28.2.13

¿Por qué no nos rebelamos?

"En 2009 escribí la anotación siguiente: “¿Cómo explicar esa pasividad –pensamos en las varias cohortes de jóvenes que se han sucedido, que nos hemos sucedido ya a lo largo del período neoliberal, desde finales de los setenta hasta hoy— mientras que se desplegaban las degradaciones cada vez más profundas de la situación política, económica, social, ecológica en estos decenios últimos?

Creo que hay que reparar al menos en tres factores.

En primer lugar la paulatina liberación de las costumbres, la desaparición tendencial de la represión excedente (el término era de Marcuse, ¿verdad?) que encorsetaba la vida de las sociedades occidentales todavía en los años cincuenta y sesenta.

 En segundo lugar, los bienes y servicios low cost (posibles gracias a una masiva ‘externalización’ de daños desde el centro a las periferias) compensan parcialmente la pérdida de bienes públicos, derechos sociales, protección laboral, seguridad existencial.

 En tercer lugar, la espectacularización y virtualización de la cultura (Internet desde los años noventa) amplían las posibilidades de fuga para la potente imaginación humana.

Por decirlo en tres palabras: la sexualidad desinhibida, los vuelos baratos y la tarifa plana en telecomunicaciones compensan mal que bien gravosas pérdidas en otras dimensiones. 

Ah, este ser humano, demasiado humano, como Homo compensator (Odo Marquard)…”

Hoy, más impresionado si cabe por la pasividad de la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios ante una situación que no ha dejado de empeorar en los tres años últimos y que literalmente los está privando de futuro, se me ocurre que habría que añadir otros cuatro grandes procesos macrosociales para pergeñar una explicación. Se trataría de lo siguiente:
  • Con la profundización de la globalización capitalista, y sus efectos en la cultura vivida por los jóvenes del Norte, se diría que, de la tríada de respuestas básicas que Albert O. Hirschmann enunciaba para hacer frente a los conflictos (recordemos: exit, voice and loyalty), la primera tiende a prevalecer sobre las otras dos en el caso de estos jóvenes universitarios. Parece que les resulta más fácil imaginarse emigrando (exit) que alzando la voz y coordinándose para protestar contra el mal social (voice), incluso cuando descartan la lealtad (loyalty) al (des)orden existente.
  • Han seguido ahondándose los procesos de individualización anómica, de manera que, para mucha gente, concebir respuestas colectivas a las agresiones de la plutocracia gobernante resulta cada vez más difícil.
  • También ha progresado la generalizada infantilización de la sociedad: hoy muchos cuarentones se comportan como treintañeros, los treintañeros como veinteañeros, los veinteañeros como adolescentes… En tal contexto, los desafíos frente a la autoridad, la asunción de responsabilidades y el tomar la propia vida en las propias manos se torna más difícil.
  • Y last but not least: se impone, calando como lluvia fina, esa brutal cultura del capitalismo para la cual la vida humana consiste en compraventa de mercancías. Para la mayoría de la sociedad, otros horizontes culturales parecen cada vez más improbables, cuando no sencillamente inimaginables."            (Jorge Riechmann, Tratar de comprender, tratar de ayudar, Rebelión, 27/02/2013)

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