"El resultado de las elecciones italianas debería constituir un mensaje
claro para los líderes europeos: las políticas de austeridad que han
implementado están siendo rechazadas por los votantes.
El proyecto europeo,
idealista como era, siempre constituyó una iniciativa verticalista. Pero
fomentar el gobierno de los países por tecnócratas, en una aparente
burla de los procesos democráticos, y endilgándoles las políticas que
conducen a la miseria pública generalizada, es algo completamente
distinto.
Mientras los
líderes europeos rehúyen el mundo, la realidad es que gran parte de la
Unión Europea está en una depresión. La pérdida del producto en Italia
desde el comienzo de la crisis es tan significativa como la de la década
de 1930. (...)
Los médicos de la economía dicen que el paciente debe mantener su curso.
Los líderes políticos que sugieren alternativas son tildados de
populistas. La realidad, sin embargo, es que la cura no está funcionando
y no hay esperanza de que lo haga –esto es, sin resultar peor que la
enfermedad. De hecho, llevará una década o más recuperar las pérdidas
incurridas durante este proceso de austeridad. (...)
El diagnóstico simplista de la aflicción europea –que los países en
crisis estaban gastando por encima de sus posibilidades– está
claramente, al menos en parte, equivocado. España e Irlanda tenían
superávits fiscales y bajos índices de deuda respecto de sus PBI antes
de la crisis. Si Grecia fuese el único problema, Europa podría haberlo
resuelto fácilmente. (...)
Lo que no funcionará, al
menos en la mayoría de los países de la zona del euro, es la devaluación
interna –es decir, forzar los salarios y los precios a la baja– ya que
esto aumentaría el peso de la deuda para los hogares, las empresas y los
gobiernos (que en su inmensa mayoría mantienen deudas en euros). Y,
como los ajustes en los diversos sectores ocurren a distintas
velocidades, la deflación alimentaría masivas distorsiones en la
economía.
Si la
devaluación interna fuese la solución, el patrón oro no hubiese
constituido un problema durante la Gran Depresión. La devaluación
interna, combinada con austeridad y el principio del mercado único (que
facilita la huida de capitales y la hemorragia de los sistemas
bancarios) es una combinación tóxica.
El
proyecto europeo fue, y es, una gran idea política. Tiene potencial
para promover tanto la prosperidad como la paz. Pero, en vez de fomentar
la solidaridad en Europa, está sembrando discordia al interior de los
países y entre ellos. (...)
Sí, Europa necesita una
reforma estructural, como insisten los defensores de la austeridad. Pero
es una reforma en los acuerdos institucionales de la zona del euro, y
no las reformas dentro de los países, lo que producirá el mayor impacto.
A menos que Europa esté dispuesta a implementar esas reformas, puede
tener que dejar morir al euro para salvarse a sí misma.
La
Unión Económica y Monetaria de la UE fue un medio para un fin, no un
fin en sí mismo. El electorado europeo parece haber reconocido que, si
continúan los acuerdos actuales, el euro está socavando el propio
propósito para el cual supuestamente fue creado. Esa es la sencilla verdad que los líderes europeos aún no han comprendido." (Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate)
No hay comentarios:
Publicar un comentario