"Ahora que ya nos han intervenido en toda regla quizá comprendamos,
como país, el estado y sentir de los griegos de los que hemos estado
desmarcándonos de forma tan miserable. Somos víctimas del mismo fraude
que ellos: los de abajo pagando por estafas internacionales realizadas
por el sector financiero y consentidas por el poder político.
Los
ahorros y sacrificios son para pagar las deudas de ese sector, que es
internacional. Y los imponen los mismos políticos que sancionaron el casino.
Además, dentro de ese fraude social manifiestamente injusto, en
Europa, especialmente en la Europa del Sur, somos víctimas de una
política estúpida y miope con la que Berlín y Bruselas intentan resolver
mediante devaluación interna el defecto de nacimiento del euro, una
unión monetaria sin unión fiscal.
El resultado es una asfixiante
política de austeridad que agrava la situación. Grecia es eso. Y ahora
nosotros somos Grecia.
Es verdad que el gobierno griego mintió en sus cuentas y que el gobierno español dio alas al ladrillo para mantener su “España va bien”, “superamos a Italia” y “vamos a por tí, Francia”.
Son diferentes modalidades de la misma mentira. Meros detalles. No hay
país europeo que no haya mentido con su economía.
La mentira de Alemania
es particularmente desvergonzada y a diferencia de la española o la
griega, aun está por desvelar. Se trata de que la Señora Merkel pregona
para sus socios cosas que no practica en su país. (...)
En 2009, Alemania entró en recesión, y ¿qué hizo la Señora Merkel,
que ya no gobernaba con los socialdemócratas, sino con socios tan
neoliberales como ella?: estimuló la economía invirtiendo dinero en el “kurzarbeit”, la jornada a tiempo parcial, subvencionó al fundamental sector del automóvil con el llamado “Abwrackprämie”
, la rebaja por compra de coche nuevo a los propietarios de modelos
viejos, y metió mucho dinero en infraestructuras y escuelas sin bajar en
ningún momento los presupuestos de educación.
La lista contiene todo lo contrario de lo que Merkel dice que hay que
hacer en Europa: recortar, impedir mediante el corsé del Pacto Fiscal
cualquier huida del compromiso de déficit, nada de programas de estímulo
y castigar a la población mucho más allá de lo soportable – lo de
Grecia, capítulo en el que ahora va a entrar España.
Este cinismo no es particularmente malvado ni exclusivo de la
canciller: es lo que se ha hecho siempre desde los países más poderosos
de Occidente: recomendar e imponer políticas, a Rusia, a América Latina,
al tercer Mundo en general, que ellos nunca practicaron en casa por la
sencilla razón de que la austeridad unilateral nunca ha funcionado en
ninguna parte y porque las enormes tasas de paro del 20%, que Grecia y
España sufren, desestabilizan las sociedades y convierten a sus
gobiernos en misión imposible. (...)
Como la actual receta obviamente no funciona, hay que ir en otra
dirección. Una solución podría ser la alemana, pero la de verdad, no la
leyenda, y, naturalmente, adaptada a nuestras condiciones y , a poder
ser, manifiestamente mejorada.
Es decir; aflojar la austeridad,
denunciar la deuda y no pagarla (por lo menos en toda aquella parte
manifiestamente odiosa), hacer caso omiso del estúpido Pacto Fiscal,
invertir en educación y en transición energética hacia renovables de
forma descentralizada y sostenible, practicar una política fiscal menos
injusta que grave a los más ricos, acabar con la ignominia de los
desahucios, cuidar nuestra satisfactoria sanidad, mejorar nuestras
universidades y formación profesional, etc., etc.
Obviamente para ello es preciso una sociedad despierta, activa y
comprometida con tal programa. Son necesarias nuevas fuerzas políticas.
Y como el caso griego ha evidenciado con sus 17 jornadas de huelga
general, no basta con protestar en casa contra decisiones que vienen de
fuera, sino que hay que actuar directamente contra Bruselas y Berlín,
en coordinación con los sindicatos y la ciudadanía de otros países y
teniendo siempre mucho cuidado en no degenerar en un nacionalismo
excluyente. (...)
El “más Europa” merkeliano no es más que un fraude que se agita
para tapar las desastrosas consecuencias del anterior, es decir para
cubrir el desastre ocasionado por la austeridad y la disciplina
dirigida a pagar deudas odiosas. No creo que ni la propia Merkel se lo
crea, pero algo debe decir para seguir pasando por europeísta cuando es
la líder de la desolidarización europea, Habermas dixit.
Lo que está en crisis no es el euro, sino precisamente una Europa construida conforme a los mercados. Contra esa fracasada Europa conforme al mercado que se quiere profundizar –lo que evidencia que los burócratas de Bruselas no han entendido nada-, hay que inventar una Europa conforme a los ciudadanos y sus naciones.
No funcionará como unos Estados Unidos de Europa,
pero eso es más virtud que defecto. Será algo necesariamente ambiguo y
fofo, pero ahí estará la gracia porque esa es la vía democrática." (La Vanguardia, 11/07/2012,
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