Éstos –los bancos- han podido adquirir tales fondos faraónicos a un interés del 1% y con un cómodo plazo de devolución de tres años. Las entidades españolas (y esto es ironía, pues hay que entenderlas como apátridas que sólo sirven a sus consejos de administración y a los grandes grupos de poder) han pedido entre 120.000 y 150.000 millones. Entre ellas figuran BBVA (12.000 millones), Santander (similar a la anterior), Bankia (casi 20.000 millones), etc. (...)
De esta manera, la banca privada adquiere dinero a un 1% para invertirlo en bonos españoles o italianos a intereses más elevados, consiguiendo así una ganancia fácil e indirectamente una relajación de las primas de riesgo.
En el caso de las entidades anteriormente citadas, se prevé que inviertan parte en deuda española, garantizándose unos dos puntos porcentuales de margen financiero. Abiertamente y en muchos foros se comenta la jugada con total impunidad.
Dinero público, que sale de las arcas de una institución europea que supuestamente pertenece a toda la ciudadanía, es utilizado de esta forma para que la banca arroje nuevos dividendos.
La segunda fechoría se produce simultáneamente el mismo día. Debido al gran problema de liquidez por el que atraviesan los ayuntamientos y comunidades españolas, se han dejado de cumplir las obligaciones contraídas con todo tipo de proveedores.
Esto ha provocado que muchas empresas, cuyo volumen central de negocio dependía de las administraciones públicas, se hayan visto abocadas al cierre o hayan tenido que reducir drásticamente sus plantillas.
Pues bien, la banca privada se ha ofrecido a dar crédito a ayuntamientos y gobiernos autonómicos al 5% de interés y con un plazo máximo de 5 años. Es más, el Ejecutivo ya ha solicitado 40.000 millones de euros para entes locales y comunidades.
En este caso se aprietan más las tuercas. Casi el 4% de margen porcentual. Formidable negocio el de estas entidades, cuyo proveedor, que a su vez es mercado, les garantiza tales ganancias y sin riesgos a correr, pues como ha ocurrido, en caso de pérdidas, éstas se socializan. (...)
El atolondramiento colectivo y el miedo inducido les sirve de máscara perfecta para, ante nuestras narices, desmantelar un estado de bienestar ya cojo. Y mientras tanto, la ciudadanía se ha convertido en el gran negocio donde lucrarse. El mercado perfecto para hinchar los bolsillos nunca satisfechos." (Rebelión, 12/03/2012, '
Ciudadanía: el gran negocio de la banca',Jorge Alcázar González)
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