"Lo peor que puede pasarle a un pueblo es enterarse que está en guerra
cuando ya la ha perdido. Este triste destino parece cebarse con España
desde 2004. (...)
Así subió al poder Zapatero, un hombre igualmente desnudo, al que sólo
el lento automatismo de la bomba de relojería que avanzaba en España
mantuvo vestido durante un tiempo.
Luego, cuando esa bomba, producida
por la alianza del un gran número de agentes políticos instalados en
ayuntamientos, comunidades y cajas de ahorro, estalló en la manos de los
españoles, llevándose sus ahorros de manera infame y meticulosa, nadie
tuvo agallas para decirle al país la verdad: que éramos un país
arruinado por la avaricia, equivocado por la incapacidad de entender el
capitalismo, moralmente desquiciado por la arrogancia, el impudor y la
falta de control pulsional mínimo, capaz de cometer injusticias
continuas con nuestros conciudadanos.
En suma, que teníamos problemas
para sobrevivir como sociedad en el futuro. Que todas las alarmas se
habían disparado y que la solidaridad mínima para formar una sociedad
estaba rota. Que el ajuste que teníamos que hacer en nuestras vidas era
tan fuerte como intenso había sido el disparate en el que nos habíamos
embarcado.
Nadie elevó una palabra capaz de orientar a nuestra gente. Así hemos ido
entregando trinchera a trinchera, sin que nadie nos avisara de que era
una guerra y de que vivíamos en una situación de excepcionalidad. Y
ahora, somos un ejército en desbandada, huyendo cada uno hacia donde
puede.
El gobierno Rajoy dio la orden de «sálvese quien pueda» cuando
proclamó una amnistía fiscal para unos y sumió a otros en la cárcel
fiscal del IVA, de los recortes a la protección, de las rebajas de
salario. Esta medida, injusta y estéril, es un grave error, como lo fue
justificar el aumento del IVA porque no se paga.
¿Por qué no también una
amnistía para eso? La gente que sostiene el país no tiene esperanza
alguna en aquellos a quienes se lanza el anzuelo de la amnistía fiscal.
¿Para qué ese agravio, entonces? Desde ese momento, cuando el gobierno
dijo que sólo hay dinero, y no justicia, el país no tiene orden ni
concierto y un colectivo acusa al otro y dentro de cada colectivo unos
señalan a los otros y así hasta el enfrentamiento personal. Todos buscan
el agravio en todos y sólo se ponen de acuerdo para denunciar que el
gobierno nos agravia a todos.
Así que necesitamos que alguien nos diga la verdad. Ante todo, esto. Y
la primera verdad es que estamos derrotados en esta guerra económica que
hemos librado sin saberlo y sin que nuestros líderes nos lo digan.(...)
Así que hemos perdido una guerra contra nadie, una guerra anónima,
contra un dispositivo inhumano, que desde luego sabe qué debe heredar de
los antiguos amos. Tributos. Nadie enseñó a nuestro pueblo que
desconocer la objetivación de la economía a través del mercado, que
tiene sus propias reglas, implica un desastre económico y «en el largo
plazo lleva a la ruina».
Hoy no es posible dirigir al cosmos de acciones
económicas objetivas demandas éticas. «El cosmos objetivo del
capitalismo no deja lugar para todo esto». Tampoco era un buen padre
cuando distribuía créditos. Entonces nos estaba derrotando. Nuestros
intelectuales no enseñaron esto. Nuestros políticos lo ignoraron.
Nuestras universidades pensaban en otra cosa. Lo poco que había de
inteligencia en España se entregó a excavar tumbas que sólo podían
recordar nuestra propia infamia pasada para ocultar la locura del
presente.
En estas condiciones, ignoro lo que la gente pensó que votaba al elegir a Rajoy. (...)
Rajoy no debía sugerir ni por un instante que él estaba allí para no
hacer lo que Zapatero. La gente que lo votó no debería engañarse hasta
el punto de creer las promesas estúpidas que hizo Rajoy. Ese juego es de
doble culpable, de quien prometió y de quien creyó la promesa.
La
realidad es que todo hubiera sido más claro si hubiera dicho: no puedo
prometer nada, porque el derrotado tiene poco margen. Sólo le está
permitido firmar la paz. Y ésta la dicta el vencedor. Entonces, todo
habría estado claro. Habríamos apretado los dientes y al menos nos
sentiríamos confortados de que alguien supiese lo que llevaba entre
manos. (...)
En realidad, lo mejor que podrían hacer unos y otros es que sus
partidos, el PP y el PSOE, pidieran perdón al país porque los dos son
responsables de esta derrota. Así estaríamos en condiciones de comenzar
de nuevo a ganar la paz." (Attac Madrid, 28/08/2012,
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