"El primero está en Sicilia, allá por octubre de 2012.
Las elecciones regionales deparan un resultado muy parecido al actual.
Gana el candidato de la coalición de centroizquierda, Rosario Crocetta,
pero el Movimiento 5 Estrellas, cuyo líder había llegado a la isla
cruzando a nado el estrecho de Messina dos semanas antes, resulta ser la
formación más votada.
Crocetta es un tipo de una pieza. Tiene 61 años,
ha sido alcalde de Gela –un municipio de 72.000 habitantes en la
provincia de Caltanissetta-- y es conocido por su lucha sin cuartel
contra la Mafia y los prejuicios. No solo fue uno de los primeros en plantarle cara a la Cosa Nostra en su terreno
sino también en declarar su homosexualidad, y ni lo uno ni lo otro son
cuestiones fáciles en Italia.
El caso es que Rosario Crocetta decide que
va a seguir jugándose el tipo. Con las urnas aún calientes, declara que
lo primero que va a hacer como presidente regional es “despedir a
algunos consultores que ganan cantidades desproporcionadas de dinero por
tareas que no son necesarias”.
Y va y lo hace. Luego añade que no va a
llegar a ningún pacto de gobierno –como le sugiere su partido— con
centristas ni derechistas. “Quien quiera apoyarme”, declara en un claro
mensaje a la formación de Beppe Grillo, “que me apoye”.
Y Rosario Crocetta empieza a gobernar. Y decide que el agua debe de
ser de todos, y los 15 parlamentarios del Movimiento 5 Estrellas lo
apoyan. Y decide revocar el permiso para que EE UU tenga un radar en la
isla porque parece perjudicial para la salud, y vuelve a obtener el
acuerdo de los de Grillo.
Y luego hace saltar el acuerdo vitalicio por
el que el Partido Democrático (PD) y el Pueblo de la Libertad (PDL) de
Berlusconi se van alternando la vicepresidencia de la Asamblea Regional
de Sicilia, y se la ofrece a un miembro del Movimiento 5 Estrellas, que
acepta.
A cambio, apoya una propuesta muy innovadora. Crear un fondo con
el dinero –el 70% de su asignación—que los 15 parlamentarios de Grillo
devuelven a la Asamblea para destinarlo a microcréditos. Así, día a día.
El resultado es que ahora ya no se mira a Sicilia solo por las playas o
la Cosa Nostra, sino también porque otra política es posible. Cuando se
le pregunta al presidente Crocetta cómo lo ha conseguido, responde:
“Yo, entre los grillini, solo he encontrado gente buena con la que se puede dialogar”.
A nadie se le escapa que no es lo mismo gobernar Sicilia que Italia.
Tampoco que para gobernar una región no hay que someterse a la confianza
del Parlamento, y sí en el caso del Gobierno de la nación." (
Pablo Ordaz
Roma, El País,
2 MAR 2013)
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