"Mentirosos, irresponsables y desalmados han llevado a la miseria a los
más desfavorecidos y aplastado a la clase media con impuestos
confiscatorios. Estos son las calificaciones que merecen Rajoy y sus
secuaces mientras festejan hipócritamente el engaño a un pueblo al que
no sólo no han sacado de la recesión, sino que lo han llevado al borde de una deflación que traerá más pobreza, dolor y lágrimas.
Las cifras de PIB y empleo del tercer trimestre de 2013 son
manifiestamente incompatibles. Una destrucción de empleo de 70.000
personas en términos desestacionalizados no es compatible con una subida
(aunque sea marginal) del PIB, subida que, comparada con la caída del
98% de sus componentes, no es ya que sea incompatible, sino que es un
imposible metafísico, como explicaré después. (...)
Pero es lo que hay, la nueva terna ha batido todos los récords de endeudamiento. En sólo 18 meses, la deuda ha crecido en 333.000 millones de euros -deuda
pública total, no solo la computable-, es decir, el 32,6 % del PIB, que
es la cifra más alta jamás conocida.
Y eso a pesar de que han elevado los impuestos a un nivel confiscatorio,
han recortado salarios, pensiones, paro y todo tipo de ayudas llevando a
la miseria a más de 3 millones de personas.
Y van a seguir recortando:
no tienen dinero para mantener el despilfarro y la corrupción del modelo
de Estado que los mantiene en el poder, por lo que el endeudamiento
seguirá subiendo sin pausa. (...)
La destrucción de empleo después de 66 meses de caídas continuadas sigue a un ritmo inasumible:
500.000 personas hasta septiembre y más de un millón desde que Rajoy es
presidente, que coincide con la pérdida de cotizantes de la Seguridad
Social: un millón cien mil. Y si entramos en la letra pequeña, el tema
es aún peor: el trabajo se está precarizando a toda velocidad.
El número de contratos indefinidos en el tercer trimestre se redujo en
146.300 personas y aumentó en 169.500 el de contratos temporales. Dicen
que el número de hogares con todos los miembros en paro se reduce en
13.400, pero resulta que la cifra total de hogares ha caído en 48.800,
es decir, que hay un incremento de 35.400. (...)
¿Cómo es posible que la bolsa suba cuando los resultados de las
empresas del Ibex son los peores del mundo occidental? La razón es
simple: la entrada de dinero especulativo, por la
enorme cantidad de liquidez existente, pero sin trasladarse al mercado
de deuda. Y eso sólo tiene una explicación: la nula confianza en la recuperación de la economía española,
algo que se observa también en el mercado inmobiliario.
En este sector,
el interés inversor no se traduce en el cierre de más operaciones
(siguen al mismo ritmo que años anteriores) por la sencilla razón de que
los precios pedidos por los bancos están muy lejos aún de lo que
piensan los inversores, que esperan bajadas importantes (2).
Y
en esta misma línea, Rajoy y sus secuaces nos dicen que “la recesión ha
terminado, crecemos al 0,1%”. Pues si la recesión ha terminado, el
resultado de sus grandes bancos, principales responsables de la misma,
debería haber mejorado y no ser “un p…. desastre”. Su comodín estrella
es la exportación, pero si analizamos la situación hoy, la tasa de crecimiento de las exportaciones es la tercera parte que con su predecesor.
Además, en el tercer trimestre de este año las tasas han caído a la
mitad respecto del trimestre anterior, y la aportación del sector
exterior al PIB permanece estancada en 2 puntos. Pero lo más grave es la
brutal caída de la inflación, que de junio a septiembre ha pasado del 2,0% al 0,3% y que presentan como un éxito, cuando es un auténtico desastre.
“España está al borde de la tumba de la deflación”, afirmaba el Daily Telegraph la semana pasada. El pasado mes de agosto, Juan Laborda señalaba que “España ha entrado en deflación por endeudamiento”. Ante impuestos y subvenciones constantes, el IPC lleva ya varios meses en negativo, y eso es una deflación en toda regla. (...)
La combinación de deuda y deflación es la que provoca el mayor daño, porque una deflación causada por deuda reacciona sobre la deuda.
Y
aquí aparece lo más grave: la liquidación de deuda no puede mantenerse a
la vez que la caída de precios, y entonces se produce la clave de la
depresión: cuanto más pagan los deudores, más deben. “Mientras más se incline el barco de la economía, su tendencia será a inclinarse más.
La tendencia no es a enderezarse a sí mismo, sino a volcarse.” La deuda
actual pública y privada en España es la más grande jamás conocida,
tanto nominalmente como en la realidad, y a menos que se evite la caída
del nivel de precios –y la política de estos insensatos es justo la
contraria, mas deflación salarial y de todo tipo– la recesión tiende a profundizarse en una espiral viciosa que acaba en la quiebra, en desempleo y en hambre. (...)
No estamos saliendo de la recesión ni vamos a salir porque, en primer
lugar, lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible. ¿Por
qué no puede ser? Porque ningún país puede salir de una recesión con un despilfarro anual equivalente
al 10% del PIB oficial por un Estado que no se puede financiar y que es
corrupto, y con un sistema financiero que nos ha costado ya más de
40.000 millones e inmovilizado recursos y avales por 280.000, y aun así
es inviable en una buena parte.
Porque es imposible sin
financiación a familias y pymes, o con tipos de interés de 12 al 16% a
los clientes solventes; porque es imposible hacerlo a fuerza de aplastar a la mayor parte de su población a impuestos y tasas y reduciendo los salarios, teniendo en cuenta que el 60% de la población ocupada es ya mileurista
o menos, con la mediana o valor central en 800 euros (tenemos ya los
salarios más bajos de Europa); o con la electricidad, el gas y las
telecomunicaciones al doble de sus principales competidores, etc.
Muchos
analistas aplauden las medidas del Gobierno de más impuestos, menores
salarios y recortes drásticos a los más débiles. Que estos seudoexpertos pasen
por alto que la política fiscal confiscatoria, el déficit de las
Administraciones Públicas y la ausencia de crédito hacen imposible
cualquier salida de la crisis no sólo es impresentable, además es canallesco.
Y, en segundo lugar, no estamos saliendo de la recesión porque las cifras independientes así lo demuestran.
Para empezar, en un escenario macro, la discrepancia entre los datos de
los resultados económicos de las empresas de todos los sectores
(industria, servicios, exportación, es decir, una muestra del 20% del
PIB) obtenidos por la Central de Balances del Banco de España, por un
lado, y el excedente de explotación publicado por el INE, por otro,
tienen que discurrir en forma paralela porque miden básicamente lo
mismo; sin embargo, han seguido caminos diferentes desde 2008. Y como
eso es imposible, la cuestión es: ¿de quién se fían más ustedes?
En el primer trimestre de este año, la encuesta de la Central de
Balances dio una caída de la economía en tasa interanual del -5,6%, la
Contabilidad Nacional del -2%. En el segundo trimestre, las cifras
fueron -3,8% y -1,8%, respectivamente.
Y respecto al 0,1 positivo del tercer trimestre, no coincide con ningún indicador de actividad y demanda. (...)" (Roberto Centeno, El Confidencial, 28/10/2013)
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