"Es un debate recurrente y que gana presencia a medida que los efectos de
los recortes y la crisis afectan a capas de población cada vez más
amplias. Las organizaciones sociales llevan un tiempo advirtiendo que la
situación de muchas familias es desesperada, lo que podría desencadenar
un estallido de violencia. (...)
En España han cobrado cierta repercusión mediática algunos casos de
suicidio, sobre todo relacionados con desahucios inminentes. Además, dos
personas se han quemado a lo bonzo en lo que va de año y los Tedax han
desactivado varias bombas caseras en diferentes puntos del país.
Sin
embargo, ni los expertos ni la policía consideran la posibilidad de que
se produzca una escalada de violencia en España, ni siquiera al nivel de
Grecia, aunque advierten de que siempre hay un grado de incertidumbre
que puede cambiar el escenario. Estos son los principales factores para
que no se produzca un estallido social.
El historiador y profesor de la Universidad Complutense Rafael Cruz,
especializado en violencia colectiva, apunta que la protesta en España
está “absolutamente canalizada” por una “intensa movilización de
carácter pacífico”.
“Si predomina el cóctel molotov desaparece la
movilización multitudinaria, y no creo que ese sea el interés ni los
objetivos de las personas que están saliendo a la calle”, asegura. El
fracaso de la convocatoria Asedia el Congreso, el pasado 25 de abril es,
para los expertos, una prueba de que el discurso de la violencia no
tiene repercusión. El profesor de la UNED Juan Avilés, autor del libro
El nacimiento del terrorismo en Occidente, considera que, en lugar de
violencia, asistiremos al surgimiento de nuevas fuerzas políticas al
margen de los partidos tradicionales, como ha ocurrido en Grecia –con
Syriza– o en Italia –con el Movimiento 5 Estrellas–. “En el fondo poner
una bomba es muy fácil, pero esto no tiene mucho que ver con la reacción
de la gente a la recesión económica, que ha ido en otras direcciones”,
explica. (...)
El caso paradigmático es ETA. “En los años 70 hubo un ambiente más
favorable a la aparición de este tipo de grupos, pero, hoy en día, en
Europa occidental y en buena parte del mundo, la violencia como
respuesta a los problemas está bastante desacreditada”, sostiene Avilés. (...)
En España, la familia, y no sólo la más cercana, desempeña un papel
crucial. “Supone un importante lazo de solidaridad que impide que las
peores consecuencias de la crisis salgan con más crudeza a la
superficie”, desarrolla Julián Casanova, historiador y catedrático de la
Universidad de Zaragoza.
“Para que se produzca una situación de
violencia generalizada debería quebrarse también el orden institucional,
algo que se ha dado en mayor medida en Grecia que en España, por
ejemplo”, añade. Sin embargo, Casanova advierte que podría saltar una
chispa que cambiase totalmente el panorama, como un caso de represión
brutal de los conflictos por parte de las fuerzas de seguridad.
Un
ejemplo es Suecia, donde los disturbios comenzaron después de que la
policía matara a tiros a un inmigrante con problemas psíquicos. (...)
Las previsiones de la policía no contemplan que se produzcan episodios
graves de violencia, “siempre que nos quedemos donde estamos” desde el
punto de vista económico. “La experiencia en la lucha contra el
terrorismo, sobre todo en inteligencia, nos permite identificar estos
casos y separar a los violentos de los que quieren salir a protestar de
forma pacífica”, zanja." (La Marea, 22/06/2013)
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