1.9.26

Diego Fusaro: Islandia vota No en el referéndum sobre su permanencia en la UE... Más del 50 % de los votantes se ha pronunciado en contra de la posibilidad de formar parte de esa estructura tecnocrática, deprimente y represiva a la que se denomina, de forma pomposa y traicionera, Unión Europea, si se tiene en cuenta que la Unión Europea ha hecho que los pueblos y las naciones europeas estén más divididos y sean más conflictivos que nunca, en nombre de la competitividad, que puede entenderse legítimamente como el teorema fundacional del neoliberalismo... Se registraron resultados similares a los actuales en Islandia en Suiza en 1992, en Noruega en 1994, en Dinamarca en 2000 y en otros muchos casos. O incluso, como en el caso de Gran Bretaña en 2016, votan a favor de salir de la jaula de Bruselas... La moraleja es evidente y está a la vista de todos. Cuando se les pregunta, los pueblos europeos siempre dicen «no» al entramado tecnocrático de Bruselas, pues saben muy bien que va en contra de sus intereses y que, en esencia, supone una pérdida de derechos sociales y un empobrecimiento... no hay que olvidar las palabras del canciller alemán Helmut Kohl, quien admitió haber actuado «como un dictador» al imponer el euro y el Tratado de Maastricht, justificando esa decisión por el hecho de que un referéndum popular nunca habría dado un resultado positivo

"Ya es oficial: Islandia también ha dicho «no» a la adhesión a la Unión Europea mediante un referéndum. Más del 50 % de los votantes se ha pronunciado en contra de la posibilidad de formar parte de esa estructura tecnocrática, deprimente y represiva a la que se denomina, de forma pomposa y traicionera, Unión Europea: un nombre que promete lo contrario de lo que hace realidad, si se tiene en cuenta que la Unión Europea ha hecho que los pueblos y las naciones europeas estén más divididos y sean más conflictivos que nunca, en nombre de la competitividad y de ese «mors tua, vita mea» que puede entenderse legítimamente como el teorema fundacional del neoliberalismo. 

Como he repetido infinitas veces, la Unión Europea no es más que la reorganización verticalista del sistema capitalista tras la fecha trascendental de 1989. Una revolución pasiva, diría Gramsci, con la que los grupos dirigentes han reforzado el vínculo de poder en detrimento de los pueblos, los trabajadores y las clases medias. Casi siempre se evoca de forma inapropiada la idea de Europa para justificar la Unión Europea, que no es más que la perversión más flagrante de esa idea: la noble idea de Europa de Kant o de Husserl está tan lejos de la jaula de acero de los euromaníacos de Bruselas como lo está Marte de Plutón.

 Se registraron resultados similares a los actuales en Islandia en Suiza en 1992, en Noruega en 1994, en Dinamarca en 2000 y en otros muchos casos. La moraleja es evidente y está a la vista de todos. Cuando se les pregunta, los pueblos europeos siempre dicen «no» al entramado tecnocrático de Bruselas, pues saben muy bien que va en contra de sus intereses y que, en esencia, supone una pérdida de derechos sociales y un empobrecimiento. 

A este respecto, no hay que olvidar las palabras del canciller alemán Helmut Kohl, quien admitió haber actuado «como un dictador» al imponer el euro y el Tratado de Maastricht, justificando esa decisión por el hecho de que un referéndum popular nunca habría dado un resultado positivo. La afirmación del canciller alemán parece confirmarse a escala europea, si se tiene en cuenta, como ya se ha recordado, que los pueblos europeos expresan puntualmente su desacuerdo con la entrada en el templo vacío de la Unión Europea. O incluso, como en el caso de Gran Bretaña en 2016, votan a favor de salir de la jaula de Bruselas." 

 (Diego Fusaro, blog, 31/08/26, traducción Deepl) 

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