" ¡Se acabo la larga noche! Todos los titulares principales de los periódicos españoles anunciaron ayer el fin de la recesión.
Lo que estamos viviendo no es la paulatina recuperación de la economía
sino un golpe de propaganda de un gobierno y una clase política
desesperada. A principios de la semana Emilio Botin se fue a Nueva York a
proclamar un soleado amanecer, lleno de oportunidades para el capital
extranjero.
«Es un momento fantástico para España», declaró Botin con
entusiasmo, «llega dinero de todas partes... La confianza en España está
aumentando de forma inimaginable en los últimos seis meses. Todo el
mundo quiere invertir en España. Llega dinero para todos.» Si hombre, y
Cadillacs para todos también.(...)
En España, en proporción a su economía, se prestó mucho más dinero a
gente pudiente. Si lo de los americanos fue una irresponsabilidad casi
delictiva, lo de los españoles fue una de esas locuras colectivas que
sólo ocurre en un país una vez cada cien años.
El ladrillo ha destruido
no solo a la banca sino también a gran parte de una clase social – las
clases medias – y ha embargado a la economía de tal manera que hace
imposible una recuperación sostenida. Esas golondrinas no volverán.
Es cierto, como declara Botin, que los mercados se interesan por España
– pero no en su futuro económico, que dan por perdido. No invierten en
España. Vienen a comprar activos a precios de ganga a una economía que
se ahoga y tiene que liquidar pronto y barato.
¿Si las perspectivas de
recuperación son tan buenas, como es que las empresas del IBEX 35, y los
bancos no invierten en España? Las grandes empresas españolas están
locas por internacionalizarse, o mejor dicho, por abandonar a un barco
que se hunde y ligarse a las partes sanas de la economía mundial.
Pregúntale a cualquiera que se está muriendo de cáncer como le va y te
dirá que unos días bien, otros no. Subidas y bajadas de menos de 1% en
una economía moribunda no significan nada.
Es la pauta que lleva la
economía Japonesa, que no logra recuperarse desde hace casi dos décadas.
Solo hay un índice de recuperación en que vale la pena fijarse: cuando
los periódicos ya dejan de hablar de recuperación porque es del todo
obvia." (David Isbert, Rebelión, 25/10/2013)
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