" La crisis europea no es una crisis financiera. Es una crisis
derivada de las diferencias acumuladas de competitividad entre el núcleo
y la periferia; entre un núcleo que ha aumentado sus niveles de
productividad, que ha mantenido unas tasas bajas de inflación y que ha
emprendido unos procesos de ajuste y de moderación salarial; y una
periferia que ha mantenido unos diferenciales de inflación positivos con
respecto al núcleo -es decir, ha visto cómo sus precios han crecido
más-; también ha visto cómo los salarios de la clase trabajadora han
crecido más, entre otras cosas, porque partían de unos niveles
inferiores; y, por lo tanto, esto ha dado lugar a unos déficit en la
balanza por cuenta corriente que explican, junto a la crisis bancaria,
la dimensión financiera posterior de la crisis.
Esas diferencias
en las productividades han beneficiado esencialmente a Alemania.
Alemania ha sido la principal beneficiaria de que exista una moneda
única. ¿Por qué? Porque cuando existían esas diferencias de
competitividad entre las economías, pero cada una tenía su propia
moneda, los Estados podían devaluar sus monedas para reducir los déficit
de competitividad.
Desde el momento en que se crea una moneda única,
con un tipo de cambio fijo e inalterable entre las distintas economías,
los países no pueden recurrir a la devaluación para reducir los déficit
de competitividad entre sus economías.
Y vemos cómo eso se traduce en
dos situaciones enfrentadas: por una parte, acumulación de superávit por
cuenta corriente en los países centrales; y, por otra, déficit por
cuenta corriente en los países de la periferia.
Para mantener esa
situación de desequilibrio en las balanzas por cuenta corriente a su
favor, ¿qué hizo Alemania? Básicamente, sustituir superávit comercial
por deuda externa. Es decir, vendía a los países de la periferia y, al
mismo tiempo, financiaba el endeudamiento de los países de la periferia
para que le compraran el excedente comercial.
¿Por qué? Porque Alemania
ha sido tradicionalmente, por motivos demográficos, sociológicos y de
distinta naturaleza, un país con una insuficiente demanda interna. Y lo
que ha hecho a lo largo de todo el proceso del euro es sustituir
esencialmente demanda externa de los países periféricos y del resto del
mundo por demanda interna.
Su política ha sido la de mantener
niveles de demanda al interior muy bajos, incrementando la presión
salarial sobre los trabajadores, y sustituirla por la demanda que
realizaba el resto del mundo, especialmente los países periféricos. Como
esos países periféricos necesitaban de inyecciones de recursos
financieros para poder financiar la falta de ahorro de sus economías, lo
que ha hecho Alemania es, básicamente, fomentar el endeudamiento de los
países periféricos.
De manera que la crisis, tal y como la encontramos
en estos momentos, tiene dos dimensiones difícilmente reconciliables:
una es el problema de la deuda. Pero especialmente para el caso español y
de la mayor parte de los países periféricos, es un problema de deuda
privada.
Que, parcialmente, ha sido socializada, porque se ha
socializado la deuda de los bancos, pero la deuda de los particulares
sigue viva e intacta. Y que no se puede solucionar si no se
reestructura. Es decir, si no hay una quita, una moratoria y una
reestructuración de los plazos de pago de la deuda. Esa sería la
expresión financiera del problema.
La otra dimensión de la crisis son las diferencias en la competitividad.
Diferencias en la competitividad entre las economías centrales y las
economías periféricas que no están disminuyendo sino que se están
ampliando.
Lo que nos encontramos es que el proceso de ajuste para
salvar al capital financiero e industrial, tanto a nivel europeo como
estatal, se está haciendo a costa del ajuste salarial y de la presión
sobre los trabajadores, con repercusiones sobre los niveles de
productividad de los mismos.(...)
El problema es básicamente Alemania. No porque le tenga especial
aversión a los alemanes, sino por su estructura productiva. Una
estructura productiva que está basada esencialmente en la debilidad
crónica de la demanda interna: una economía que ahorra mucho más de lo
que consume; y que ha orientado sus aparatos productivos hacia la
exportación, a sustituir demanda interna por demanda externa.
Para eso,
Alemania, después de la reunificación alemana, necesitaba un contexto de
tipos de cambio fijos inamovibles, y la expresión más cerrada y
perfecto de ello era construir una moneda única. (...)
El colapso es inevitable, por cuestiones de relaciones económicas
básicas. A lo que nos vamos enfrentando es a que el nivel de la deuda
pública es actualmente insostenible para los países periféricos.
España
(ya no hablo de Grecia y Portugal) es un país insolvente, en quiebra: no
puede conseguir ni un superávit comercial ni un superávit fiscal que
permita hacer frente al crecimiento del pago de la deuda en los próximos
años. Es decir, frente a lo que se nos viene, en algún momento, y eso
lo sabe todo el mundo, se va a tener que plantear que la deuda española
es impagable, que no hay forma de pagarla.
Cuánto tiempo tardemos en
aceptar esa situación o cuánto tiempo tardemos en entender que lo que se
está produciendo a través de los procesos de ajuste es una extracción
de los excedentes desde la periferia hacia el centro para llegar a un
momento en el que, cuando no haya más de dónde extraer, reconocer que la
deuda es impagable, cuando ya lo es ahora, en estos momentos, es a lo
que se tiene que enfrentar actualmente la izquierda." (Rebelión, 27/09/2012, Alberto Montero Soler)
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