4.7.13

“¡Próxima, parada Vodafone - Sol!”.

"La Puerta del Sol  se convirtió en la primavera del 2011 en un símbolo de un nuevo movimiento de protesta en España –y posteriormente en EE.UU.- que revindicaba la democracia directa y la desobediencia civil  contra un sistema político secuestrado por las grandes compañías multinacionales y los bancos internacionales. 

Un enorme póster de Heinrich Himmler con orejas del Ratón Micky se colgó de la fachada del Corte Inglés y otros carteles de protesta tapaban la publicidad de empresas como Vodafone en la  histórica plaza madrileña. 

Hubo muchos mensajes anti corporativos escritos en las cajas de cartón deshechas que adornaban la histórica acampada: “¡Bienvenido a la republica independiente de mi plaza!”, rezaba uno, parafraseando el cínico eslogan de Ikea y reivindicando repúblicas de las que los españoles pueden estar mucho más orgullosos que de los sillones Pöang o los sofas Karstadt de la multinacional sueca.

 Eso era la subversión irónica y refrescante de la Puerta del Sol 2011. Ridiculizaba el marketing  arrogante de las grandes multinacionales, una técnica de protesta sútil en la tradición  de la  revista neoyorquina  Adbusters, cuyos periodistas acuñarían  en el verano del 2011 el lema “99%/1%” reivindicando un mundo mas equitativo con menos consejeros delegados hiper remunerados como, por poner un ejemplo,  Vittorio Colao , el CEO de Vodafone, que cobró 11 millones de libras (13 millones de euros)  el año pasado.

 Aquel lema de Adbusters se haría famoso en el otoño del 2011 durante las acampadas de Zucotti park (Nueva York), inspiradas por las protestas de la Puerta del Sol.

Uno de los blancos de la ira de los movimientos de protesta que nacieron aquel año era una cínica elite corporativa y global más obscenamente rica que nunca, que combina estrategias de ingeniería tributaria para evitar impuestos con grandes campañas de filantrocapitalismo,  así como políticas de marketing destinadas a asimilar y engullir cualquier movimiento contestatario, convirtiendo a sus activistas en consumidores de whatsapp o de  camisetas Desigual.

 Se protestaba  en el 2011 contra la insidiosa white washing en la que las corporaciones globales de bienes de consumo  gastan millones de euros en publicidad  para identificar sus marcas con causas altruistas y con la rebeldía e inconformismo juvenil. 

Vodafone, por ejemplo, hasta trató de hacerse dueño de las primeras manifestaciones en la Plaza Tahrir de El Cairo a primeros del 2011, aquellas extraordinarias protestas que habían inspirado indirectamente a los jóvenes de la Puerta del Sol. La multinacional británica de telefonía  distribuyó un video “Our power” poco después de las primera protestas en la cual se atrevió a sugerir que su campaña de publicidad había encendido la mecha revolucionaria: “Hicimos que la gente se diera cuenta del poder que tiene”, insistió el anuncio egipcio de Vodafone.

 La competencia de Vodafone en la batalla por licencias adjudicadas por Hosni Mubarak,  por su parte, empapelaba el aeropuerto de El Cairo de mensajes de solidaridad con la revolución. Esto pese a que ambas empresas hubieran apoyado el black out de Mubarak que mandó cortar toda comunicación durante los primeros días de las protestas.

 Pero en Egipto también, durante aquel histórico año,  el pueblo  se hizo repentinamente sabio y astuto, experto en las maquiavelicas técnicas subliminales de los  creativos de la publicidad multinacional. 

De repente, en la gran escuela colectiva de Tahrir, la mirada de la protesta traspasó la superficie del marketing y descubrió la mentira. Se organizó un boicot espontáneo contra Vodafone. Cuando estallaron las protestas madrileñas, los jóvenes revolucionarios egipcios se solidarizaron con los acampados en la Puerta del sol.

Dos años después, pues, no deja de ser triste contemplar la pasividad con la que se ha aceptado resignadamente la decisión del ayuntamiento  de Madrid de vender los derechos de marketing de la parada de metro de la Puerta del Sol que, de ahora en adelante se llamará “Vodafone sol”. 

 Los turistas que se desplazan en metro para visitar la famosa Puerta del Sol, kilómetro cero de España, con su oso y madroño y su famoso reloj de fin de año, se enteran ya de que están a punto de llegar cuando oyen por el sistema de megafonia:  “¡Próxima, parada Vodafone sol!”. Seguramente la multinacional británica quisiera hacer lo mismo en Londres, la ciudad que alberga su sede. 

This train is approaching Vodafone-Hyde park!” Pero ni tan siquiera habria consentido eso Margaret Thatcher, que le dio a Vodafone (entonces Racal)  su primer empujoncito hacia la súper rentabilidad en 1981 al adjudicarle por un precio muy razonable otro  valioso bien publico, una de las primeras licencias telefónicas tras la privatización de las telecomunicaciones británicas.

Al visitar la Puerta del Sol el otro día, dos años después de recorrer, maravillado, la acampada del 15-M, había esperado ver alguna señal de protesta por el rebranding descarado de un lugar tan simbolicamente importante. Unos grafitis de spray paint, quizas,  con firma indignada por la arrogancia de esta multinacional.

 Una pegatina  con lema irónico que subvirtiese el intento  cínico  de Vodafone por secuestrar una seña de identidad de Madrid y del movimiento de protesta nacido hace dos años. Pero los nuevos logos del metro de Sol Vodafone  estaban intactos. .

 El branding de la icónica plaza es «motivo de orgullo para los madrileños», llegó a decir el portavoz de un ayuntamiento citando el millón de euros que se había ingresado gracias a la innovadora operación de branding corporativo, ahorrando dinero del maltrecho contribuyente.

Lo que el ayuntamiento de Madrid no comentó durante la ceremonia de rebranding de la Puerta del Sol es que Vodafone es una de las multinacionales más criticadas en el Reino Unido por su ingeniería de evasión fiscal."         (Andy Robinson, La Vanguardia, Rebelión, 01/07/2013)

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