"La banca española está ahogada bajo el peso de más 300.000
millones de euros, el 30% del PIB nada más y nada menos. ¿Miró para otro lado
el Banco de España? ¿Dio instrucciones la cúpula del banco en este sentido? No
sé hasta qué punto.
La carta
enviada a Solbes en 2006 por los mismos inspectores del
Banco de España, en la que alertaban de la complacencia del supervisor
(bajo el
mandato de Caruana) ante el desaforado crecimiento del crédito da más
autoridad a los inversores que a cualquier otra parte en este enredo.
Pero asegurar haber visto indicios de delito y decirlo en enero de 2012 se parece un
poco al famoso “lo peor de lo peor”
expresado, a toro pasado, por Fernández Ordóñez.
No está de más recordar, por otra parte, que de poco sirve
que el Banco de España detecte riesgos en la actividad de un banco si luego no
tiene la capacidad para forzar a los gestores a modificar su política.
Especialmente cuando estos gestores dependen de otros gestores, éstos
políticos, más pendientes de la fidelidad al jefe y de que fluya el dinero en su
pequeño reino que de minucias como la solvencia o el perfil crediticio de las
entidades.
Ni tampoco sobra acordarnos de la gestión realizada por los
distintos ministerios Economía. De cómo primero las fusiones frías iban a
salvar el sistema, después iban a ser las salidas a Bolsa o las conversiones en
banco, luego los test de estrés y, al final, tras una desastrosa y lamentable
gestión del caso Bankia, terminamos pidiendo 100.000 millones a cuenta del
contribuyente.
Un caso, éste de Bankia, en el que también hemos asistido a un
muy español pimpampum en el que, ay, nadie tiene la culpa de nada.
Evidentemente, el Banco de España podría, y debería, haber
hecho más. Muchísimo más. Con Caruana, evitando que se desbocase el crédito, y
con Ordóñez, intentando sanear el sistema antes de que lo saneasen desde dentro.
Pero, lamentablemente, no solo el supervisor pecó de complacencia ante una
burbuja inmobiliaria que el establishment
nunca quiso ver. Los propios bancos intentaron siempre (y casi siempre con
éxito) torpedear cualquier medida prudencial que les preparase mejor para el
inevitable pinchazo.
Los políticos disfrutaron del dinero fácil, y la elite
empresarial nunca pareció preocupada por un crecimiento desbocado. Los
servicios de estudios estaban más que preocupados por las rigideces del mercado
laboral, y de los medios de comunicación, mejor no hablar.
Esta complacencia duró, recordemos, hasta bien entrada la
crisis. Y luego nos extrañamos de que necesitemos consultores anglosajones para
que alguien se crea las cuentas de nuestra banca." (Nuño Rodrigo, blog, Cinco Días, 09/01/2013)
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