"La mentira está a la orden del día. El ilusionismo está de moda como
instrumento político para que los grandes capitales se salgan con la
suya. Una mentira en cada titular que se repite sin mesura en aras de
crear ficticiamente una verdad. (...)
Se llama justicia a quien sentencia a favor del BBVA en el caso de una
dación de pago en detrimento de una familia que se quedará sin casa pero
con deuda. Quienes actúan simbólicamente contra las injusticias
llevándose comida de Mercadona son tildados como ladrones; mientras
tanto, los banqueros siguen siendo símbolos mediáticos.
La soberanía de
Rajoy se reduce a la defensa de la cuenta de beneficios de una empresa
como Repsol de capital extranjero mayoritario. (...)
Dos de las últimas colosales mentiras son: una, la creación del “banco
malo” que paradójicamente es muy bueno para los grandes intereses
económicos, y dos, la trampa de la compra de deuda pública española por
parte del Banco Central Europeo (BCE).
Ambas noticias han sido vendidas
con júbilo por las magníficas consecuencias para la economía española,
entendida ésta miopemente como la prima de riesgo y los beneficios de
las empresas que participan en bolsa. Es cierto que la prima bajó, pero
quizás sea para tomar impulso tal como ya sucedió hace unos meses
después de unas declaraciones de Draghi.
Además, hubo una minoría que
reaccionó muy positivamente: el principal indicador bursátil (IBEX 35)
creció y creció para la felicidad de las pocas familias que comen de
este pastel (nótese que 20 familias y empresarios tienen al menos el 37%
del IBEX 35). (...)
En el caso de la prima de riesgo, una vez hecho desaparecer algunas
alternativas políticas, la disyuntiva técnica está entre prima que sube
como la espuma con intereses usureros, o BCE comprando deuda a bajo
interés. Claro, así, se elige pulpo. Pero esta elección, restringida por
la gran mentira de la técnica como arma sustitutiva de la política,
también está llena de otras mentiras.
Primera: el BCE comprará deuda
pública acudiendo al mercado secundario donde se presta dinero a bancos
privados para que éstos sean quienes compren la deuda pública. La trampa
es perfecta: el BCE presta dinero al 1% a la banca privada para que
ésta compre deuda pública a un interés superior sin necesidad de
especular. Esto es, la prima de riesgo se convierte así en prima de
seguridad.
Segunda: bajo esta modalidad, los vencimientos ya no serán a
diez años, sino entre uno y tres años, condicionando aún más los tiempos
de devolución del préstamo, y por lo tanto, de la política fiscal.
Tercera: esto se hará sin relajación cuantitativa. Traducido al
castellano: el dinero que inyecta el BCE comprando deuda pública será el
mismo dinero que retire por otra vía. La cantidad destinada en compra
de deuda pública será la misma que se despoje para otros fines, como por
ejemplo créditos productivos, créditos a las pequeñas y medianas
empresas. (...)
Cuarta mentira: una notable novedad es la no consideración de las
agencias de (des)calificación para esta deuda, de tal manera que cada
banco privado podrá usar el titulo, aunque sea basura, porque tiene el
aval del BCE, pudiendo así usarlo como garantía para obtener más
financiación. Quinta, y la más importante de las mentiras: este préstamo
al Estado en forma de compra de deuda pública viene sujeto a la pérdida
paulatina de la escasa soberanía que nos va quedando.
Se presta pero
bajo condiciones ESM (en inglés, European Stability Mechanism), que es
algo así como tener un hermano mayor, viviendo en Alemania, a quien ni
conocemos ni votamos, y él irá decidiendo qué política social y
económica se tendrá que tomar en cada momento.
Sin embargo, frente a
todas esta sarta de mentiras técnicas, ¿qué se podría hacer
políticamente? Auditar deuda ilegítima, reestructurar la legítima,
mutualizarla por la vía europea o comprar directamente en el mercado
primario sin condicionantes sociales como ya se hacía mediante la
monetización de la misma en los bancos centrales nacionales.
En el otro caso, la otra medida-mentira, la del banco malo, lo mismo: descartado los cambios por la vía política, se presentan dos alternativas hipócritamente embarnizadas como técnicas. Ayudar a los bancos o dejar que los clientes salgan perjudicados. De nuevo, pulpo.
En el otro caso, la otra medida-mentira, la del banco malo, lo mismo: descartado los cambios por la vía política, se presentan dos alternativas hipócritamente embarnizadas como técnicas. Ayudar a los bancos o dejar que los clientes salgan perjudicados. De nuevo, pulpo.
¿Pero qué hay de verdad en toda esta operación de trasvase de deuda
privada a la pública? El Estado pidió dinero prestado, también sujeto a
más condicionantes en materia de política económica, y con ese dinero
asume la ardua tarea de desintoxicar todos los activos de la banca
privada para hacer frente a los pasivos.
¿Cómo lo hace técnicamente? El
banco malo, según Real Decreto Ley 24/2012, es la única sociedad gestora
de activos tóxicos. El banco malo se encargaría entonces de gestionar
tales activos y asumir las posibles pérdidas; así el banco se convierte
en muy bueno para que los bancos intoxicados sean saneados sin coste, y
muy malo para los ciudadanos porque se asumen fiscalmente todas las
pérdidas de esta operación.
¿Cómo lo podría hacer políticamente? Podría
haber dejado que los bancos intoxicados quebraran y luego
nacionalizarlos, atendiendo a todos los ciudadanos como es debido. Otra
opción: quedarse con estos activos y dedicarlos a la economía
social-real, poniéndolos en alquileres baratos.
O en vez de un banco
malo, realmente se podría haber creado un banco público bueno que se
preocupara de los activos intoxicados para las familias españolas, y
proceder a bajar el precio de estos inmuebles a partir una
actualización, y buscar los mecanismos ventajosos para financiar la
compra o facilitar la venta vía dación de pago, sin estar sometidos a
embargos.
Nos mienten por todas partes. También nos mienten en nuestra capacidad de cambiar todo este chiringuito artificioso." (Alfredo Serrano Mancilla,, Público.es , Rebelión, 21/10/2012)
Nos mienten por todas partes. También nos mienten en nuestra capacidad de cambiar todo este chiringuito artificioso." (Alfredo Serrano Mancilla,, Público.es , Rebelión, 21/10/2012)
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