratar obreros, ni preocuparse por la subida o bajada de los precios de los materiales, ni esperar a la finalización de las obras. El capital busca espacios más rentables y caminos más rápidos. Con la construcción se gana dinero, solo que el porcentaje de beneficios que se espera es menor del que promete el ámbito financiero.

Europa se juega su futuro con la movilización de capital. Para lograrlo, es necesario un tiempo de represión

A veces esas promesas se rompen, pero funcionan como tentación. Y porque operan con instrumentos no tolerados en la economía productiva. Uno de ellos es no pagar impuestos. AQR Capital Management está en auge en el sector por un esquema innovador que combina diversas inversiones y cuya esencia es aprovechar pérdidas en algunas de ellas para aplazar indefinidamente la tributación de las ganancias. Son métodos que disponen de mecanismos que permiten ampliar el capital mediante ingeniería financiera, por lo que fabricar cosas o construir algo se sitúa en situación de inferioridad.

Ese giro no solo provoca que se construya menos vivienda, sino que también eleva los precios al apostar por la conversión de los pisos en activos. Pero más allá de sus efectos sobre un sector concreto, el desplazamiento del capital hacia lo financiero está en el centro de cambios perjudiciales para países como España: es una de las principales causas de la desaparición de la industria, de que las pequeñas y medianas empresas no encuentren capital (salvo a precios desorbitados), de que los salarios hayan empequeñecido, de que los bancos exijan garantías elevadísimas para las hipotecas y sean muy poco exigentes con el capital riesgo, y de que la innovación ocurra siempre en otros lugares.

De modo que, más allá de las regulaciones, la burocracia, la falta de mano de obra y su coste, todas esas causas que se citan para explicar por qué no se construye, está la decisión del capital español, que ha optado por lo etéreo en lugar de por lo físico. La industria se ha convertido en un sinónimo de rentabilidad menor. Si se quiere revertir el proceso, es preciso dirigir la inversión hacia la vida real, y eso pasa por medidas estatales y europeas que hagan las cosas más difíciles y menos rentables al capital dedicado a los juegos contables y a la extracción de rentas y mucho más fácil al que produce efectos y beneficios sobre la vida cotidiana. Es un asunto importante, y la movilización de capital se ha convertido en un asunto de primera magnitud en Europa. Pero para lograr el objetivo se necesita un periodo de represión financiera que los gobiernos no parecen acoger con la fuerza que sería precisa. Reducir el asunto a un enfrentamiento entre inquilinos y pequeños propietarios, sin tocar la estructura, puede ser conveniente para finalidades electorales, pero irrelevante en el fondo." 

(Esteban Hernández , El Confidencial, 04/10/26) 

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