"En 2009 escribí la anotación siguiente: “¿Cómo explicar esa pasividad
–pensamos en las varias cohortes de jóvenes que se han sucedido, que
nos hemos sucedido ya a lo largo del período neoliberal, desde finales
de los setenta hasta hoy— mientras que se desplegaban las degradaciones
cada vez más profundas de la situación política, económica, social,
ecológica en estos decenios últimos?
Creo que hay que reparar al menos
en tres factores.
En primer lugar la paulatina liberación de las costumbres, la desaparición tendencial de la represión excedente (el
término era de Marcuse, ¿verdad?) que encorsetaba la vida de las
sociedades occidentales todavía en los años cincuenta y sesenta.
En
segundo lugar, los bienes y servicios low cost (posibles gracias a
una masiva ‘externalización’ de daños desde el centro a las periferias)
compensan parcialmente la pérdida de bienes públicos, derechos
sociales, protección laboral, seguridad existencial.
En tercer lugar, la
espectacularización y virtualización de la cultura (Internet desde los
años noventa) amplían las posibilidades de fuga para la potente
imaginación humana.
Por decirlo en tres palabras: la sexualidad
desinhibida, los vuelos baratos y la tarifa plana en telecomunicaciones
compensan mal que bien gravosas pérdidas en otras dimensiones.
Ah, este
ser humano, demasiado humano, como Homo compensator (Odo Marquard)…”
Hoy,
más impresionado si cabe por la pasividad de la inmensa mayoría de los
estudiantes universitarios ante una situación que no ha dejado de
empeorar en los tres años últimos y que literalmente los está privando
de futuro, se me ocurre que habría que añadir otros cuatro grandes
procesos macrosociales para pergeñar una explicación. Se trataría de lo
siguiente:
- Con la profundización de la globalización capitalista, y sus efectos en la cultura vivida por los jóvenes del Norte, se diría que, de la tríada de respuestas básicas que Albert O. Hirschmann enunciaba para hacer frente a los conflictos (recordemos: exit, voice and loyalty), la primera tiende a prevalecer sobre las otras dos en el caso de estos jóvenes universitarios. Parece que les resulta más fácil imaginarse emigrando (exit) que alzando la voz y coordinándose para protestar contra el mal social (voice), incluso cuando descartan la lealtad (loyalty) al (des)orden existente.
- Han seguido ahondándose los procesos de individualización anómica, de manera que, para mucha gente, concebir respuestas colectivas a las agresiones de la plutocracia gobernante resulta cada vez más difícil.
- También ha progresado la generalizada infantilización de la sociedad: hoy muchos cuarentones se comportan como treintañeros, los treintañeros como veinteañeros, los veinteañeros como adolescentes… En tal contexto, los desafíos frente a la autoridad, la asunción de responsabilidades y el tomar la propia vida en las propias manos se torna más difícil.
- Y last but not least: se impone, calando como lluvia fina, esa brutal cultura del capitalismo para la cual la vida humana consiste en compraventa de mercancías. Para la mayoría de la sociedad, otros horizontes culturales parecen cada vez más improbables, cuando no sencillamente inimaginables." (Jorge Riechmann, Tratar de comprender, tratar de ayudar, Rebelión, 27/02/2013)
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