"Ellos son los que están haciendo posible el desmantelamiento de la
sanidad catalana. Ellos son los que bajo una supuesta racionalización... han conseguido imponer políticas neocapitalistas,
favorecedoras de oscuros intereses privados, a costa de producir un
perjuicio aún no cuantificado ni cuantificable a todos los ciudadanos. (...)
Ellos son los que pueblan las direcciones de los centros sanitarios
de Cataluña, los que coordinan esas políticas de supuesta
racionalización, los que instruyen a los profesionales y a los mandos
sanitarios intermedios; los que informan en los medios de comunicación;
los que pontifican en los foros empresariales... en definitiva, los que
actúan como verdaderos comisarios políticos del régimen del recorte y de
la privatización encubierta.
Ellos, que han llegado a esos cargos,
excelentemente retribuidos dada su desconocida competencia y su dudosa
cualificación, sin tener que concurrir a proceso de selección alguno, ni
publico ni privado, y que han sido escogidos para ocuparlos por el
conocido método de la designación digital.
Sin esa red clientelar, extendida y tejida durante años,
hubiera resultado imposible generalizar el daño con tal rapidez y
efectividad. Los mayores recortes presupuestarios en sanidad de todo el
Estado español y de toda la Unión Europea y, lo que es un mérito
incuestionable, sin prácticamente oposición por parte de las
asociaciones científicas, de los colegios profesionales, de los
sindicatos mayoritarios, de los medios de comunicación.
Todo ello, eso
sí, subvención mediante cuando no mayores corruptelas. Ellos son los
verdaderos artífices del desastre, aunque prefieren considerarse a sí
mismos como "profesionales de la gestión" y, cuando se les exige,
pública o privadamente, su grado de responsabilidad en todo esto, se
esconden inmediatamente bajo un supuesto deber de obediencia profesional
a las consignas recibidas desde el alto mando. (...)
Si llega al caso, algunos manifiestan en privado no estar de acuerdo,
pero... "es lo que me mandan". Otros, con más desfachatez, aseguran que
no dimiten porque están convencidos de que su actuación contribuye a
solucionar el problema e incluso llegan a decir que, si llegara el caso
de que se demostrara que ellos forman parte del problema, dimitirían de
inmediato.
Claro está que esa valoración se la reservan para sí mismos
y, en ese juicio personal, suelen ser siempre más indulgentes de lo que
son respecto al resto de ciudadanos, ya sean usuarios o trabajadores.
En uno de los grandes hospitales de Barcelona -aunque pudiera ser en
cualquier lugar- y como siempre "siguiendo órdenes", la dirección -ese
ente colectivo en el que se agrupan para ocultarse y defenderse- ha
decidido no contratar más coberturas de personal durante todo lo que
queda de año (...)
La situación en las salas de hospitalización es alarmante ya que, según
los profesionales sanitarios, no es posible garantizar una atención
adecuada a los pacientes en esas condiciones. Los representantes de los
trabajadores requirieron información al respecto y ante la respuesta de
que "no hay presupuesto", decidieron presentar formalmente un escrito a
la dirección (...)
A petición de los representantes de los trabajadores, el gerente en
funciones del centro salió al vestíbulo a recoger la carta y manifestó
ser conocedor del problema; en un alarde de contundencia y es
de suponer que para dejar claro su compromiso en defensa de la calidad
asistencial, aseguró que la dirección del centro había tomado la
decisión de que con el presupuesto que se les hiciera llegar,
mantendrían la calidad asistencial que fuera posible. (...)
Sorprendente: una auténtica machada. Resulta más que evidente que si
ese señor quería transmitir cierta contundencia –aunque fuera fingida-
lo que cabe esperar es que manifieste que si con el presupuesto que
llega no se puede garantizar una suficiente calidad asistencial,
presentará su dimisión de forma irrevocable.
Pero "dimitir", ¿cómo va a
dimitir? Eso jamás; se convertiría en reo de alta traición y sería
apartado para siempre del paraíso de los cargos digitales, para cuyo
desempeño es imprescindible fidelidad y vasallaje incondicionales.
Mientras en el vestíbulo del edificio de gerencia tenía lugar tal
peculiar arenga, en el despacho contiguo estaba reunido todo el equipo
directivo, integrado en su totalidad por personas designadas y escogidas
por iguales méritos y procedimientos.
A través de la puerta
entreabierta de ese despacho llegaban las alegres risas, el jolgorio y
los comentarios jocosos que, como si estuvieran en el tiempo de recreo,
entretenían la espera del resto del equipo directivo mientras el gerente
en funciones no tenía más remedio que despachar con los descamisados ingenuamente preocupados por la calidad asistencial y la indemnidad de sus compañeros de trabajo.
Estos son los mequetrefes que, como un micelio hábilmente cultivado y
conservado, parasitan la sanidad catalana; en manos de estos
incompetentes e irresponsables está uno de los pilares del Estado del
bienestar. (...)" (Carmen Pérez, Crónica Global,16 de octubre de 2013)
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