"(...) las políticas de austeridad no funcionan como vía para
salir de la crisis, ni tampoco para el objetivo de reducción del
déficit público. Al contrario, empeoran ambas cosas. (...)
si esto es tan evidente, ¿por qué las élites políticas, empresariales y
altos funcionarios que nos gobiernan no lo ven? Por ceguera. Aunque les
sorprenda, no son capaces de captar lo que está ocurriendo, no logran
advertir las consecuencias sociales y políticas. (...)
Las causas de la actual ceguera de nuestras élites no son las mismas
para todos los grupos que la forman. Es posible identificar cuatro
grupos.
En el primero, formado por la élite política económica europea, la
causa de su ceguera es de tipo ideológico. El ejemplo de David Cameron
es ilustrativo. Reino Unido no necesitaba austeridad, y al no estar en
el euro tampoco se le podía obligar.
La austeridad fue una elección
política. Lo mismo ha ocurrido con otros Gobiernos. Algunos, como los
nuestros, decidieron suprimir impuestos como el de patrimonio, aun
cuando eso iba a empeorar las cuentas públicas. (...)
Hay un segundo grupo cuya ceguera tiene causa en la pereza burocrática y
en la falta de coraje intelectual para pensar por su cuenta. En este
grupo están muchos expertos y los altos funcionarios de Bruselas, del
BCE y del FMI, que forman la troika que vigila el cumplimento de la
austeridad.
Si al menos leyesen los informes y estudios que publica el
propio FMI, o cambiarían de opinión o pedirían ser relevados de esa
función. ¿Han escuchado que la austeridad haya afectado a los sueldos de
esta élite burocrática? (...)
Un tercer grupo está formado por empresarios sometidos a la
competencia internacional. Lógicamente viven obsesionados por la
competitividad. Pero algunos solo ven su mejora en la reducción de los
costes laborales y sociales, olvidando que el verdadero camino hacia la
competitividad sostenible son las mejoras de productividad.
Finalmente, existe un cuarto grupo formado especialmente por las
élites financieras y de las grandes corporaciones. Su ceguera es debida a
intereses de grupo y a falta de empatía con el resto de ciudadanos.
Se
ven como ciudadanos de un mundo globalizado que han roto toda relación
emocional con las clases medias y trabajadoras nacionales. Son las que
más ansiedad muestran por la renuencia del presidente Mariano Rajoy a
pedir el rescate. Posiblemente porque tienen la seguridad de que ellos
no pagarán las condiciones.
Todas estas élites han roto los lazos emocionales con las clases
medias y trabajadoras, y ya no se ven compartiendo un futuro común. Esta
ruptura psicológica provoca ceguera respecto a las consecuencias de
unas políticas que derrumban la esperanza de la mayoría de la gente en
el futuro." (
Antón Costas , El País,
5 OCT 2012)
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