"(...) La situación a día de hoy es límite: pagamos por la electricidad uno de los precios más caros de toda Europa. Además tenemos una deuda acumulada que equivale a que cada consumidor debe a las principales compañías eléctricas del país más de 500 euros.
Esta deuda conocida como “déficit de tarifa”
se ha esgrimido recientemente para imponer, dentro de la reforma
energética comenzada este pasado verano, un buen número de cambios
legislativos de gran calado. Las posibilidad de generar electricidad
renovable y recibir una prima por ello fue eliminada súbitamente hace
más de un año con las consiguientes consecuencias nefastas para la
industria renovable local.
Además, los cambios retroactivos para las
instalaciones renovables ya operativas han supuesto una notable
reducción de rentabilidad para estas instalaciones cuando no la quiebra
directa de algunas de ellas. El incremento del término de potencia de la
factura eléctrica se traduce directamente en un aumento significativo
del número de hogares españoles viviendo en pobreza energética.
El borrador del Real Decreto de autoconsumo, que entrará en
vigor en los próximos meses, supone en la práctica una barrera
infranqueable para evitar que se desarrolle la producción de
electricidad doméstica.
Este tipo de legislación es totalmente contraria
a la mayoría de normativas que en este sentido se han apoyado en el
resto de países de la Unión Europea y hace peligrar el cumplimiento de
nuestros objetivos de generación renovables para 2020 adoptados junto al
resto de los socios comunitarios.
El problema es que la dificultad de
tener una visión global acerca de cómo funciona el mercado eléctrico en
España permite el uso indiscriminado de falacias simplistas e
interesadas para justificar estas medidas. Los medios de
comunicación, controlados en gran parte por las compañías eléctricas
constituidas en algunos de sus principales anunciantes, nos bombardean continuamente contándonos sólo una parte de la historia.
La otra parte de la historia, es la que trata acerca de cómo hemos llegado hasta aquí.(...)
Es necesario saber también que desde que comenzó la privatización de
este sector el precio que pagamos en nuestra factura se divide en dos
partes: una resultante del mercado de electricidad y otra que sigue
estando regulada por el gobierno.
Esta última incluye costes como el
trasporte y aquellos derivados de la política energética; por ejemplo, la moratoria nuclear, las ayudas al carbón nacional o las primas a las renovables.
Hace falta que seamos más conscientes de que, mientras que las primas a
las renovables son continuamente cuestionadas, no nos paramos a
reflexionar si los beneficios que las eléctricas reciben a través de la
parte del mercado eléctrico son proporcionados o excesivos, si son
legítimos o si vienen determinados por una situación oligopólica en la que los poderes públicos han perdido toda su capacidad de intervención.
La
estructura del argumento es conocida: tenemos una enorme deuda
acumulada; por tanto, lo único que podemos hacer es recortar el gasto;
las primas a las renovables representan un porcentaje importante de la
parte regulada de la factura; se concluye que es obvio que hay que
recortar las primas a las renovables. El peor defecto de este argumento
no es ser simplista, sino ser falaz. (...)" (Marta Victoria Pérez y Cristóbal J.Gallego, La Marea, en Rebelión, 13/10/2013)
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