"Pero la crisis global no es única y exclusivamente una crisis financiera. Tampoco es una crisis causada por simples
fallas de mercado. Es una catástrofe de dimensiones macroeconómicas y no es posible pensar en su largo tiempo de gestación sin considerar las fuerzas macroeconómicas que la provocaron.
Una de esas fuerzas es la desigualdad económica. Sin un análisis
cuidadoso de este hecho no se puede comprender la naturaleza y alcances
del colapso. Lo cierto es que a mediados de la década de los años
setenta, los salarios dejaron de crecer en las economías de Estados
Unidos y las de los principales países europeos.
Es un hecho de
fundamental importancia: en términos reales, es decir, descontando los
efectos de la inflación, los salarios dejaron de aumentar. Se rompió así
la tendencia que venía manifestándose desde 1945 (los salarios habían
seguido de cerca el incremento de la productividad). En 1973, la
evolución de los salarios acusa una clara tendencia al estancamiento.
Una manifestación de este hecho puede observarse en la participación
de la masa salarial en el ingreso nacional. Para el G-7, responsable de
50 por ciento del producto mundial (Estados Unidos, Alemania, Francia,
Inglaterra, Japón, Canadá e Italia) la declinación de la masa salarial
es notable a partir de 1975.
Eso significa que durante los últimos 40
años los aumentos salariales fueron inferiores a los incrementos en la
productividad y las ganancias vieron aumentar su parte del ingreso
nacional.
Aunque ya hemos señalado que el fenómeno se presenta en las
principales economías capitalistas, las consecuencias no fueron siempre
las mismas. En Estados Unidos el consumo siguió siendo el principal
motor del crecimiento.
¿Cómo fue eso posible? La respuesta es que el
retraso en el comportamiento de los salarios se acompañó de un fuerte
crecimiento del endeudamiento de las familias. Los salarios fueron
reemplazados por el crédito, como el principal instrumento para la
reproducción de la fuerza de trabajo.
Este aumento en la deuda privada permitió mantener los niveles de
vida a los que ya se había acostumbrado el grueso de la clase media
estadounidense. La tasa de ahorro se desplomó estrepitosamente.
Innovaciones como las tarjetas de crédito y otros instrumentos (como el
uso de la apreciación en el valor de las casas como garantía para
respaldar nuevos créditos en los años noventa) facilitaron el proceso.
El sector bancario dio la bienvenida a esta nueva clientela mientras la
desregulación bancaria, la bursatilización y una política monetaria
acomodaticia dieron impulso al proceso. La mesa estaba puesta para la
crisis.
En Europa el proceso fue diferente. En Alemania, por ejemplo, el
ritmo lento de los salarios y los recortes en el gasto social se
acompañaron de una caída en el consumo y un aumento en la tasa de
ahorro. Debido a diversos factores, las familias alemanas prefirieron
sustentar sus niveles de consumo a partir del ingreso corriente en lugar
de recurrir al endeudamiento.
Esto se tradujo en una importante
represión de la demanda agregada, un freno para el crecimiento y un
factor de desempleo. El descenso en el consumo doméstico tuvo que
compensarse a través de fuentes alternativas de demanda agregada. Los
mercados de exportaciones fueron la solución para este problema.
Tanto en el caso de Estados Unidos, como en Alemania, el
estancamiento de los salarios provocó un aumento en la desigualdad. Esa
intensificación en la desigualdad en casi todas las economías
capitalistas en las últimas décadas trajo aparejada una mayor
inestabilidad en los patrones de inversión.
Pero también trajo consigo
un incremento en los desequilibrios internacionales (entre países
superavitarios y países deficitarios) que son un importante marco de
referencia de la crisis global." (Attac España, 16/09/2012, Alejandor Nadal)
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