"... me gustaría dedicar mi intervención a señalar diez aspectos que me
parecen esenciales en relación con los problemas que viene sufriendo la
economía española en el contexto de la crisis internacional en el que
nos desenvolvemos.
1. La actual crisis no es la crisis, como generalmente nos
referimos a la crisis. En realidad es una crisis más, de otras muchas, y
eso me parece que es muy importante que lo tengamos en cuenta.
El hecho de que desde los años setenta hasta aquí haya habido
alrededor de 130 crisis, perturbaciones graves o situaciones de stress
financiero refleja que esta en la que estamos forma parte de una etapa
en la que la inestabilidad financiera es casi un estado habitual.
Algo
particularmente relevante si se compara con lo sucedido en los treinta
años anteriores en los que prácticamente no hubo crisis financieras de
ningún tipo. (...)
2. Si bien esta crisis es un episodio más de la pandemia que sufrimos
desde los años setenta, sí es cierto, sin embargo, que es especialmente
destacable y singular por su magnitud y extensión, rasgos que no creo
que sea necesario documentar ahora pues son bien sabidos los efectos tan
dramáticos que ha tenido sobre el conjunto de la economía mundial.
En realidad, esta mayor dimensión es la consecuencia de que se
exacerban día a día dos grandes circunstancias que están en la base de
la crisis y a las que a menudo no se concede el lugar principal que
tienen.
La primera es el extraordinario incremento de la desigualdad
que, desde cualquier punto de vista que se considere, alcanza hoy día
los niveles más altos desde la Gran Depresión[3].
La segunda es el desorbitado aumento de la deuda asociada a la
expansión de la actividad especulativa y a la innovación financiera
constantemente alimentada por la banca[4]. (...)
3. Como ya he anticipado, las circunstancias que actuaron como detonador directo de la actual crisis (la difusión de hipotecas sub prime
y la posterior quiebra del sistema bancario que suscribió y difundió
sus derivados) es el resultado de la desregulación, de la falta de
disciplina y de vigilancia por parte de los supervisores, de la
complicidad de ciertos poderes públicos con los intereses de la banca
privada internacional, o del fundamentalismo con que se ha gestionado la
política financiera[5].
Por tanto, resultará también imposible salir de la crisis y evitar
otras próximas, sucesivas e incluso lógicamente de mayor envergadura,
si no se establece un nuevo tipo de regulación financiera, mucho más
severa, disciplinada, represiva y autónoma respecto a los intereses
privados, tanto de los bancos, grandes fondos de inversión y empresas
multinacionales como de las agencias de calificación y, en general, de
los grandes polos de poder económico que en los últimos treinta y cinco
años se han erigido en las referencias que establecen lo que se puede
hacer o no en los mercados financieros. (...)
4. Las políticas que los gobiernos han tomado frente a la crisis han
sido insuficientes, inicialmente, y en algún caso, como especialmente en
Europa, totalmente contrarias a lo que puede permitir que se recupere
el ingreso, la actividad y el empleo.
La política de salvar a la banca considerando que los bancos
afectados eran demasiado grandes para caer ha provocado un gasto ingente
de recursos, una mayor concentración financiera y a la postre, como
acabo de señalar, que ni siquiera se haya resuelto el problema bancario
que dio lugar a la crisis.
En su lugar, la inmensa mayoría de los bancos
siguen siendo bancos verdaderamente zombies, cuya verdadera
situación solo se disimula gracias a estratagemas y mentiras contables
consentidas por los gobiernos en beneficio en su único beneficio. (...)
5. A los problemas de caída de la actividad y desempleo que
produjeron en casi todo el mundo la falta de financiación a empresas y
consumidores y la caída subsiguiente de la demanda, se siguió en la
mayoría de los países otro igualmente grave provocado por el incremento
vertiginoso de la deuda soberana de los estados, como consecuencia, al
mismo tiempo, de la caída de los ingresos públicos y del aumento del
gasto público.
Pero hay que tener en cuenta que los problemas de prima de riesgo que
algunos países, como España, están sufriendo no tienen que ver tanto
con la magnitud de la deuda (la de España sería aún llevadera incluso
con el volumen que tiene en estos momentos) sino con la presión
especulativa que hizo subir artificialmente los intereses con los que se
ha financiado.
Y, sobre todo, hay que considerar otras dos circunstancias que
igualmente se están soslayando a la hora de hacer frente a este problema
de deuda.
La primera, que el problema principal no radica en la deuda pública
sino en la privada, que es la que realmente resulta impagable, no ya en
las condiciones de falta de actividad e ingreso actuales sino en las que
previsiblemente se darán en el futuro.
Lo que en realidad se está produciendo es una reconversión de la
deuda privada en otra pública, para que sea el conjunto de la población
la que se haga cargo de la que han generado, principalmente y en
beneficio propio, las grandes empresas financieras. (...)
6. Como es bien sabido, España tiene una situación económica y
financiera más difícil que otras economías de su entorno. Esto es el
resultado del problema de deuda al que acabo de hacer referencia (más
concretamente a la gran presión especulativa de los mercados) pero,
sobre todo, a otras circunstancias que es preciso tener en cuenta para
poder actuar sobre ellas, al contrario de lo que viene ocurriendo cuando
se soslayan.
