"El problema de fondo de la economía española no es, con una deuda
pública por debajo de la media europea, un excesivo endeudamiento
público. Tampoco lo es la crisis bancaria, después de haber sido
rescatada con los 100.000 millones para su recapitalización.
Desde luego
no es el miedo a un contagio griego, a pesar de la victoria de los
partidarios del Memorandum. : los
empresarios no invierten, los ciudadanos no consumen, los bancos no
prestan y la política económica no asume su responsabilidad en la
movilización de los recursos. (...)
Un reciente estudio
publicado por el FMI recoge lo que la intuición económica conocía ya
desde hace tiempo: Insistir en la consolidación fiscal cuando todavía no
se ha salido de la recesión agrava el coste del ajuste, retrasa la
reducción del déficit y de la deuda y empeora el sentimiento de los
mercados.
Cualquier plan de consolidación fiscal que se aplique en las condiciones actuales deberá implementarse a lo largo del ciclo, concentrándolo cuando la economía empiece a recuperarse. Justo lo contrario de las políticas del Gobierno español, que concentrará más de la mitad de los 65.000 millones de euros de ajuste (en torno al 6% del PIB) en 2012, en el punto más bajo del ciclo.
El límite marcado por Bruselas para alcanzar el 3% del déficit en 2014 no sólo es inalcanzable, tampoco es deseable. Retrasar este ajuste hasta 2016 o 2017 contribuiría a reducir sus efectos contractivos. Debería ir además acompañado por políticas de impulso fiscal en aquellas economías europeas que mantengan posiciones fiscales saneadas.
Cualquier plan de consolidación fiscal que se aplique en las condiciones actuales deberá implementarse a lo largo del ciclo, concentrándolo cuando la economía empiece a recuperarse. Justo lo contrario de las políticas del Gobierno español, que concentrará más de la mitad de los 65.000 millones de euros de ajuste (en torno al 6% del PIB) en 2012, en el punto más bajo del ciclo.
El límite marcado por Bruselas para alcanzar el 3% del déficit en 2014 no sólo es inalcanzable, tampoco es deseable. Retrasar este ajuste hasta 2016 o 2017 contribuiría a reducir sus efectos contractivos. Debería ir además acompañado por políticas de impulso fiscal en aquellas economías europeas que mantengan posiciones fiscales saneadas.
Por supuesto que hay espacio para
eliminar duplicidades y racionalizar el gasto. ¿Qué economista podría
estar a favor del despilfarro? Pero el verdadero derroche proviene de
aquellas políticas que imponen recortes indiscriminados en sectores
clave para el crecimiento futuro.
Las fuertes reducciones de gasto en educación, I+D+i, sanidad,
infraestructuras y tecnologías medioambientalmente sostenibles, no sólo
detraen el consumo y la inversión con efectos inmediatos sobre el PIB y
el empleo, sino que reducen el crecimiento potencial, nos alejan del
necesario camino hacia la convergencia con Europa y ponen en riesgo el
futuro de las generaciones venideras. La austeridad forzada tiene un
nombre, se llama pobreza.
Desde luego que son necesarias profundas
reformas que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas y
relancen el crecimiento. Pero éstas no deben confundirse con las que
impone la Troika, centradas exclusivamente en una devaluación interna
que deprime aun más la demanda interna.
El tiempo se acaba para España, porque
insistir en una política que agrava la depresión acabará destruyendo el
tejido industrial y la cohesión social, hipotecando por años las
posibilidades de recuperación. Y el tiempo se acaba también para Europa,
porque aferrarse a políticas que destruyen la solidaridad entre países
apunta directamente sobre su base fundacional: el Estado del Bienestar
es la propuesta de la Unión Europea para el mundo." (Economistas frente a la crisis, 07/09/2012)
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