6.11.12

Portugal, un adelanto de lo que se avecina en España

"Si le digo la verdad, hubo un momento en que creí que España acabaría absorbiendo Portugal y, aunque no lo deseaba, en el fondo, pensaba que quizá de ese modo nos iría mejor”. 

Sofía lanza esta frase un domingo soleado de otoño, con el Atlántico calmo enfrente, y la impresión generada durante días de conversaciones en las calles de Lisboa se confirma. Uno acude a Portugal a pulsar cómo llevan sus ciudadanos la crisis e ineludiblemente topa con la apesadumbrada sorpresa de los portugueses ante la situación que atraviesa España.

La desgracia económica y social une más que nunca a dos pueblos físicamente hermanados pero a menudo separados en lo sentimental. España camina hacia Portugal y, lejos de consolarse con la desgracia de quien siempre se creyó superior, los lusos agudizan su pena.

 “Nunca pensé que España seguiría nuestro camino; siempre fue un país más sólido”, prosigue Sofía, víctima, como millones de portugueses, de las políticas que la Troika dicta y Pedro Passos Coelho, primer ministro luso, ejecuta. “Y, sin embargo, la economía de España se está ‘portugalizando’; ellos nos llevan entre seis meses y un año de adelanto”, constata a este diario el economista Santiago Niño Becerra.

Con 28 años, Sofía ha decidido renunciar a sus estudios de cardio-neumología porque las cuentas no le salen. 6.000 euros anuales son una inversión demasiado costosa para, al final, “no tener trabajo”. De momento, conserva el que la ha mantenido durante los últimos cinco años: de camarera en Onda Azul (...)

Más que de Merkel, en el mercado de Benfica, el mejor de la capital portuguesa para muchos lisboetas, se habla de lo que cuesta salir adelante en el día a día. En esta plaza circular situada al norte de Lisboa, 30 euros dan para llenar la nevera con atún y pez espada frescos para, al menos, un par de semanas, y se estiran hasta para la fruta y la verdura de unos cuantos días.

 “Y sin embargo, mis ventas han descendido en un 70%”, se lamenta Sulliana, al frente de una parada de pescado que alimenta a una familia de cuatro bocas. “Yo ingreso un 50% menos”, constata Antònio Brito, un verdulero cincuentón con muy buen humor pese a todo.  (...)

Emigrar o refugiarse en el turismo, el único sector que sigue funcionando, parecen las únicas alternativas para los jóvenes. Ricardo Dias se ha decidido por esta última. Trabajaba en el sector de la decoración, también en crisis, y, antes de hacer la maleta, decidió cambiar el rumbo y enfocarse hacia los turistas.

 En la rua da Conceiçao, a dos pasos de la famosa praça do Comerço, abrió la Queijaria Nacional. Y tras dos meses vendiendo pequeños quesos autóctonos y otros productos selectos en un cuidado local que le cuesta 2.500 euros de alquiler al mes, las cuentas le salen.

“De momento, estamos sobre los números previstos. Los turistas siguen viniendo y nosotros les ofrecemos un producto local que no había en esta zona”  (...)

Otros, muchos, optan por abandonar el país: 100.000 jóvenes, la mayoría formados, lo hicieron en 2011. Este año, se sabe ya, la cifra será mayor. Emigran hacia el Reino Unido, Suiza, Brasil. (...)

“Es ya mucha la gente mayor que se manifiesta porque tiene que volver a acoger a hijos y nietos cuando creía que ya podría descansar”, cuenta Trindade, convencida también de que “durante unos años, Portugal fue una fiesta”. “Con el acceso al crédito, olvidamos aquel refrán que nos decían nuestras madres de no estirar más el brazo que la manga”. (...)

“Nosotros aún tenemos jubilación, pero la próxima generación…”, continúa. “Este país está condenado a convertirse en la reserva vacacional y de servicios para los países del norte, como en los tiempos de Salazar y de Franco”, tercia Margarita, una médica asturiana afincada en Lisboa desde hace 13 años.

Margarita trabaja, desde hace siete años, en la Santa Casa, una institución benéfica que da atención a los más desfavorecidos. En este tiempo, ha visto aumentar sus pacientes y empeorar las condiciones de los que ya tenía. “Muchos de ellos tienen una pensión de 232 euros. 

Si la Santa Casa no les diera comida por 35 euros al mes y no les costease las medicinas, no podrían vivir”, señala Margarita. También ella, que tiene un salario decente, ha visto disminuir su poder adquisitivo. “Siete de mis 14 pagas van ya para el estado en impuestos”, resume.

El presupuesto de 2013 prevé que hasta los parados, que en los mejores casos apenas superan los 600 euros de subsidio, contribuyan con un 6% de su pensión a la Seguridad Social.  (...)

No hay comentarios: