“No queremos el dinero de los países ricos”, le dijo Dilma a la
canciller Angela Merkel en su reciente visita a Alemania. Criticó “el
tsunami de liquidez” creado por los países ricos para levantar una
barrera proteccionista que terminarìa hundiendo a la industria de los
países emergentes:
“La salida que ellos encontraron para enfrentar los
problemas es una manera clásica, conocida, de exportar la crisis. Cuando
el compañero Mario Draghi (ironía por el italiano que preside el Banco
Central Europeo y proviene del sector financiero privado) dice que
‘vamos a echar a rodar la maquinita que hace dinero’, está inundando los
mercados con dinero.
¿Y qué hacen los inversores? Toman préstamos a
tasas bajísimas, en algunos casos hasta negativas, en los países
europeos y corren a Brasil para aprovechar lo que los especialistas
denominan arbitraje, que, grosso modo, es la diferencia entre las tasas
de interés de allí y de aquí.
Entonces, Brasil no puede permanecer
paralizado ante eso. Tenemos que actuar. Tenemos que actuar
defendiéndonos, cosa bastante distinta del proteccionismo” (Pagina 12,
28 de marzo de 2012)." (Rebelión, 03/04/2012, 'Los BRICS y la caída de otro muro', de Raúl Zibechi
Alainet)
"La entrevista entre Dilma Rousseff y Angela Merkel el pasado 5 de marzo
en Alemania fue tensa y poco cordial. La presidenta de Brasil se viene
quejando del tsunami monetario, como bautizó la política monetaria
expansionista de Europa y Estados Unidos, que perjudica la industria de
los países emergentes.
Se despachó contra la política económica
especulativa que impulsa la canciller alemana y advirtió que Brasil es
una economía soberana y, por lo tanto, tomará todas las medidas para
protegernos (O Globo, 5 de marzo). (...)
Hasta se permitió darle lecciones a la alemana: Es importante que los
países desarrollados no hagan políticas monetarias expansionistas, sino
políticas de expansión de las inversiones, porque eso mejora la demanda
interna. (...)
En su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Económicos del Senado,
el ministro de Haciendo Guido Mantega dijo que si Brasil no hubiera
tomado medidas para evitar una revaluación del real la cotización del
dólar habría caído hasta 1.40 (hoy es de 1.80) y toda la industria
brasileña ya estaría quebrada, no tendría condiciones de competitividad y
no conseguiría exportar nada (Agencia Brasil, 14 de marzo de 2012).
El
ministro recordó que los países del norte inyectaron 9 billones de
dólares en la economía, y que ante la devaluación de sus monedas, que
considera una guerra monetaria, Brasil no puede hacer el papel de tonto. (...)
En el mismo momento que el gobierno brasileño ingresaba en la guerra de
divisas, la Casa Blanca suspendía el contrato que había ganado la
brasileña Embraer en una licitación de 20 aviones de ataque Super Tucano
por 355 millones de dólares para la fuerza aérea de Estados Unidos. (...)
La cancillería brasileña, habitualmente comedida, no ocultó su
desagrado, en especial por el momento y la forma, semanas antes de la
visita oficial de Rousseff a Wahington. Pero el dato mayor es otro: la
cancillería asegura que esa decición no contribuye a la profundización
de las relaciones entre los dos países en materia de defensa (Valor, 2
de marzo de 2012). (...)
Dos hechos nuevos deben constatarse. En las relaciones entre Brasil y
los países del norte hay un nuevo tono. El modo como Rousseff encaró a
Merkel habla por sí solo. Los países desarrollados quieren canibalizar a
los emergentes, dijo la presidenta, lo que no vamos a permitir. En el
terreno militar es igual. El jefe del estado mayor de las fuerzas
armadas, general José Carlos de Nardo, habló el 20 de marzo ante 44
oficiales que pasaron a desempeñarse en el Ministerio de Defensa: No hay
lugar para conflictos en América del Sur. Podemos enfrentar pequeñas
crisis en nuestras fronteras, que resolveremos con el traslado rápido de
efectivos (Ministerio da Defesa, 20 de marzo de 2012).
Agregó que el continente posee abundancia de hidrocarburos, recursos
hídricos, producción de alimentos y biodiversidad, y que el papel de
Brasil consiste en contribuir en el proceso de disuasión continental
contra la codicia de las potencias extranjeras. Más claro, imposible.(...)
Cuando un país del tamaño de Brasil decide ingresar en una guerra como
la monetaria, es porque está preparado en todos los terrenos para
afrontar las consecuencias.
El segundo hecho es que la región camina a marchas forzadas hacia una
creciente convergencia política, económica y financiera. La guerra
monetaria en curso es apenas el anticipo de la división del mundo en
bloques comerciales, en un ambiente de crispado proteccionismo que
comenzaría a plasmarse hacia finales de este año (Geab No. 57,
septiembre de 2011)." (Rebelión)
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