"La certeza con que puede anticiparse el final de la recesión de la
economía española no existe a la hora de hacer lo propio con la
recuperación: con su intensidad y sostenibilidad. En ausencia de
estímulos a la demanda es probable que su tibieza y fragilidad apenas
permitan reducciones significativas del desempleo en el corto plazo. (...)
La mayoría de los analistas anticipa para el conjunto de este año una
contracción del PIB no inferior al 1,5% y un crecimiento en 2014 menor
del 1%, que podría ascender algo más en 2015: una “U” de panza corta, en
la esperanza de que la economía mundial, Europa incluida, renueve la
intensidad del crecimiento.
Esta presunción no se ha visto favorecida
por la reciente revisión de las previsiones del Fondo Monetario
Internacional (FMI). Ninguna de las economías con las que la española
mantiene intercambios relevantes —incluidas las emergentes— mejora sus
previsiones para 2014. El crecimiento del conjunto de las avanzadas se
revisa una y dos décimas a la baja en este y el próximo año,
respectivamente.
Y es la eurozona la que sigue lastrando en mayor medida el
crecimiento global. A la recesión de este año le sucederá una tasa de
expansión inferior al 1% el que viene. (...)
En ese contexto, tiene lugar la revisión a la baja en el crecimiento
previsto para España en 2014 por el FMI. Del 0,7% anticipado en abril
pasaríamos a no crecer, amparando la conformación de esa “L” sugerida
por Jiménez y Barrón. Ello sería básicamente la consecuencia, según el
FMI, del impacto depresivo sobre la demanda interna causado por el
ajuste presupuestario. (...)
Aunque más debilitado que hace un año, el bucle diabólico
que atenazaba a la economía española sigue activo. Sus tres tractores
—la recesión, un sistema bancario vulnerable y una deuda pública
expuesta a las indecisiones de la eurozona— han reducido la intensidad
de su realimentación, pero siguen manteniendo a nuestra economía
expuesta a perturbaciones internas y externas.
Aun cuando consideremos excesivamente pesimista la ausencia de
crecimiento que el FMI anticipa para 2014, la alternativa no será una
expansión significativa. El debilitamiento de los componentes de la
demanda interna sigue siendo manifiesto. La de consumo, consecuente con
la caída en la renta disponible de las familias y la reducción de las
remuneraciones salariales.
Aunque los ingresos por ventas de las
empresas no repuntan, si lo hacen los beneficios es gracias a que la
caída de los costes salariales es más pronunciada. En su mayoría, ese
excedente es destinado a la autofinanciación o directamente a pagar
deudas, no a inversión en mejoras o ampliaciones de la capacidad de
producción.
La reducción de los salarios ayuda a explicar también el comportamiento favorable de las exportaciones en los últimos años. (...)
La segunda vía de alimentación de ese círculo vicioso sigue siendo
precisamente un sistema bancario vulnerable. Hace poco más de un año que
el Gobierno solicitó a las autoridades comunitarias asistencia
financiera para recapitalizar algunos bancos, que se ha traducido en la
disposición del 40% de la línea de crédito por 100.000 millones de
euros, concedida en condiciones muy favorables.
Los bancos disponen hoy
de capital suficiente, pero es probable que precisen más. En realidad,
alguna de las funciones para las que ese programa fue concedido está
lejos de satisfacerse. “La incertidumbre sobre la fortaleza de los
balances bancarios” no se ha eliminado completamente, y tampoco se ha
“contribuido a mejorar las condiciones crediticias domésticas con el fin
de apoyar la recuperación económica”, subraya el reciente informe
especifico del FMI (Spain: Financial Sector Reform-Third Progress Report). “Los riesgos en la economía y, por tanto, en el sistema financiero siguen siendo elevados”. (...)
La vulnerabilidad de la deuda pública es el tercer alimentador del
círculo vicioso. Sufre los efectos de los otros dos a través de
distintas vías: desde la menor recaudación tributaria originada por la
recesión, hasta la eventual aportación adicional de fondos públicos para
capitalizar a los bancos. Pero a su vez condiciona la calidad de sus
activos, en la medida en que son los bancos los principales tenedores de
bonos públicos españoles.
Los tipos de interés sobre la deuda pública,
referencia para los que soportan los prestatarios privados, aunque más
bajos que los vigentes hace un año, son superiores a los que
soportaríamos en condiciones de crecimiento económico y salud bancaria. Y
de mayor confianza en las instituciones europeas.
Todo lo anterior no garantiza una recuperación inminente ni con la
intensidad suficiente —en la ideal forma de “V”— para que nuestro
principal desequilibro, el desempleo, inicie una clara corrección." (
Emilio Ontiveros , El País, 22 JUL 2013 )
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