"Todo empezó con la faraónica T-4 de Barajas, proyectada en 1996 al
aterrizar José María Aznar en el Gobierno. Debía ser el aeropuerto más
grande del mundo, con un millón de metros cuadrados: y a fe que lo fue.
Debía costar 1.033 millones de euros, y al inaugurarse en 2006 se habían
invertido más de 6.200 millones, los dos mil últimos en etapa de su
sucesor: ¡un sobrecoste del 600%!
La gran pirámide se entregó casi entera para su explotación a la
compañía aérea de bandera, Iberia, privatizada a bajo precio por el
Gobierno Aznar en 1999. Entre los compradores de Iberia destacó Caja
Madrid, que se hizo con un paquete del 10%, progresivamente aumentado
hasta casi el 24% en 2007. La operación fue auspiciada por la (liberal)
presidenta y ex ministra de Aznar Esperanza Aguirre para afianzar el
éxtasis (público) radial de la capital.
La ejecutó el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, puesto en el
puesto en 1997 en su calidad de compañero de pupitre de Aznar como
opositante a inspector de Hacienda. Blesa fue eficaz.
Logró con ímprobos
esfuerzos reducir a basura la caja de ahorros que Jaime Terceiro había
convertido en una gran entidad, rentable, respetada y competitiva con La
Caixa. Ni siquiera Rodrigo Rato logró enderezarla.
Resultado: a final de 2012, figuraban en el balance de su sucesora,
Bankia, 24.500 millones de euros de dinero público. Los pagamos todos,
catalanes y europeos incluidos, pero además los madrileños se arriesgan a
quedarse sin su entidad local emblemática. Dén gracias al aznarismo. (...)
Esta está siendo la mejor temporada turística de la historia en toda
España. Pero la afluencia de visitantes a la villa de Madrid se ha
reducido un 7,7% en los primeros ocho meses de 2013, y un 22,2% en el
mes clave de agosto.
Acaso si el presidente Ignacio González se ocupase
de un turismo sobre el que ejerce competencia plena, en vez de a
proponer referendos patrióticos o a comprar áticos en Marbella; o si la
alcaldesa Ana Botella, digna socia de Aznar en Fazmatella, SL,
desplegase encantos más allá de sus esfuerzos en Madrid-Arena o tomando
cafés-con-leche, se explotarían mejor los innegables atractivos de la
capital. Pero nada de nada. Cero aznarero. (...)
Tal vez la cuádruple ruina encadenada Barajas-AENA-Iberia-Bankia no
sea letal para el macizo de la raza económico de un Estado endogámico
que habita en el aislamiento tibetano, según describió Agustí Calvet,
Gaziel. Pero lo es para sus vecinos, y los amigos de sus vecinos.
Como
lo es la ruina de las autopistas radiales de Madrid y sus hermanas (260
kilómetros), también criaturas de Aznar y Aguirre: mal diseñadas, al
competir mediante peajes con vías gratuitas y al acoger un tráfico que
resultó menos de la mitad del calculado. Como el Estado asumía ese
cálculo, ahora caen 3.600 millones de quiebra técnica sobre todos
nosotros, madrileños y los demás.
Pero Aznar no es responsable, lo son las autonomás dilapidadoras,
según su FAES... que todos subvencionamos. España iba bien, Madrid va
bien y él, como Ignacio González, combate separatismos. Cuando no juega
al golf a cuenta del erario." (
Xavier Vidal-Folch
, El País, 17 OCT 2013 )
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