23.8.13

Ahora la gente viene pidiendo ayuda para comida, para velas. No para pagar la luz, sino directamente para las velas o para pagar bombonas de butano

" (...) Laura y María son dos educadoras sociales que trabajan en dos ciudades diferentes. Eldiario.es se reúne con ellas en un barrio de Madrid. Durante tres horas conversan sobre la realidad social con la que se encuentran cada día y que, en el mejor de los casos, solo se suele conocer a través de cifras. (...)

Pregunta: ¿Se percibe en vuestro trabajo un cambio en el perfil de las familias que acuden a pedir ayuda?

María: Sí. Para empezar, no pasa semana sin que alguien nos diga que “si no fuera por mis hijos me tiraba por el puente, me quitaba la vida”. Este es un indicador claro del grado de desesperación de la gente, y ves que te lo dicen con el corazón en la mano, lo hablas con otros compañeros de otros distritos y te cuentan casos similares. (...)

Hay una normalización de cosas que antes eran escandalosas.

María: Y es muy grave, porque al final que un niño solo coma una vez al día te parece normal, cuando hace tres años era impensable.

Laura: El año pasado empezamos a notar el aumento increíble de número de personas que no tenían comida suficiente y el aumento de personas en esa situación de “me quiero suicidar”. 

María: Hay gente que aguanta sin operarse para no perder el trabajo. Yo atiendo a una mujer que se tiene que operar de la rodilla, y no se opera porque no se puede permitir una baja en su trabajo. Tiene tres hijos, es víctima de violencia de género. Lo que hace es ir a urgencias los fines de semana, le ponen analgésicos y así tira como puede.

Laura: Si tú tienes una tara eres un producto defectuoso. Tras una baja porque tienes la rodilla mal te pueden echar del trabajo, y si sales del mercado laboral no vuelves a entrar. La gente no se puede permitir ni ir al médico porque no pueden faltar al trabajo, aunque sea algo grave. Y ¿cómo dices a alguien vete al médico y que al día siguiente le echen del trabajo?

Laura: La necesidad ya no es porque 'se me ha caído un diente o se me han roto unas gafas'. Ahora la gente viene pidiendo ayuda para comida, para vacunas, para velas. No para pagar la luz, sino directamente para las velas o para pagar bombonas de butano porque no tienen gas. Cada vez hay más empalmes de luz en ciertos barrios.(...)

 Ahora está empezando a desahuciar el Instituto de Realojo e Integración Social. Así que familias que han sido realojadas de las chabolas son desalojadas por no pagar la renta, que a lo mejor son 50 euros, y tapian las casas.

Laura: Hay padres que no comen casi, lo poco que hay es para los críos. Yo he atendido el caso de una mujer diabética que no come lo que debería comer porque lo poco que tiene va para los niños y claro, al final, coma diabético. 

Y me preocupa casi más lo que no vemos, las situaciones que por vergüenza no acuden a pedir ayuda. Yo sé que a la parroquia del barrio va gente a pedir fuera del horario para que no les vean los vecinos.

Y han vuelto las camas calientes, la gente alquila camas por horas. Imagina la atención psicológica que toda esta gente necesitaría, pero no se ofrece ese servicio...

María: Y hay un cambio en la desesperación de la gente, una actitud mayor de “¿para qué?, si mi madre se lo ha currado y está en paro, si mi padre tiene estudios y no encuentra trabajo”. O "¿para qué?, si los ricos, Bárcenas, el otro, pueden robar y roban cada vez más, mientras nosotros estamos así?" (...)

María: Tengo un caso de una mujer que gana 800 euros al mes, paga 400 euros por la casa, tiene dos hijos a su cargo. Pues tuvimos que pelear que le concedieran el comedor de los niños, no veas lo que costó... (...)

Pregunta: Hablabáis antes también de un perfil nuevo de madres deprimidas...

Laura: Desde hace dos años yo veo un perfil nuevo imposible de incorporar, no vienen a nosotras. Son mamás que no hay forma de sacarlas de casa, no tienen ganas de nada, no se relacionan, se sienten mal porque no tienen nada bonito que contar. Y solo se activan por los niños, para ir a buscarlos al colegio. (...)

Laura: Y ahora hay un perfil nuevo que es el hombre de 45 años a 60 que de repente se queda sin trabajo, está todo el día en casa, tiene a la mujer harta y acobardada. Ellos son más reticentes a compartir la parte emocional, a pedir ayuda, a ir al centro cultural. Son las mujeres las que vienen a pedir ayuda, las que ponen nombre a las cosas, las que no tienen vergüenza, mientras que ellos no ponen palabra a lo que sienten.

 Y ese perfil de hombre sabe que ya no va a trabajar más, en el mejor de los casos está con un humor de perros y en el peor de los casos aumenta el consumo de alcohol y se dispara la violencia de género. (...)

Laura:En mi zona intuimos que ha aumentado la prostitución. Mujeres que no de forma continúa pero sí esporádica se prostituyen para llenar la nevera.  (...)

María: Los 400 euros de ayuda a los desempleados no los van a quitar, para contener. Si no percibieran esas prestaciones quizá tarde o temprano saldrían a la calle a protestar...  (...)

Ahora se están activando mecanismos sociales -por ver la parte positiva, lo digo- de redes con nuevos formatos. El reto para el curso que viene es canalizar la solidaridad. Los barrios están llenos de gente dispuesta a hacer cosas; quizá es gente que no iría a una manifestación pero sí estaría dispuesta a acompañar a una persona mayor al médico o a recoger el niño de una madre que ha conseguido trabajo tras dos años en el paro.

María: En mi barrio hay familias que hacen más comida y reparten a quienes no tienen.

Laura: Eso antes no pasaba. Se están generando mecanismos y falta mucho por canalizar.

María: Hay colegios que pasan los libros de texto en pdf y los imprimen para los críos. Lo que me da miedo de esto es que se avanza hacia la caridad.

Laura: Depende. En mi zona la gente que está moviendo estas cosas huye de la caridad, su objetivo es implicar a la gente, marcan una línea.   (...)

María: Yo a veces me planteo dejar este trabajo, no creo que pueda toda la vida...  (...)

Laura: Es difícil. Un día estaba fumando antes de entrar en el trabajo y cuando apagué el cigarrillo me dije: "Venga, preparada para otras siete horas de miseria. A ponerle cara a los recortes." Y luego si en las reuniones cuentas la realidad te llaman transgresora."           (eldiario.es, 30/07/2013)

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