"De la crisis bancaria hemos pasado a la crisis soberana sin solución
de continuidad, pero en ese orden. La fragilidad de los bancos ha
contribuido a la generalización de un clima de inestabilidad
completamente propicio para las prácticas especulativas contra los
bancos y contra los Estados.
Cuando se produce un momento de
desconfianza y de huida a la calidad, los especuladores tienen el
terreno abonado para poner en práctica ventas en corto sobre acciones de
los bancos o sobre la deuda pública y CDS desnudos en posición de
comprador de protección contra la deuda soberana. La conexión se debe a
que el Estado aparece como asegurador ante los problemas de los bancos.
Estamos hartos de ver en la prensa que los mercados “opinan” y los
mercados no opinan nada, los operadores compran o venden y en este
escenario muchos venden si tienen miedo y ese miedo crece si ven que se
deprecian en las pantallas los títulos de los bancos o los títulos de
deuda.
Ese descenso abrupto de precios es justo lo que quieren provocar
los especuladores para obtener beneficios. Además el volumen de
negociación ha oscilado notablemente en el trascurso de la crisis y en
ocasiones ha sido especialmente reducido, lo que ha facilitado que los
fondos especulativos puedan mover el mercado con mayor facilidad.
Aunque el origen de la crisis tiene una naturaleza multidimensional,
la componente financiera ha sido decisiva; sin embargo, se ha querido
poner el acento de forma interesada en la supuesta falta de
competitividad de la economía española por el crecimiento de los
salarios, y en el abultado déficit público.
Estos argumentos no se
sostienen. En España los salarios reales, hasta 2005, crecieron muy por
debajo de la productividad, lo que implica un descenso de los costes
laborales unitarios reales. Paralelamente lo que se produjo fue un claro
aumento del excedente empresarial. Por otra parte, las condiciones
iniciales del déficit público y la deuda pública no pueden considerarse,
en ningún caso, el origen de la crisis.
En los años 2000, 2006 y 2007,
las cuentas públicas arrojaron superávit, 1%, 2% y 1,9% en relación al
PIB. La ratio de deuda pública sobre PIB, 43%, 40% y 36%, muy lejos del
60% convencional de los acuerdos de Maastricht.
En el marco del euro se dieron condiciones de bajos de interés
europeos y en España políticas que animaron el crecimiento de la demanda
privada. Y en ese contexto es en el que se fragua la expansión del
crédito que sí consideramos que es un factor fundamental en la crisis;
con la información del Banco de España ha pasado de una tasa interanual
de crecimiento del 12% al 22% en el periodo 1997-2007, muy por encima
del crecimiento nominal de la economía en ese mismo periodo (osciló
entre un mínimo de 6,9% y un máximo de 8,7% según datos de la OCDE).
Hay
una clara evidencia de que estos fenómenos de fuerte expansión del
crédito son la antesala de las crisis bancarias, ante la imposibilidad
de alcanzar un crecimiento sostenible de los balances. Según datos del
Banco Mundial el crédito interno al sector privado en porcentaje del PIB
pasó de un 78,25% en 1997 a un 202,8% del PIB en 2008. (...)
En este contexto es fácil llegar a un evento tipo Ponzi (Minsky) en el
que se pasa de una situación sostenible en la que los créditos generan a
las empresas beneficios suficientes para pagar el capital y los
intereses de la deuda, a una situación medianamente sostenible en la
que las empresas no tienen capacidad para pagar el principal de la
deuda, pero si los intereses, por lo que necesitan refinanciarse, hasta
finalmente llegar a una situación totalmente insostenible, en la que no
pueden pagar ni el principal ni los intereses. (...)
En contra de los que opinan que la situación de los bancos ya se
conocía desde el inicio de la crisis, nosotros pensamos que la crisis
bancaria actual es una consecuencia clara de las políticas económicas de
derechas, basada en los brutales recortes que contraen la actividad
económica, aumentan el paro y eliminan de la actividad productiva a
pequeñas y medianas empresas.
Los bancos no estaban en 2007 como ahora,
los tres más grandes BBVA, Santander y la Caixa han aplicado políticas
que les han permitido sortear la crisis, pero muchas cajas y en especial
Cajamadrid, Bancaja y CAM, que partían ya de una situación de extrema
fragilidad, han sufrido un proceso de deterioro financiero imparable
desde el 7 de agosto de ese año cuando los mercados interbancarios se
secaron.
A partir de ese momento los compradores de vivienda dejan de
obtener financiación fácilmente y los promotores que habían comprado
suelo a crédito dejan de tener perspectivas de ventas y dejan de pagar.
Estos indicios deberían haber servido para recolocar las políticas
públicas y tomar una verdadera conciencia de la profundidad de la
crisis.
En lugar de eso en cuanto se atisbó un ligero repunte en bolsa
se prefirió pensar en que estaban surgiendo “brotes verdes” y todo el
problema iba a acabar pronto. Con la profundización en la crisis están
surgiendo nuevos fenómenos como que bancos sistémicos como Bankia lo son
no sólo para el sistema financiero español sino para el alemán o el
estadounidense. Y es que la crisis bancaria y la crisis económica están
claramente retroalimentándose." (Econonuestra, 04/07/2012)
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