"–¿Por qué usted plantea que España es un país “quebrado”?
–Porque el volumen de sus pasivos, sus deudas, son superiores a sus
activos. Si fuese una empresa, España se encontraría quebrada. El
volumen de deuda que han contraído los particulares, las empresas, los
hogares y el sistema financiero, sumado a la que ahora está contrayendo
el sector público, en un contexto marcado por sus problemas de déficit
fiscal, hace que sea absolutamente imposible pagar la deuda.
–¿Qué decisiones debería tomar el gobierno de España?
–Reestructurar la deuda, no sólo alargando los plazos, cambiando los
tipos de interés y estableciendo un período de carencia, sino además
haciendo una quita. Gran parte de esa deuda debe ser asumida por los
acreedores que prestaron el dinero y que no evaluaron correctamente
parte del riesgo en el que estaban incurriendo al prestar globalmente
tal volumen de crédito. Aunque cada acreedor individualmente hubiera
tomado una postura cuidadosa, el resultado global es una adjudicación de
endeudamiento imposible de atender.
–¿Cree que hay voluntad política para llevar a cabo esa iniciativa?
–No, ninguna. Esto es la América latina de finales de los ’80 y
principios de los ’90. Se trata de que los acreedores expriman a los
deudores hasta que no puedan más. Y en ese momento, pasar a plantear lo
que ya se sabe.
–¿Qué es lo que ya se sabe?
–Que no vamos a poder pagar la deuda, entonces; ¿para qué tanto
ajuste, tanto sacrificio, si va a llegar un momento en que esta solución
se va a tener que plantear? ¿Por qué tanto dolor sobre los pueblos,
sobre la sociedad, cuando la solución al final es una? No se puede pagar
la deuda.
–Ninguna crisis financiera de esta naturaleza se ha resuelto nunca –cuando existe tamaño endeudamiento– sin un proceso de reestructuración de la deuda. Lo primero que debemos tener en claro es que existen precedentes que muestran que la solución pasa siempre por esa vía. (...)
–El gobierno está comprometido con un discurso absolutamente
ortodoxo: las deudas hay que “honrarlas”. Esa palabra tiene una carga
simbólica importante. Yo creo que la izquierda no ha terminado de asumir
que el proyecto de la Eurozona y el euro no es un proyecto que la
izquierda pueda defender en estos momentos, bajo ninguna perspectiva.
Durante todo el proceso de Maastricht y la creación de la Eurozona, la
ofensiva de la izquierda fue: “Esto va a ser la Europa del capital”.
Y
hoy, esto es la Europa del capital. Ahora nos encontramos con que
tenemos una Europa completamente controlada por el capital, que se ha
convertido en un espacio de rentabilización de los capitales periféricos
y centrales, aunque más centrales que periféricos.
La izquierda va
transitando entre la incredulidad de no tener ningún tipo de discurso
frente a esto –no termina de entenderlo y no termina de asumirlo– y
plantear, en algunos casos, una respuesta socialdemócrata keynesiana.
–¿Cuál es esa respuesta, concretamente?
–La izquierda dice: “Podemos quedarnos dentro (de la Eurozona) pero
articulando políticas fiscales diferentes, sobre las que tengamos
soberanía”. Lo cual es absolutamente imposible desde el momento en que
tienes unas reglas cada vez más cerradas y con menos margen para el
poder de hacer política a nivel de toda Europa. Menos margen de
discrecionalidad para los gobiernos nacionales.
–¿Usted cree que los gobiernos deberían contar con mayor discrecionalidad?
–Claro, absolutamente. Si no ¿para qué elijo un gobierno? Si tengo
reglas que me dicen cómo dividir el presupuesto, entonces ya no puedo
hacer política a partir del presupuesto. Una segunda cuestión que yo
creo es que le tienen mucho miedo.
–Se ha planteado abiertamente, en algunos encuentros, la ruptura con el euro. Temen que eso pueda producir una debacle en la economía, que efectivamente puede ocurrir, o un descenso en el nivel de vida de los ciudadanos, que efectivamente se va a producir. Pero nada garantiza que dentro del euro no vaya a seguir produciéndose. El caso griego es claro.(...)
–Absoluto. Salir del euro no implica salir de la Unión Europea, que es uno de los primeros errores que se plantean. De hecho, inteligentemente, ni Suecia ni Dinamarca ni el Reino Unido entraron en el euro. (...)
–En principio, recuperar la soberanía y la moneda. Eso es básico,
porque permite no estar tan dependientes de los Estados a la hora de la
financiación y que ellos no sean los que marquen la política, sino que
haya un resorte del Banco Central que diga: “Vale, si usted no me compra
la deuda del Tesoro, me la va a comprar el Banco Central y luego
veremos cómo hacemos”. Tienes las posibilidades de recuperar tu
economía.
La economía española se ha desmantelado en los últimos diez
años orientándose hacia los sectores claves: por un lado, en la
construcción ya hemos visto el resultado de una burbuja inmobiliaria que
ha provocado una caída tremenda del PIB y un incremento del desempleo
muy importante. Por otro lado, el sector servicios. Dentro de la
Eurozona se preveía desde un principio que lo que iba a haber era una
especialización internacional del trabajo." (ALBERTO MONTERO SOLER, entrevista, Página12, 28/01/2013)
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