"Rajoy ha tratado de hacer frente a la crisis mediante una receta que contiene tres ingredientes principales. (...)
El primero es una gran dosis de disimulo para tratar de ocultar las
mentiras, los incumplimientos programáticos y los juegos de manos que
está habituado a hacer. Todo el mundo sabe que el presidente es un
consumado especialista en mirar a otro lado cuando se presenta un
problema para tratar de solucionarlo por el simple expediente de dejar
que se pudra o que desparezca solo. (...)
El segundo ingrediente de la receta Rajoy es un prontuario ideológico
muy elemental y en su caso desarrollado con una retórica bastante pobre
pero que contiene todos los principios ideológicos del neoliberalismo.
Sea por convicción, por conveniencia o por necesidad, Rajoy forma parte
de esa cohorte de políticos y economistas que se ha creído que los
primitivos dogmas neoliberales que recitan de memoria, y cuya eficacia
nadie ha conseguido demostrar, son realmente capaces de resolver los
problemas que tienen por delante. (...)
El tercer ingrediente es una estrecha alianza con las clases dirigentes,
con las élites profesionales, económicas, mediáticas y financieras que
vienen dominando a la sociedad española desde hace decenios y,
principalmente, gracias a la libertad de acción que le concedió la
dictadura fascista durante cuarenta años y que la democracia no ha
sabido o querido eliminar. (...)
Conceder más privilegios a los privilegiados es un remedio, pero muy
efímero cuando la situación económica es tan agobiante. Los empresarios
se alegran cuando una reforma laboral les da más poder pero pronto
comprueban que eso no les sirve de mucho cuando lo que les falta son
clientes en la puerta y créditos que los bancos no les conceden. (...)
La conclusión es evidente: solo con mentiras, con un prontuario
ideológico de Todo a cien que está bien para espantar a ingenuos pero
que es completamente inútil para solucionar problemas económicos reales,
e incluso con cada vez menor apoyo de los grupos oligárquicos no se va a
ningún sitio, dada la situación a la que ha llegado nuestra economía y
nuestra sociedad, harta ya de incompetencias, de improvisaciones y de
excusas.
España (de la mano del PP y del PSOE) cayó hace tiempo en la trampa
que supuso la política monetaria expansiva que el Banco Central Europeo
adoptó (sin tener en cuenta su efecto sobre los demás países) para
facilitar la recuperación de Alemania cuando su economía corría peligro
de estancamiento.
El exceso de ahorro y capital que gracias a ello
obtuvo Alemania se tradujo en un flujo ilimitado de capital que nos
inundó provocando un déficit exterior casi simétrico al superávit
alemán, una burbuja inmobiliaria y un endeudamiento fatal de nuestro
sector bancario del que se derivó el de las empresas y familias.
Mientras que nos llegaba financiación barata casi nadie puso objeciones
(ganando tanto dinero como estaban ganando los grupos que influían en
las decisiones de los sucesivos gobiernos) y todos se jactaban de
dirigir la mejor de las situaciones posibles.
Pero cuando España dejaba
de tener financiación externa y tuvo que dedicarse a hacer frente a la
deuda exterior, las empresas y los consumidores dejaron de tener acceso
al crédito, la demanda agregada (sobre todo el gasto dedicado a bienes y
servicios nacionales y no tanto a los de fuera) se vino abajo, el
negocio de la construcción saltó por los aires, se desbocó el paro… y
empezó el llanto y crujir de dientes.
Casi inmediatamente aumentaron los gastos fiscales (desempleo y
ayudas de todo tipo) y los públicos extraordinarios dedicados a evitar
el colapso, cayeron los ingresos y el déficit se disparó, aumentando una
deuda pública que se añadía a una privada mucho mayor aún.
Como no se podía acudir a la financiación fácil y barata de un banco
central y como los financiadores privados no son tontos y sabían que, en
esas condiciones, la situación necesariamente iba a ir a peor,
comenzaron a apretar las tuercas y así hemos llegado al abismo en el que
estamos.
A mí me parece que a estas alturas es una completa estupidez que los
españoles y los europeos nos sigamos engañando. La realidad indiscutible
es que la deuda (no solo española sino la que se ha acumulado en el
conjunto europeo) es materialmente impagable. No hay posibilidad alguna
de que España o Italia, por no hablar de Grecia, Irlanda o Portugal,
puedan pagar todo lo que deben, y mucho menos en las condiciones
impuestas y en las que van a ir imponiendo los financiadores privados.
Solo hay dos soluciones posibles (aparte, claro está, de dejar que
los deudores se declaren en bancarrota, de desencadenar una inflación
galopante o de provocar una guerra dramática y se empantane toda Europa y
la economía mundial) para absorber la deuda que se ha acumulado.
La primera, que se la cobren los acreedores a base de adquirir a bajo coste el patrimonio que queda de los deudores.(...)
Es posiblemente lo que se busca con el diseño que los alemanes han
hecho del banco malo (para poder quedarse con la mayor parte posible de
la riqueza inmobiliaria que pueda salvarse), lo que seguramente trata de
sondear Merkel en la visita que estos días nos hace, y lo que
organizarán los hombres de negro (con privatizaciones de todo tipo)
cuando seamos intervenidos tras un rescate que en cualquier caso no
servirá para arreglar la situación.
La segunda alternativa es llegar a un acuerdo general de
reestructuración y quita de la deuda (algo que Alemania trató de evitar
obligando a la reforma constitucional de hace un año) para abordar un
plan de regeneración económica bien organizado y consensuado desde
principios de justicia social, solidaridad y compromiso con los
intereses generales.
Los españoles deberíamos decidir pronto si queremos entregarnos o salvar y rescatar de verdad a España." (Juan Torres López, 05/09/2012)
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