"Ni Grecia, ni
Portugal ni España (a partir de ahora “PEGs”) han accedido a la modernidad
capitalista en condiciones comparables a estas. Los tres accedieron
históricamente tarde al fordismo (“fordismo retardado” Koch 2003) [nachholender
Fordismus] y lo han hecho fuera del marco de los grandes pactos destinados a
domesticar la modernización capitalista. (...)
Este acceso tardío a un capitalismo domesticado, es decir, en un momento en que dejaba de estarlo cada vez más en el resto del mundo occidental, elevó considerablemente el coste que tuvieron que pagar por la integración en la CEE.
¿Hacia un bloque
mediterráneo?
Mi argumento es el siguiente: las trayectorias históricas de los
PEGs los colocan en posiciones comparables dentro de la actual coyuntura
política y financiera. La degradación de sus sistemas sociales podría llevar a
la conformación de nuevas mayorías opuestas a las políticas austeridad y a los
pilares ideológicos que las sustentan.
Sin embargo es altamente improbable que
se puedan enfrentar por separado a estas políticas con posibilidades de éxito,
lo cual pone encima de la mesa la necesidad de crear un frente común.
Este
frente podría sumar un peso político y económico suficiente para forzar un
cambio de las políticas de austeridad, vincular el pago de la deuda al
crecimiento económico y poner en marcha un plan de inversiones públicas con
capacidad de generar empleo en el marco de la reconversión social y ambiental
de todo el Continente.
Para
el caso de que no se produjera un acuerdo con los exportadores del
norte y continuaran las políticas de austeridad, sólo un bloque de
países del sur tendría posibilidades reales de iniciar una andadura
propia fuera del marco de la actual Unión Europa.
Más concretamente: un
frente europeo-mediterráneo:
(1)
colocaría a sus
países en una posición negociadora mucho mejor derivada del volumen de su su
deuda externa, cuya amenaza de
impago podría arrastrar al abismo a todo el sistema financiero europeo y
mundial. Este escenario tendría un coste muy elevado para los PEGs, pero sería
incluso mayor para los acreedores de los países centrales de forma que es improbable que estos
arriesgen la posibilidad que se produzca.
(2)
Los PEGs unidos
tendían más posibilidades de forzar una conferencia internacional similar a la
de Londres de 1953. En esta conferencia, que terminó con la firma de un acuerdo
multilateral, se acordó vincular el pago de la deuda externa contraía por
Alemania desde la Primera Guerra Mundial con los Estados Unidos, Reino Unido y
Francia, al crecimiento económico y el desarrollo las capacidades
productivas del primero.
La razón no fue el repentino humanitarismo de las potencias
occidentales, sino la posición de fuerza que, inesperadamente, pasó a tener
Alemania Federal dentro de la nueva estrategia militar de contención del bloque
socialista. El argumento de Alemania era que no iba a poder hacer frente a sus
compromisos militares si no se renegociaba su deuda y que una Alemania Federal
económicamente débil y deprimida podría erosionar la imagen del capitalismo en
perjuicio de todo el mundo occidental.
El llamado “milagro alemán” habría sido
imposible sin esta conferencia, pues el país nunca habría despegado como lo
hizo si no hubiera conseguido renegociar el pago de su deuda y no se le
hubieran condonado unos 14.600 millones de marcos.
(3)
Alemania, la
nueva potencia hegemónica en Europa, necesita seguir vinculando su sistema
monetario al de las economías más débiles de sur con el fin de mantenerla
devaluada en beneficio de sus exportaciones, para recuperar la mayor parte
posible de sus préstamos y para evitar una posible implosión de toda la zona
euro debido al efecto contagio:
Alemania necesita a los PEGs. Si estos se unieran en una estrategia común
podrían amenazar con crear una moneda propia (el eurosur). Este
paso tendría consecuencias negativas y positivas para sus países que
hay que evaluar con la máxima precisión posible.
En cualquier caso,
serían más asumibles que si los países iniciaran esta andadura por
separado. Lo que provocaría esta ruptura, en cualquier caso, es el
final de la estrategia exportadora
alemana tal y como hoy la conocdemos debido a la rápida revaluación del hipotético euronorte restante. Esta situación rompería los consensos internos de aquel país, que
incluyen a una parte de su movimiento sindical, a la socialdemocracia y al Partido de los Verdes.
Es
razonable pensar que para evitarlo las élites alemanas accedan liberar
los recursos mínimos imprescindibles para evitarlo, ni un euro más
(Kulke 2012).
(4)
Sin embargo, sería
un error pensar que esta situación va a beneficiar al sur por mucho que
el sur sea hoy necesario para el norte. De hecho le está hundiendo en
una situación social inasumible.
Es altamente improbable que, al menos
en la actual situación, ni Alemania ni el resto de los países
exportadores liberen recursos para que los PEGs puedan crear una base
productiva autocentrada que les permita financiar de forma sostenible los
consensos políticos y sociales de sus jóvenes democracias (id.). Si hay alguna
posibilidad de conseguirlo es modificando la correlación de fuerzas que se da
hoy en Europa. (...)
(5) (...) En los PEGs, pero no en el resto de los países de la UE, se está produciendo
una erosión simultánea del apoyo electoral a los partidos del consenso
altántico. Esta sincronización del ciclo político en el sur acerca la
posibilidad de actuar conjuntamente.
La situación creada en Italia tras las elecciones de febrero de 2013 apunta en la misma dirección.
(6)
Los PEGs pueden
jugar con la baza de sus relaciones privilegiadas con América Latina
(Portugal
y España) y con el mundo árabe y Rusia (Grecia), a parte de con la de la
importancia estratégica del espacio del Mediterráneo.
Esta baza sólo es
posible jugarla conjuntamente. pues los grandes actores atlánticos
tienen poder suficiente para bloquearla si se lleva a cabo por
separado." ( 'El sur de Europa en busca de una salida (1/3)', en Piensa y actúa, 27/02/2013)
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