“Un billón de dólares”. El ministro neerlandés de Finanzas [Jan Kees
De Jager] hablaba casi en susurros cuando anunció la cantidad del nuevo
fondo de rescate europeo. Pero cuando los ministros europeos de Finanzas
mencionan el dólar para garantizar la estabilidad de la eurozona, no es
un buen presagio.
De hecho, no disponemos en absoluto del billón de dólares para el
Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el fondo de urgencia al que
deben recurrir España e Italia en caso de amenaza de quiebra. Ni tampoco
disponemos de 800.000 ni de 700.000 millones de euros, las cantidades
que cita con orgullo la declaración oficial
de los ministros.
Lo que han presentado De Jager y sus compañeros
europeos es un trampantojo. Una forma de hacer malabarismos con las
cifras que mina desde el principio la credibilidad del fondo de rescate,
que estará operativo desde el 1 de julio.
Las bases de esta magia matemática las plantearon los jefes de
Gobierno europeos. El pasado otoño, decidieron que la capacidad de
préstamo combinada del fondo de rescate ya existente [el Fondo Europeo
de Estabilidad Financiera, FEEF, creado en 2010] y del que debía
constituirse tenía que limitarse como máximo a 500.000 millones.
Luego, en su feliz mensaje, hicieron especial hincapié en esta cifra.
Lo que no se dijo es que en realidad sólo se disponía de 300.000
millones de euros contantes y sonantes, puesto que ya se habían empleado
200.000 millones del antiguo fondo para mantener a flote a Grecia,
Portugal e Irlanda.
En diciembre, los mismos dirigentes decidieron “reconsiderar” la
cantidad de los fondos combinados, lo que en el argot de Bruselas quiere
decir aumentar. Los mercados financieros, Estados Unidos, la OCDE y el
FMI explicaron que ni siquiera 500.000 millones de euros bastan para
evitar que una acción específica de los especuladores contra un solo
país (Italia) arrastre al resto de la eurozona. (...)
Resultó que era la suma de los 500.000 millones ya prometidos, más
los 200.000 millones de préstamos del fondo antiguo, más los 100.000
millones de la primera ayuda de urgencia a Grecia. Un refrito en el que
todo es apariencia.
No es la primera vez que los ministros de la eurozona realizan extravagancias aritméticas.(...)
El fondo tiene sobre todo una función disuasiva. A los ministros les
encanta sacar el “gran bazuca”, de ahí su entusiasmo por el billón de
dólares. Un fondo lo bastante importante como para que los mercados no
consideren lanzar una ofensiva contra un hermano de la eurozona más
débil.
Pero es precisamente en este punto crucial donde los gobernantes
socavan la línea de defensa de eurozona. Por segunda vez en dos años." (Presseurop, 2 abril 2012, De Volkskrant
Amsterdam)
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