" (...) El estancamiento económico sale caro. El aumento de los gastos y la
bajada de los ingresos se traduce en una única respuesta: solicitar más
préstamos. Rescatar a los bancos y asumir las consecuencias de la crisis
que estos crearon son el principal motivo de la crisis de la deuda y,
por lo tanto, de la dura austeridad que se impone hoy en día.
La gente
no estaba ‘viviendo por encima de sus posibilidades’, pero es evidente
que el lema de la nueva moralidad es ‘castiguemos a los inocentes y
recompensemos a los culpables’.
Esto no es una defensa de las
políticas ineptas ni corruptas, como las que permitieron que se inflara
la burbuja inmobiliaria en España o que la clase política griega
contratara a un gran número de nuevos funcionarios después de cada
elección.
Los griegos tienen un presupuesto militar hinchado y se
niegan, inexcusablemente, a gravar a los grandes magnates navieros y a
la Iglesia, la mayor titular de propiedades del país. Pero si la bañera
pierde agua y la pintura del salón se está cayendo, ¿qué haces? ¿Quemas
toda la casa o arreglas las tuberías y vuelves a pintar?
Las
consecuencias humanas de la austeridad son ineludibles y bien conocidas:
los jubilados rebuscan en los contenedores de basura a mitad de mes
esperando encontrar algo que llevarse a la boca; los y las jóvenes de
talento y con formación de Italia, Portugal y España huyen de su país
mientras la tasa de desempleo para su grupo de edad alcanza el 50 por
ciento; a las familias se les impone una carga insoportable; la
violencia contra las mujeres aumenta con el incremento de la pobreza y
la angustia; los hospitales carecen de fármacos básicos y de personal;
las escuelas y los servicios públicos se deterioran o desaparecen.
A la
naturaleza también se le pasa factura: no se invierte nada en revertir
la crisis climática ni en poner fin a la destrucción del medio ambiente.
Es demasiado caro. Como sucede con todo lo demás, ahora no nos lo
podemos permitir.
Conocemos bien las repercusiones, el resultado
de lo que la canciller alemana Angela Merkel denomina políticas de
‘austeridad expansionista’. Según esta teoría neoliberal, los mercados
‘se tranquilizarán’ con políticas estrictas y volverán a invertir en los
países disciplinados. Pero esto no ha sucedido. Y por todo el sur de
Europa están empezando a aparecer imágenes de Merkel decoradas con
esvásticas.
Muchos alemanes piensan que están ayudando a Grecia y
quieren dejar de hacerlo. En realidad, casi todo el dinero del rescate
está siguiendo un circuito cerrado: las aportaciones de los Gobiernos de
la UE realizadas a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad se han
vuelto a canalizar a través del Banco Central y los bancos privados de
Grecia hacia bancos británicos, alemanes y franceses que habían
adquirido eurobonos griegos para obtener un rendimiento más alto.
Sería
más sencillo entregar el dinero de los contribuyentes europeos
directamente a los bancos, si no fuera porque los contribuyentes podrían
darse cuenta del truco. ¿Por qué montar un drama psicológico en torno
al dos por ciento (Grecia) o al 0,4 por ciento (Chipre) de la economía
europea? Un cínico podría contestar: ‘Muy sencillo. Para asegurar la
reelección de la señora Merkel en septiembre’.
La segunda
pregunta básica es por qué seguimos aplicando políticas que son
perjudiciales y no funcionan. Esta catástrofe de creación propia puede
verse desde dos puntos de vista. Economistas laureados y de renombre
como Paul Krugman o Joseph Stiglitz opinan que los líderes europeos
sufren de encefalograma plano, muestran una total ignorancia en materia
de economía y están abocados a un innecesario suicidio económico.
Otros
analistas apuntan que los recortes se ajustan perfectamente a los deseos
de entidades como la Mesa Redonda Europea de Industriales y
BusinessEurope: recortar salarios y prestaciones, debilitar a los
sindicatos, privatizar todo lo que se ponga a tiro, etcétera. A medida
que han ido aumentando las desigualdades, a las elites no les ha ido
nada mal.
En estos momentos, hay más ‘particulares con un elevado
patrimonio neto’ y con una fortuna colectiva mucho mayor que en el punto
álgido de la crisis en 2008. Hace cinco años, se contabilizan en todo
el mundo 8,6 millones de particulares de este tipo, con una liquidez
conjunta valorada en 39 billones de dólares estadounidenses.
Hoy en día,
este grupo llega a los 11 millones de personas, con activos por valor
de 42 billones de dólares. Las pequeñas empresas caen en tropel, pero
las grandes compañías disponen de ingentes sumas de efectivo y están
sacando el mayor partido posible de los paraísos fiscales. No ven ningún
motivo para dejarlo ahí.
Esta crisis no está afectando a todo el
mundo y los líderes europeos no son más necios que sus homólogos en
otros países. Si que están, no obstante, totalmente sometidos a los
deseos de las grandes finanzas y las grandes corporaciones. Sin duda, la
ideología neoliberal desempeña un papel clave en su programa, pero
sirve especialmente para emitir densas cortinas de humo y falsas
explicaciones y justificaciones, con el fin de que las personas crean
que ‘no hay alternativa’.
No es cierto: los bancos se podrían haber
socializado y transformado en servicios públicos, del mismo modo que
cualquier otro organismo que funciona con dinero público. Se podrían
haber cerrado los paraísos fiscales, aplicado impuestos a las
transacciones financieras y adoptado muchas otras medidas. Pero estas
propuestas, a ojos del neoliberalismo, son una herejía (aunque 11 países
de la eurozona empezarán a gravar las transacciones financieras a
partir de 2014). (...)" (Susan George, Transnational Institute (TNI), Rebelión, 01/08/2013)
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