"Nuestro país no puede sobrevivir en el euro y, con independencia de lo
que quiera el centro derecha y piense mayoritariamente la izquierda y
muchos de sus dirigentes, la desvinculación de la moneda única es
inexorable. (...)
No se enteraron de lo que implicaba, económica y socialmente, la moneda
única, y siguen sin querer saber las consecuencias que tendrá. Viven
pensando que la crisis actual es un accidente que tendrá pronto remedio,
que el pasado volverá y que todo lo que es necesario es ponerle un
ápice de política social a la estricta política económica necesaria para
remontar la situación.
Se alaba la austeridad y se reconoce que es
inevitable disminuir el déficit público, como si esa fuera la cuestión
fundamental. Izquierda Unida, que tuvo el honor de oponerse a Maastricht
con un debate muy rompedor en su seno, defiende ahora una salida
progresista a la crisis, pero se queda sin respuesta, como pasó en el
debate de investidura, cuando Rajoy contestó que muy bien, pero que los
inversores extranjeros no nos prestaban dinero si no se acometían
ajustes y recortes.
Si la salida progresista de la crisis, que también
desean los sindicatos, fuera posible y sencilla de practicar, ¿alguien
piensa que no la hubiera aplicado el PSOE, e incluso el PP, aunque en
este caso hay que introducir otras consideraciones políticas? Las
perspectivas, desde mi punto de vista, son muy negras, al punto de que
he llegado escribir un artículo afirmando que la crisis todavía no ha
empezado.
Pues vaya…
Estamos no en el borde, sino
cayendo por un precipicio cuya profundidad no se conoce. No es posible
hacer pronósticos sobre el tiempo, así que todos los anuncios de brotes
verdes son mentiras. (...)
Tratemos de verlo desde el punto de vista de los que quieren seguir
en el euro. Imaginemos que fuera posible, ¿cuál sería el coste? Al
final, las deudas hay que pagarlas… ¿a cuánto nos tocaría por cabeza?
El
núcleo del problema es el endeudamiento de todos los agentes
económicos, o su alto “apalancamiento”, como también se dice. Las
familias deben mucho en relación con su renta disponible. Las empresas
tienen una relación muy desequilibrada entre su capital propio y ajeno.
La banca tiene muchas deudas contraídas y sus activos, muy ligados a la
vivienda, suelo y promotores están sobrevalorados, son muy ilíquidos,
tienen poca rentabilidad y sus plazos de amortización están desajustados
con el calendario de sus pasivos. Las instituciones públicas no tienen
ingresos suficientes para cubrir sus gastos y los compromisos de las
deudas que tienen contraídas.
Y el país en su conjunto, resultado de los
grandes déficits de la balanza de pagos y una actividad financiera
global disparatada, tiene unos pasivos frente al exterior que superan
los 2,3 billones de euros, esto es, casi 2,3 veces el PIB. (...)
¿Y cómo hemos llegado a eso?
El origen de esta situación
tiene que ver con el euro. Una vez implantado y conectados los mercados
financieros se obtenía financiación a raudales en los mercados
internacionales y a tipos de interés muy bajos, puesto que todas las
emisiones se hacían en una moneda común que no hacía distingos por
países, pues ya no había que cubrir los riesgos de devaluación de las
monedas de los países más débiles.
Los tipos de interés de la deuda
pública alemana y la deuda pública española eran parecidos. Esta
situación duró hasta el estallido de la gran crisis financiera
internacional que desató la quiebra del banco estadounidense de
inversiones Lehman Brothers. Durante ese tiempo nadie cayó en que se
estaban produciendo desequilibrios muy profundos en las relaciones
económicas de los países euro, y por tanto que algunos de ellos estaban
acumulando deudas insostenibles.
Los más ilusos, que hubo muchos,
llegaron a pensar que con el euro se había inventado algo maravilloso:
se podía crecer y acumular déficits porque con la moneda común no había
problemas de financiación. (...)
Tengo la impresión de que la gente sabe que estamos ante una crisis grave, pero que desconoce la magnitud de la tragedia.
Es
evidente que se manipula a la opinión pública y que se aprovecha el
problema marginal del déficit público para justificar la brutal política
de recortes que se está llevando a cabo y que es inútil porque deja el
problema de fondo intacto, si no agravado. Todo esto que cuento deja sin
interés la pregunta de cuánto tendremos que aportar cada uno por la
deuda. La crisis no es un cociente con un numerador que, por lo demás,
no sabríamos cuál es: ¿los pasivos exteriores?, ¿la deuda pública? Lo
del “per cápita” en sociedades tan profundamente desiguales es una
entelequia. La crisis es un clima, una situación, donde el sufrimiento
personal alcanza una casuística tan enorme que no hay comparaciones
posibles. Un parado pagará poca deuda. Un desahuciado es posible que se
libre de la hipoteca, pero se ha quedado sin casa. Un inmigrante
irregular no tendría que preocuparse del déficit público, pero puede
morir en la calle sin asistencia. (...)
