"Todas las crisis financieras agudas desprenden el mismo olor, un
característico aroma nauseabundo que se cuela por todas partes. (...)
La economía más pequeña del euro —apenas el 0,2% del PIB de la eurozona—
creció un rotundo 4% anual durante la década anterior a la crisis.
Tenía un desempleo bajo y una deuda pública moderada.
Pero durante esa
época amasó gigantescos desequilibrios: un enorme déficit exterior (solo
superado por el de España), un rápido crecimiento del crédito (que
remite de nuevo a España), una burbuja inmobiliaria gigantesca
(¿España?) y un sector financiero hipertrofiado, manchado con dinero
sucio, y muy expuesto a Grecia.
Cuando Lehman Brothers se llevó por
delante los días de vino y rosas, los activos de los bancos suponían
ocho veces el PIB de Chipre y la vivienda acumulaba un encarecimiento
del 60% desde 2006. (...)
Hasta que, en fin, la burbuja internacional pinchó aquel otoño de 2008. Y
Grecia se hundió en mayo de 2010. En ese momento comenzaron de veras
los problemas de Chipre, con robustos vínculos económicos y políticos
con Atenas. (...)
Las cosas ya iban de mal en peor: en diciembre de 2011, Chipre solicitó
un primer rescate a Rusia, de 2.500 millones. Nicosia y Moscú tienen
extraños nexos: el anterior Gobierno era comunista, buena parte del
sector turístico de la isla depende de Rusia y, sobre todo, de los casi
70.000 millones en depósitos que hay en los bancos chipriotas, en torno a
20.000 millones son de extranjeros, mayoritariamente rusos; Rusia ha
usado la isla como lavandería de dinero negro durante años.
Pese al
crédito ruso, la economía ya estaba en caída libre y los bancos seguían
sufriendo los rigores del pinchazo inmobiliario, de la crisis financiera
y del hundimiento de Grecia. (...)
A mediados del año pasado, Chipre solicitó ayuda a la UE. (...)
El acuerdo se precipitó ayer y deja alguna sorpresa mayúscula. Y el
temor a que se reproduzca el mal de Grecia: una huida de capitales de la
isla —que lleva meses produciéndose: empezó con los primeros rumores de
una posible quita a los depositantes, mil veces negada— y el efecto
contagio hacia la banca de la periferia.
Alemania y sus elecciones, de
nuevo, imponen duras condiciones: a cambio del rescate, los depositantes
deben correr con parte de la factura, incluso los que tienen menos de
100.000 euros en la cuenta.
Se busca que el contribuyente europeo se rasque menos el bolsillo y
que Rusia costee una parte. Pero esto es terra incognita: la zona euro
se dotó de un sistema de garantía de depósitos cuando estalló la crisis
para evitar ver esas típicas colas de la Gran Depresión en las
sucursales.
Ese escudo salta ahora por los aires, en lo que supone un
peligroso precedente para futuras crisis. Y puede que en un detonador
para reavivar los problemas actuales en el Sur.
Lo bueno es que esta vez no se han impuesto quitas a la deuda: la UE
refuerza la idea de que Grecia es un caso único. Lo malo es que Chipre
se convierte en otra excepción: se abre la veda para que en futuras
crisis la factura la paguen los depositantes." (El País, 17/03/2013)
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