"Después de todo, la guerra contra las drogas fue principalmente una
invención estadounidense, lanzada por el presidente Nixon cuando declaró
que los narcóticos eran el “enemigo público número uno” del país. Desde
entonces, la guerra contra las drogas ha proporcionaro un pretexto para
la intervención militar y política en Latinoamérica (y en Asia) y un
control social cada vez más brutal y represivo en EE.UU.
La aprobación
de la nueva ley en Uruguay podría ser un primer paso para desmantelar
una guerra cuya fraudulencia e hipocresía se comparan fácilmente con sus
equivalentes, la Guerra Fría y la “guerra contra el terror”.
El
año pasado, el Estado de Washington y el de Colorado aprobaron leyes
que permiten el uso recreativo de la marihuana y es bastante posible que
otros Estados sigan su ejemplo en un futuro cercano. Esas acciones
tienen el potencial de detener algunas absurdidades de la guerra contra
la droga, incluso aunque no se adopte una legilación similar en el
ámbito federal.
Las nuevas leyes también reflejan un
creciente escepticismo del público de EE.UU. con respecto a los
beneficios de la prohibición. (...)
un sondeo realizado este año por Pew Research Center estableció que
un 52% de los estadounidenses están a favor de la legalización de la
marihuana.
Semejante cambio en las actitudes también
refleja el aumento de la concienciación popular con respecto a la droga y
la hipocresía alarmista de los políticos y su flagrante manipulación de
los hechos.
En EE.UU., por ejemplo, es perfectamente legal que el
tabaco mate a unas 440.000 personas al año. Unas 80.000 muertes en
EE.UU. son causadas anualmente por el consumo excesivo de alcohol
adquirido legalmente. Y sin embargo no hay muertes registradas por
sobredosis de marihuana. (...)
En EE.UU. los consumidores de marihuana pagan condenas de prisión más
largas que los asesinos y violadores. Gracias a la ley “de los tres
golpes” de Bill Clinton algunos consumidores de cannabis se han
enfrentado a condenas de cadena perpetua.
Semejantes medidas llevaron a
un experto en la ley nazi, Richard Lawrence Miller, a comparar la
legislación contra los consumidores de drogas a la utilizada en Alemania
para marginar y excluir a los judíos de la sociedad en general.
Michelle Alexander califica la guerra contra la droga de “Nueva Jim
Crow”, nombre que se dio a la ley que impuso la segregación en EE.UU. de
antes de los años sesenta.
Argumenta que las prácticas actuales afectan
sobre todo a los afroestadounidenses, a pesar de que los estudios
demuestran que utilizan y venden drogas en la misma medida, o menor, que
sus equivalentes caucásicos.
Por cierto, desde que Nixon
declaró que las drogas eran “el enemigo público número uno” en una época
en la que el consumo de drogas iba bajando, la población carcelaria de
EE.UU. ha aumentado de 0,3 millones de personas a 2,3 millones, la mayor
cantidad de presos de la historia del mundo. Y EE.UU. encierra
proporcionalmente a más gente negra que Sudáfrica durante el apartheid,
sobre todo como resultado de la legislación contra la droga.
Aunque
el encarcelamiento de cientos de miles de jóvenes afroestadounidenses
por delitos menores relacionados con la droga puede parecer extraño, sin
embargo tiene sentido para la exitosa industria de las prisiones
privadas.
Con la devastación de gran parte de la fuerza de trabajo
manual como resultado de políticas económicas neoliberales, la
contribución económica y el valor de todo un sector de la sociedad se
han utilizado de otra manera. Al respecto, señala el periodista
estadounidense Chris Hedges:
Gente pobre, especialmente de color, no vale nada para las corporaciones y los contratistas privados si están en la calle. En las cárceles y prisiones, sin embargo, cada uno puede generar ingresos de 30.000 a 40.000 dólares anuales a las corporaciones.
Un
argumento decisivo a favor de la legalización es que rebajará
seriamente las ganancias del crimen organizado. Los narcóticos (incluida
la marihuana), por ejemplo, pueden representar casi la mitad de los
beneficios de algunos cárteles mexicanos.
Organizaciones como Los Zetas
son capitalistas impecables y buscan constantemente nuevos mercados. Los
Zetas se han expandido al contrabando de personas, tráfico sexual,
extorsión, piratería e incluso a la industria del petróleo y a la
minería del carbón, que representan inmensas fuentes de ingresos.
Por
lo tanto el tema tiene un alcance mucho más profundo que la simple
legalización y descriminalización. Si no hay esfuerzos por encarar las
causas a la raíz de la explosión y crecimiento del crimen organizado,
¿quién dice que los sindicatos criminales no se expandirán simplemente
hacia otros mercados muy lucrativos?
Ojalá la acción de
Uruguay provoque un debate internacional serio sobre la legalización.
Pero ese debate también debe abordar quién controlará la producción de
marihuana en los Estados que la legalizan. ¿Podría organizarse el
cultivo en comunidades locales y ser controlado por los consumidores o
la legalización dará un pretexto para que se impongan las corporaciones
transnacionales, tal vez encabezadas por grandes compañías
farmacéuticas? (...)
Un problema potencial es que puede llegar a monopolizarse el mercado
global creando lo que sería un cártel legal pero quizá más poderoso
todavía. Pero, por ahora, la acción de Uruguay obviamente es un paso
positivo." ( Peter Watt , Znet, Rebelión, 07/08/2013)
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