"Puede que no lo sepan: en la Europa del Norte mucha gente piensa que
la prima de riesgo, el diferencial entre el tipo de préstamos entre sus
países "virtuosos" y los que están en dificultades, es el fruto de un
pecado católico. En alemán, la palabra "schuld" no significa deuda
únicamente, sino también falta.
Sin embargo, este matiz semántico
refleja unas diferencias culturales profundas y ayuda mejor a comprender
la desconfianza -incluso el prejuicio- de ciertas naciones de la Europa
del Norte hacia países a los que se considera como miembros de un
despreocupado "Club Med".
La prima de riesgo entre los títulos de deuda pública españoles e
italiano, por una parte, y los alemanes de la otra, termina por asimilar
una supuesta superioridad ética, más discriminatorios que los
presupuestos de los Estados en cuestión, retrotrayéndonos a valores que
entremezclan cultura y religión, e inyectando nuevos venenos en las
venas fatigadas de Europa.
Y es que en la realidad un tabú acaba de ser roto, llevando a primera
plana los fantasmas de la Reforma y de la Contrarreforma, guerras
combatidas a la sombra del Dios europeo. Este aspecto de las polémicas
de estos últimos meses apenas ha sido evocado, pero aparece de forma
intermintente, mientras que el euro ya no evoca la riqueza o la
estabilidad sino el paro, la pobreza y la decadencia.
La retórica contraria a los italianos y a los mediterráneos, y, en
sentido contrario, la retórica anti-alemana, se alimenta de forma
consciente de estereotipos culturales pero también religiosos. Verdades
"antiguas", encastradas en la memoria del Viejo Continente y que valdría
la pena no exhumar a riesgo de romper el difícil compromiso entre sus
naciones, que durante décadas ha garantizado la paz social y política.
La incertidumbre sin embargo hace que afloren en los espíritus de los
que están a favor de nuevos aislacionismos, en la convicción ilusoria de
que solo uno se puede salvar con más seguridad que con otros.
Richter es un comentarista católico, y sobre todo es alemán. Según su
teoría, "un exceso de catolicismo perjudica a la salud fiscal de las
naciones, incluso hoy en día, en el siglo XXI". Así, el resentimiento
actual de la Europa del Norte con respecto a la "otra Europa" derivaría
de que no se aplicase esa "ley de Lutero", cuya violación estaría en el
origen de nuestros males.
Si, al contrario, esas exhortaciones
imaginarias se hubiesen interpretado correctamente, "el euro sería más
coherente y la economía europea no se encontraría en tales
dificultades". En pocas palabras: para analizar si una nación es capaz
de formar parte de la moneda única, no se debería haber examinado sus
finanzas, sino sus cromosomas religiosos. Todo habría sido entonces más
fácil.
Por lo demás, es muy simple: los llamados Pigs, o Piigs, acrónimo
en inglés formado por las primeras letras de Portugal, Irlanda, Grecia y
España, a los cuales, con la doble i, se añade Italia, son todos
--salvo Grecia, ortodoxa-- países de mayoría católica.
La novedad es que esta etiqueta ha tomado últimamente un sentido no
solo coyuntural, ligado a una crisis del capitalismo financiero
exportada desde Estados Unidos, sino de una sentencia, de una condena
definitiva de una cultura, de una manera de gobernar, y más aún, de una
religión.
En el origen de esta "falta" de las naciones endeudas estaría
su incapacidad de emanciparse del catolicismo: un modo de vida más aún
que una fe, que se permite pasar de la compra de las indulgencias para
hacerse perdonar los pecados a una tolerancia excesiva en materia de
"pecados fiscales".
La polémica lleva a algunos economistas, sobre todo
españoles, a remontarse a los orígenes del capitalismo para desmentir
los orígenes protestantes y oponerles su dinamismo en la católica España
en los tiempos, precisamente, de la Reforma y de la Contrarreforma. (...)
Para el alemán medio, la ayuda de los fondos europeos de
estabilización financiera a los "malos alumnos" sería una concesión
inaceptable a la "cultura del pecado" y de la deuda omnipresente en una
Europa católica considerada incorregible.
Resulta difícil de comprender, sin tener en cuenta este contexto, la
incomunicabilidad aparente entre las clases dirigentes europeas ni la
tentativa de algunos círculos políticos y económicos de
instrumentalizarla y sacar partido de ella.
Parecería, pues, que sobre la crisis de los mercados financieros se
intenta resucitar un conflicto entre católicos y luteranos, con las
polémicas sobre las ayudas como casus belli. Para algunos, el conflicto
se explica por la desviación del eje europeo hacia el Norte y el Este, y
por lo tanto, como consecuencia de la ampliación de la Unión, por una
influencia creciente de las naciones protestantes.
No es una casualidad
que se diga hoy que Finlandia está en el núcleo de la Unión Europea,
mientras que Italia estaría en la periferia. Es una de las numerosas
consecuencias del fin de la Guerra Fría.
Tras una comunidad europea que ha desarrollado su unidad a lo largo de
un eje centro-sur, Alemania-Francia-Italia, nos encontramos ahora con
una comunidad en la cual la nación alemana ha instaurado su hegemonía y
que a veces parece cultivar la revancha de las tradiciones protestantes y
del Este sobre los católicos alemanes y su entusiasmo por Europa. La
canciller Angela Merkel viene de Alemania del Este y es hija de un
pastor protestante. Joachim Gauck fue pastor luterano." (Presseurop, 7 septiembre 2012,Corriere della Sera
Milán)
No hay comentarios:
Publicar un comentario