"Más y más información se está haciendo
pública mostrando el tipo de presiones que tales organizaciones (y, muy
en especial, el BCE y el binomio Merkel-Sarkozy) han estado realizando
para que los gobiernos reciban “ayudas” (lo pongo entre comillas porque
un porcentaje de tales transferencias está encaminado a que los estados
receptores puedan pagar sus deudas públicas a los bancos alemanes y
franceses, entre otros).
El Banco Central Europeo supedita estas ayudas
–en forma de compra de deuda pública– a que hagan reformas que
claramente debiliten el mundo del trabajo (tales como eliminar la
indexación de los salarios o la descentralización de los convenios
colectivos) y reduzcan sus estados del bienestar (tales como la
privatización de las pensiones o de los servicios sanitarios), todas
ellas medidas que tienen muy poco que ver con la génesis de la crisis o
con la salida de ella.
El argumento que utilizan para justificar la
imposición de tales políticas es que aumentarán la competitividad de la
economía de los países PIIGS y con ello aumentarán las exportaciones,
que debieran ser el motor del crecimiento económico y la salida de la
crisis.
De nuevo, la evidencia existente
(que es también bastante abrumadora) cuestiona que los países PIIGS
puedan salir de la crisis a base de tales políticas, pues el mayor
problema que tienen estos países no es ni su inexistente elevado gasto
público, incluido el social (que es de los más bajos de la UE), ni la
falta de competitividad (las exportaciones han continuado creciendo en
España durante la crisis), sino su escasísima demanda.
Pero el hecho de
que la evidencia muestre que este argumento es erróneo o falso no les
frena para que continúen imponiendo tales políticas, admitiendo, como
hacen los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, muy influyentes
en el FMI, que el impacto de tales políticas supuestamente positivas no
se verá por mucho tiempo, de diez a quince años a partir de ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario