"España se ha convertido en el centro de las discusiones de la eurozona. (...)
El interés de nuestros acreedores extranjeros ha sido siempre que
“España” pague y si eso requiere la socialización de las pérdidas, esto
es la asunción de las pérdidas latentes en el sector privado, sobre todo
las bancarias, por parte del contribuyente español, pues que así sea.
En el origen de los problemas de la eurozona estuvo la negativa a
reestructurar la deuda, esto es, a declarar insolvencias e imponer
quitas en un principio y luego dar marcha atrás y reestructurar la deuda
griega. El error fue lo primero, no lo segundo, pero la incertidumbre
ha inducido notables problemas de refinanciación en los países
periféricos.
Como se ha venido comentando en varios medios, lo que viene
ocurriendo en nuestra economía desde hace ya tiempo es la sustitución de
un pasivo por otro. Efectivamente, nuestro sistema bancario se endeuda
fuertemente frente al Banco Central Europeo (BCE) a partir de las
operaciones LTRO (Long Term Refinancing Operations) y esto a su
vez permite satisfacer el vencimiento de deuda sin esperanza de
refinanciación e incluso la recompra por parte de los bancos españoles
de la deuda bancaria emitida en manos de extranjeros.
De esta forma, se
sustituye una multitud de acreedores extranjeros privados por un solo
acreedor que es el BCE. Si nuestras instituciones financieras tenían en
el segundo trimestre de 2011 un endeudamiento externo de 795.343
millones de euros, ahora, en el segundo trimestre de 2012 tienen
591.736, casi 200.000 millones menos.
Dos son las ventajas de sustituir un tipo de acreedor por otro y una
la desventaja. La primera ventaja es que los bancos españoles evitan la
refinanciación de sus pasivos en condiciones onerosas pues el BCE ofrece
financiación a un tipo menor que el disponible en el mercado, al que en
cualquier caso no tienen acceso.
La segunda es que si los bancos optan
por recomprar deuda viva, esta por lo general se produce con notables
descuentos sobre el nominal de la misma, implícitamente imponiendo
pérdidas al inversor extranjero original.
La desventaja es algo más sutil y es que la deuda es frente al BCE y
que la continuidad de dicha financiación es parte de la política de la
eurozona en la crisis. Un porcentaje importante del sistema bancario
español depende por tanto de las decisiones de un solo actor y puede
utilizar dichas decisiones como incentivo para inducir determinadas
políticas económicas, algo que, como sabemos, el BCE se ha mostrado
dispuesto a hacer.
Para no perder vista de las magnitudes, el
endeudamiento neto del sistema bancario español frente al eurosistema
asciende a unos 380.000 millones de euros. (...)
El total de nuestro endeudamiento por estos dos conceptos asciende por
tanto a 430.000 millones de euros, un impresionante 45% de nuestra PIIN.
Si se produce el rescate, España acabará refinanciando un porcentaje
aún mayor de su endeudamiento neto exterior a través de los mecanismos
de ayuda.
Recuérdese, nuestro endeudamiento externo no ha variado, solo lo ha
hecho la naturaleza del acreedor: España ha ido sustituyendo un tipo de
acreedor extranjero, uno privado, por otro, el “sector público” (BCE y
MEDE). España está ya intervenida sin estarlo formalmente y con una
condicionalidad implícita que nos obliga a muchas cosas. (...)
España empezó con un problema grave de endeudamiento privado y de
pérdidas en ese sector; escribí en 2010 que los mecanismos que la
eurozona estaba montando para atajar la crisis eran un vehículo para
socializar al nivel del contribuyente nacional, que no europeo, esas
pérdidas del sector privado y comprometer de forma explícita o
contingente al contribuyente español con ese endeudamiento.
Hemos caído
en esta red por la horrible gestión que hemos hecho de esta crisis y
ahora las alternativas son pocas. Nada de lo dicho, por tanto, es
novedoso, pero impresiona por lo predecible.
Dados estos razonamientos, ¿cuál es nuestro futuro? No ha de
esperarse mucho. Refinanciados y atados en corto, España va a pagarlo
todo, hasta el último centavo.
Europa no quiere más experimentos, por
ahora, con restructuración de deudas y ahora que nuestro país está
refinanciado “oficialmente” se va a intentar que lo pague todo, como se
hizo inicialmente con Grecia también, dicho sea de paso.
Nada es probable que ocurra hasta que nuestro endeudamiento exterior
disminuya, y se produzca la repatriación del riesgo español que evite
que España contamine al resto de la eurozona, y esto requiere que
nuestro país produzca sostenidos superávits en su cuenta corriente.
Como
España jamás ha sido, a pesar de la existencia de un saludable sector
exportador, un “tigre mediterráneo” y las perspectivas de crecimiento
internacional tampoco son muy halagüeñas, no es probable que esto se
traduzca en una disminución notable del desempleo. (...)
¿Funcionará? La senda por la que vamos a caminar es estrechísima y
cualquier contratiempo, ya sea político o económico, puede resultar en
descarrilamientos: los riesgos son altos.
De todo esto se sigue también que las esperanzas de que la eurozona,
que nuestros acreedores, avancen en la creación de instituciones que
permitan la socialización de pérdidas, incluso de forma contingente, al
nivel del contribuyente europeo son absolutamente vanas. Y es por ello
que la muy mencionada unión bancaria, si incluye un fondo de garantía de
depósitos europeo, es por ahora y a corto y medio plazo una quimera.
Probablemente el primer paso sea una estructura supervisora, pero que no
contemple garantía europea alguna. Nos toca satisfacer nuestras deudas y
nuestros socios piensan, con algo de razón, que bastante hacen ya
refinanciándola a tan bajos intereses. Toca pagar y nada más." ('La España atrapada',
Tano Santos
, El País, 25 OCT 2012)
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