En primer lugar, que la gran influencia de la banca y los grandes
grupos de poder económico ha favorecido en los últimos decenios un tipo
de especialización muy negativa de nuestra economía, basada en el
desarrollo de un modelo productivo ineficiente, insostenible,
depredador, desigualitario, desvertebrado y muy dependiente[9].
En segundo lugar, el entorno de la eurozona que, como ya he señalado,
fue diseñado de modo muy imperfecto, sin disponer de los instrumentos
que son imprescindibles para que una unión monetaria no cree más
problemas de los que viene a resolver y que, así, perjudica mucho a los
espacios periféricos o más dependientes, como el de España.
Por último, el gran poder del que disponen en nuestro país la banca y
los grandes grupos oligárquicos, proveniente de los extraordinarios
privilegios que adquirieron en la dictadura fascista y la mayoría de los
cuales no solo no han desaparecido sino que incluso se han agrandado,
y, por otro lado, de la gran desigualdad que hay en nuestra sociedad no
solo en términos de ingresos sino a la hora de tomar decisiones
políticas.
Eso es lo que ha permitido que se haya desarrollado una
burbuja inmobiliaria tan peligrosa sin control ni vigilancia (obviando
las demandas que hacían técnicos, funcionarios cualificados o cientos de
especialistas o personalidades independientes, como las que hicieron en
varias ocasiones los inspectores del Banco de España cuando denunciaban
la actitud “pasiva” de los órganos de dirección del Banco de España con
su gobernador al frente[10]).
7. Todas estas circunstancias son las que han provocado la particular
gravedad de la crisis española que (con independencia de otras de
carácter más estructural) tiene tres manifestaciones inmediatas y
principales y que son las que con carácter de urgencia habría que
resolver y no se están resolviendo: la gran destrucción de empleo, al
haberse venido casi completamente abajo el sector de la construcción y
la disminución subsiguiente de la demanda interna, la presión de los
mercados sobre la financiación de la deuda pública, y la crisis bancaria
que impide financiar adecuadamente a las empresas y consumidores. (...)
8. Cuando se plantea la necesidad de hacer frente a todos estos
problemas que afectan a la economía española, además de afirmar que “no
hay alternativas” (un juicio que en realidad no es argumento y que hemos
tratado de desmontar en el libro anteriormente citado Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, se suele argumentar que España no tiene capacidad de maniobra alguna en el seno de la unión monetaria. (...)
Incluso en el marco de la unión monetaria se podrían tomar medidas,
como las fiscales que proponen los técnicos del Ministerio de Hacienda,
que permitieran multiplicar los ingresos del Estado; o las que se vienen
haciendo, por poner un ejemplo, para liberar demanda efectiva mediante
la rebaja en la deuda tributaria, para crear nuevos tipos de contratos
de trabajo que permitieran anticipar la creación de empleo a las
empresas; o la nacionalización de bancos en condiciones menos onerosas y
mucho más efectivas para relanzar la economía que las medidas que se
han tomado.
9. Por todo ello, es muy importante desechar la idea tan intensamente
asumida por una gran parte de la población (en gran parte porque se
insiste mucho en difundirla desde los medios de comunicación ligados a
los grandes intereses financieros y empresariales, es decir, desde
prácticamente todos los privados), que tiende a hacer creer que la
crisis es una especie de fatalidad, una circunstancia inapelable frente a
la que apenas si se puede hacer nada que no sea lo que desde fuera se
nos dice que hay que hacer.
Como tampoco se puede admitir la idea que
alternativamente se difunde a veces desde otros puntos de vista, según
la cual todo es el resultado de un poder omnímodo de los mercados, de
una dictadura financiera frente a la que no se puede hacer nada si no es
provocando una especie de cambio universal que modifique todas y cada
una de las condiciones de nuestra existencia.
Ninguna de esas dos versiones soporta una contrastación rigurosa con
la realidad. Lo que nos ha sucedido no es el fruto de un imponderable,
de una catástrofe inevitable, sino de que los gobiernos han dejado de
hacer, que ellos mismos han establecido las condiciones que han
permitido que se produzcan los hechos que han dado lugar a la crisis.
Los gobiernos tienen en sus manos las medidas que pueden permitir que
los asuntos económicos se desenvuelvan de otro modo y, particularmente,
que pueden hacer que ni siquiera se tengan por qué dar las crisis
financieras recurrentes que están destrozando a la economía mundial en
los últimos años.
10. Teniendo en cuenta factores como los que he tratado de analizar
en esta intervención creo se puede tener enfrente una dimensión
diferente de la crisis con la que resulta más fácil pensar en
alternativas y ponerlas en marcha."
(Resumen de la intervención en la Jornada REPENSAR LA CRISIS
DESDE ANDALUCÍA organizada por el Centro de Estudios Andaluces. Málaga,
18 de octubre de 2012. Versión impresa aquí., Ganas de escribir, 15/01/2013)
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