El sistema bancario está en quiebra. La calificación de las emisiones de
los bonos y acciones de las empresas importantes se rebaja cada día. La
morosidad crece y los desahucios también. Este es el cuadro actual,
pero lejos de ser estático tiende a empeorar por la recesión y porque la
desconfianza que suscita la economía española es completa, dentro y
fuera del país.
La prima de riesgo de la deuda pública crece
incontenible y con ella todos los tipos de interés aplicados a las
empresas y entidades españolas, que son las que soportan la mayor parte
de la deuda externa. De los 2,3 billones que he citado, 2 billones
corresponden al sector privado. (...)
Lo mejor para nuestro país, para la inmensa mayoría de los ciudadanos,
sería desvincularse del euro y recuperar soberanía e instrumentos de
política económica.
El país “rescatado” no se libera de sus
deudas sino que estas aumentan y se hacen más onerosas. Por así decir,
el “rescate” implica una agonía sin fin. La otra alternativa, la de
desligarse del euro y recuperar muchos de los resortes con que ha
contado la política económica históricamente para llevar a cabo las
políticas necesarias que reclama la sociedad, conmocionará sin duda
alguna al país.
Es muy difícil calibrar todas las consecuencias
que desatará esa salida, pero frente al rescate, tras un período
difícil, muy difícil y complejo si se quiere, no hay que engañarse, abre
todas las oportunidades para recuperar y rehacer el país. Algún lector
avispado preguntará inmediatamente:
¿y qué pasará con la deuda externa
que además se elevará considerablemente en términos de nuestra nueva
peseta tras la devaluación que tendrá lugar?
Por mi parte, no puedo
afirmar otra cosa que la salida del euro lleva aparejado inevitablemente
el impago de la deuda, con los matices que puedan incorporarse.
Palabras mayores, un grave problema, pero irresoluble de otra forma. (...)
¿Y cuál crees que sería el impacto en la UE de una salida del euro
por parte de España? ¿La seguirían otros países? ¿Podría significar el
fin del euro?
Sin duda muy importante por el peso económico y
financiero de nuestro país. Las fichas del dominó no son todas iguales,
y tras Grecia, Portugal e Irlanda la caída de España, bien en la
versión rescate o bien con la salida del euro, conmovería los cimientos
de la unión monetaria, tanto más cuanto que se sabe que cuando se
resuelva nuestro caso espera el de Italia. El disparatado proyecto del
euro aún dará muchos quebraderos de cabeza a los dirigentes europeos. (...)
Mi confianza es que la lucha y la necesidad de ofrecer una alternativa
acaben por hacer evidente que romper con la unión monetaria es
inevitable. Estamos en la barbarie
No es la vuelta a la edad
media ni a la autarquía. Puedo reconocer que los cambios producidos
complican esa vuelta, pero no al punto de que la sociedad se condene a
un período indefinido de sacrificios y desolación por no querer
rectificar unos pasos en falso.
La complejidad técnica de ello es
innegable, pero del mismo modo que las dificultades técnicas no
impidieron adoptar el euro tampoco ahora podrían impedir implantar la
peseta. La nueva moneda tendría que sufrir una significativa devaluación
y el Banco de España podría recuperar su prestigio perdido volviendo a
sus viejas tareas de emitir y distribuir la moneda nacional. Si tiene
suerte Grecia, siempre podrá servirnos de modelo.
Al pasar del euro a la peseta, las deudas en euros crecerían por efecto de la devaluación.
Sí,
la montaña de la deuda ahí está y veo dos problemas fundamentales. Uno
es si se podrá hacer frente a la deuda externa que tiene
fundamentalmente el sector privado de la economía –aunque también hay
unos 300.000 millones de euros de deuda pública en manos de
extranjeros–, sobre todo después de elevarse su cuantía con la
devaluación indicada de la peseta.
Los euros que se deben valdrán más
pesetas. No será posible, y aquí, en una economía de mercado, cada
acreedor y deudor tendrá que correr con las consecuencias de sus
decisiones en el pasado. Habrá mucha agitación en los mercados,
desconfianza generalizada en el país y sin duda muchos impagos, razón
por la cual se piensa que a nuestro país no se le dejará caer." (Rebelión, 13/07/2012, 'Salir del euro, la mejor opción', Miguel Riera,El Viejo Topo)
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