"(...) Los defensores de la devaluación interna descartan una recuperación
impulsada por la demanda interna. Saben que la recuperación no será
impulsada por un estímulo del sector público, dado que apoyan el marco
existente, que obliga a los países como España a seguir con la
austeridad. También saben que la recuperación no será impulsada por un
sector privado sobreendeudado que se está desapalancado muy lentamente.
Una reducción de los salarios hará que las deudas reales sean mayores, generando un espiral de deuda–deflación.
Al bloquear alternativas mejores (estímulo fiscal y reforma monetaria)
los defensores de la devaluación interna acaban por proponer una
estrategia muy dañina.
Los partidarios de la devaluación interna sostienen que la recuperación
económica debe ser impulsada por las exportaciones, y la clave para
exportar más es ganar competitividad. (...)
Abaratar los costes no es un sustituto del aumento de la productividad (mejorar la técnica y el conocimiento). Alemania exporta
un conjunto de bienes más diversificado y complejo que la cesta de
productos de España; algo semejante no se puede lograr mediante una
reducción de los salarios. (...)
¿Y cómo se consigue esta bajada salarial? (...)
El primero, según la Comisión Europea consiste en la reducción de los
salarios en el sector público con el fin de "(ejercer) la presión a la
baja sobre los salarios en el sector privado y con ello reducir los
costes de producción de las empresas y provocar una depreciación del
tipo de cambio real para restaurar la competitividad. "
Por ejemplo,
bajando el sueldo de un funcionario público en Cuenca para que un
trabajador en el sector automovilístico en Zaragoza modere sus demandas y
por lo tanto se exporten más coches. No es un método muy racional. Para
nada.
La segunda propuesta consiste en combinar la reducción de las
cotizaciones sociales con un aumento de los impuestos sobre consumo. Ni
los entusiastas de la austeridad en Portugal han podido aplicar esta vía, debido a sus enormes consecuencias regresivas.
Un ajuste adecuado requeriría un ajuste de todos los costes en todos los
ámbitos. Los partidarios de una devaluación interna se centran casi
exclusivamente en los salarios. Ellos olvidan, por ejemplo, los costes
energéticos a pesar de ser los países de la periferia los más
dependientes de Europa en este ámbito.
Asimismo, como Dean Baker ha indicado,
se podrían bajar costes a través de políticas de suelo. Cuando el
precio de la vivienda aumenta, si no se suben los salarios se pierde
poder adquisitivo. Pero el Banco Central Europeo no tiene en cuenta el
alquiler en la cesta de la inflación, así que durante la burbuja
inmobiliaria, no se registraba esta pérdida de poder adquisitivo.
Facilitar el acceso a la vivienda sería una forma mucha más suave de
moderar las demandas salariales, al bajar los costes de vida, por
ejemplo.
El producto nacional se puede descomponer entre trabajo y capital.
Implícitamente, la devaluación interna busca que el trabajo disminuya su
peso frente al capital. Esto, que puede sonar a marxismo es, de hecho,
simple aritmética, tal y como como Jesús Felipe y Utsav Kumar han demostrado.
La participación del trabajo dentro del producto nacional ha ido
disminuyendo en toda la OCDE durante los últimos 30 años; una
devaluación interna supondría una intensificación de esta tendencia. (...)
El aumento de la renta de una persona que está abrumada por la deuda y
apenas puede llegar a final del mes tendrá un mayor efecto
multiplicador beneficioso que el aumento de la renta de una persona que
todavía puede pedir préstamos. En este contexto, resulta que la
distribución de las rentas es muy relevante.
Del mismo modo, Michael
Kumhof y de Roman Rancière del FMI sugieren
que el aumento de la capacidad de negociación de los más pobres es la
mejor manera de reducir el apalancamiento. Todo lo contrario de lo que
propone el PP y el gobierno de España. Esto se podría combinar con la idea
de Robert Shiller de un “debt-friendly stimulus”, donde los impuestos y
los gastos se elevan simultáneamente, para llevar a cabo políticas
redistributivas.
Es lo que hizo Roosevelt, nos recuerda Shiller. En la
situación en la que estamos debemos de saber que la lucha contra la
desigualdad y la pobreza no es sólo lo socialmente deseable, sino
también la mejor alternativa para lograr la recuperación económica." (David Lizoain, eldiario.es, 16/09/2013)
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