"El 1 de Septiembre marca un punto de inflexión en nuestro camino a la pobreza. (...)
Sube el IVA con incrementos sin precedentes. En múltiples productos.
Puede que entre lo más notable esté la elevación del precio de las
proteínas: carne, pescado… Como en tiempos de la posguerra habrá que
dosificarlas, tomarlas mucho más de tarde en tarde. (...)
A partir de ese 1 de Septiembre también pagamos íntegramente
medicinas de uso muy habitual como el Almax o el Fortasec, expectorantes
o –con más consecuencia para quienes lo necesitan- vasodilatadores
periféricos. En torno a 150.000 emigrantes se verán privados de la
sanidad pública, salvo en urgencias, contraviniendo los derechos
humanos.
Todo es para pagar un pufo de los poderes financieros que los
ciudadanos de a pie no causamos. Espero que todo el mundo recuerde el
inicio de la crisis mundial. Ésa que agravó en España la burbuja
inmobiliaria –inflada por el PP y no desactivada por el PSOE de
Zapatero- y nuestro endémico tejido productivo basado en el turismo y
los servicios.
Toda Europa se encamina a la pobreza.
Le Monde recoge las declaraciones de un responsable de Unilever, una
potente industria de alimentos cosméticos anglo-holandesa, que así lo
afirma textualmente. Y en ese conjunto hay sociedades destinadas a
pasarlo peor.
Muy prácticos los de Unilever, declaran que van a tratar
al mercado español como a los países asiáticos en vías de desarrollo:
venden productos en envases más pequeños para que sean más baratos. El
gasto se nota menos, aunque sea el mismo.
Porque ¿Qué nos espera? Se puede firmar y rubricar que con estas medidas no “se sale de la crisis”, se ahonda. (...)
Pero es a Grecia adonde debemos mirar con más atención aún. Tenemos
en común con ese país la corrupción política y la tolerancia social a
esa corrupción. Algo que siempre pasa una durísima factura. Y aunque en
una economía aún más débil, los mismos fundamentos productivos: turismo y
construcción inmobiliaria.
El escritor griego Petros Márkaris ha escrito un libro, Las luces se
apagan, donde reseña el camino seguido tras 18 meses de “reformas”
noeoliberales. Y es desolador. Entresaco algunos párrafos del artículo que Márkaris ha escrito en El País y que merece la pena leer completo:
“Mientras tanto, el conjunto de los ciudadanos sin recursos no deja
de crecer. Muchos de ellos no pueden ni siquiera costearse sus
medicamentos. ¿Qué hacen entonces? Recurren a la organización Médicos
sin Fronteras, que proporciona de forma gratuita algunas medicinas.
Las
dos clínicas de Médicos sin Fronteras que existen en Atenas están
pensadas para asistir a inmigrantes sin recursos, que llegan a Grecia
desde África en barcas de remos. Pero cada vez son más los griegos que
piden ayuda. Algunos días hay casi mil personas haciendo cola en Médicos
sin Fronteras.
Entre ellos, por ejemplo, diabéticos que ya no pueden permitirse
comprar insulina. La miseria de los inmigrantes se extiende a los
griegos. Hasta hace apenas medio año, cuando me asomaba a la calle desde
el balcón de mi casa, veía a inmigrantes que revolvían entre los cubos
de basura, en busca de algo para comer. En las últimas semanas, se han
unido a ellos cada vez más griegos. No quieren revelar su miseria, por
eso hacen su ronda a primera hora de la mañana, cuando las calles están
casi desiertas.
(…)
Lo peor para los miembros del partido de los mártires es el desánimo.
Han perdido la esperanza. Para ellos, tras la crisis no se esconde
perspectiva alguna de alcanzar un futuro mejor. Cuando uno habla con
ellos, no es posible dejar de pensar que solo están esperando a que
llegue el final.
Cuando una gran parte de la sociedad no logra reunir el
optimismo necesario, significa que la vida es en verdad agobiante. En
muchos de los bloques de viviendas en los que viven ciudadanos con
ingresos escasos o moderados ya no se enciende la calefacción. Las
familias carecen de dinero para gasóleo, o prefieren utilizarlo para
otras cosas. (...)
El cuarto y último partido de la sociedad griega es el que más me
preocupa. Es el partido de los desesperanzados: los jóvenes griegos,
sentados todo el día frente al ordenador, buscando en Internet,
desesperados, un trabajo, sea donde sea. No son emigrantes como sus
abuelos, que en los años sesenta llegaron a Alemania desde Macedonia y
Tracia para buscar trabajo. Estos jóvenes han ido a la universidad,
algunos incluso tienen un doctorado. Sin embargo, cuando terminan la
carrera se van directos al paro. (…)
Pero no todos pierden en Grecia, tampoco en España, ni en el resto de Europa…
“Está claro que los beneficiarios y los defraudadores no tienen tales
preocupaciones. Apenas sienten que el país está en crisis. Antes de que
Grecia entrase en esta situación, ya habían trasladado su dinero al
extranjero. Mientras que los bancos griegos han perdido en los últimos
18 meses alrededor de 6.000 millones de euros, los bancos extranjeros
—especialmente los suizos— se frotan las manos”. (Attac Madrid, 07/09/2012)
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